Una familia tucumana recibió el 2026 corriendo: cuando el brindis se hace después de llegar a la meta

Juan, Raquel y sus tres hijos cruzaron la meta de la "Maratón de los Dos Años" en los primeros minutos de enero. Un compromiso con la salud y la superación.

DE IZQUIERDA A DERECHA. Micaela, Elías, Juan, Raquel y Facundo, en la línea de largada.  DE IZQUIERDA A DERECHA. Micaela, Elías, Juan, Raquel y Facundo, en la línea de largada.
Hace 1 Hs

Correr empieza mucho antes del primer paso. Comienza en esa línea de largada donde el aire se espesa con la expectativa y el murmullo de miles se funde en un solo latido. Es el ritual de ajustar cordones, activar cronómetros y buscar calma en respiraciones profundas antes de que el tiempo se estire, suspendido, a la espera de la señal. Cuando el sonido finalmente quiebra el silencio, la multitud avanza como una marea contenida que por fin recupera su libertad.

Bajo este escenario, alrededor de 1.500 corredores de todo el país se preparan en Río Cuarto, en Córdoba, para una cita única: la “Maratón de los Dos Años”. Es la única competencia argentina que cruza de un calendario a otro: el disparo de salida suena el 31 de diciembre a las 23:45 y la meta se alcanza en los primeros minutos del 1 de enero. Organizada por la Asociación Atlética Banda Norte, esta 48ª edición no es solo una carrera; es la identidad de un pueblo y un puente entre generaciones.

EN RÍO CUARTO. La familia tucumana posa para la foto antes de la carrera. EN RÍO CUARTO. La familia tucumana posa para la foto antes de la carrera.

Recibir el Año Nuevo paso a paso permite una celebración diferente, alejada de los excesos habituales de las fiestas. Es una apuesta por el bienestar y la superación personal, donde la verdadera euforia no nace del festejo desmedido, sino de la satisfacción de cruzar la meta con el cuerpo en acción.

Hacer del deporte una historia de vida

“Detrás de cada corredor hay un esfuerzo, un objetivo y un motivo”, sostienen desde la organización. En el asfalto laten promesas, duelos, celebraciones y segundas oportunidades. Entre esa marea de historias, una familia tucumana destaca por su mística: viajaron cientos de kilómetros para recibir el año nuevo unidos por el movimiento.

Raquel Aragón y Juan Zelaya llevan 40 años de matrimonio. Él, retirado de la Policía; ella, ama de casa y con cinco maratones en su haber. Los une una pasión que transformó su rutina y que contagiaron a sus tres hijos: Facundo (28), Micaela (30) y Elías (20).

“Empecé a correr por mi hija; yo creía que no podía”, confiesa Raquel. Lo que inició como caminatas tímidas terminó con ella completando los 21 kilómetros en los Valles Calchaquíes, un hito que redefinió sus propios límites. Para Juan, esta es su segunda vez en Río Cuarto tras la edición 2018-2019: “Es una experiencia hermosa, y más si se hace en familia”, le cuenta a LA GACETA el alumno de "Lucas Santillán Entrenamientos".

Brindis con zapatillas

Lo que hace especial a esta maratón es el entorno. Mientras los atletas desafían el reloj, los vecinos los esperan en las veredas con las copas en alto. “Cuando suenan las sirenas, sabemos que son las doce”, relata Juan. “Es muy emotivo; ellos están de fiesta brindando y nosotros seguimos corriendo. Nos alientan con el brindis en la mano”.

La competencia queda en segundo plano frente a la mística del momento. El trayecto es un carnaval: atletas escoltados por murgas, bombos, trompetas y personajes disfrazados (desde payasos hasta el Hombre Araña) que corren a la par. “Todos están felices, no sentís que estás corriendo o el esfuerzo de hacerlo porque lo estás disfrutando”, manifiesta la única hija mujer de la familia.

Por su parte, Juan explica que participar en un evento de esta magnitud requiere meses de planificación logística y controles médicos, pero el esfuerzo se diluye ante la vivencia. Por eso, no dudan en invitar a sus compañeros de entrenamiento a sumarse al desafío.

Más que una carrera, es un rito de pasaje. Un desafío que transforma el cansancio en celebración y la soledad del corredor en un abrazo comunitario. El premio es mucho más que la medalla “finisher”. Como bien concluye Juan con la certeza de quien aprendió a saborear estas experiencias enriquecedoras en familia: “El que vive estas carreras, siempre quiere volver”.

El festejo no termina cuando llegan a la meta, porque posterior a la carrera, todos los atletas tienen un tiempo de preparación para poder disfrutar de “la cena de premiación”, que se lleva a cabo en un complejo deportivo de la  Asociación Atlética Banda Norte. El salón se viste de fiesta con largas mesas tendidas con manteles blancos; cubiertas con platos y demás utensilios, que aguardan la llegada de los corredores para continuar con la celebración del nuevo año: “Es una hermosa fiesta, se vive algo muy especial”, finaliza Juan.

El festejo no termina cuando los atletas cruzan la meta. Después de la carrera, todos tienen un tiempo para prepararse y poder participar de “la cena de premiación”, que se realiza en el complejo deportivo de la Asociación Atlética Banda Norte.

GANADORA. Raquel fue la más rápida en su categoría. GANADORA. Raquel fue la más rápida en su categoría.

Raquel fue quien corrió más rápido en su categoría y se subió a lo más alto del podio. La frutilla del postre para que el plan familiar fuera completo en los primeros minutos de 2026.

El salón se viste de fiesta y aguarda la llegada de los corredores para continuar con la celebración. Al llegar al lugar, se encuentran con largas mesas con manteles blancos, cubiertas con platos y utensilios: “Es una hermosa fiesta, se vive algo muy especial”, afirma Juan.

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