Celulares en las escuelas tucumanas: ¿herramienta pedagógica o riesgo creciente?

La discusión sobre el uso del celular dentro de las aulas volvió al centro del debate educativo. Mientras algunas instituciones avanzan en normativas más estrictas y otras intentan integrarlo como recurso pedagógico, la psicopedagoga Natalia Jiménez Terán advierte que se trata de una problemática “aún irresuelta” y que requiere, antes que nada, acuerdos sólidos entre escuela, familia y Estado.
Jiménez Terán, consultada sobre el tema en LA GACETA, explicó que el Ministerio de Educación cuenta con una orientación denominada Construcción de Ciudadanía Responsable en la Digitalidad, que deja en manos de cada establecimiento la decisión sobre permitir o no el uso del celular, tanto en el aula como en los recreos.
Sin embargo, esa libertad institucional expone un escenario desigual: “Hay provincias donde se probó el uso pedagógico del celular y terminó prohibiéndose, como en Córdoba. Falló porque los chicos entraban a otras aplicaciones y se generaban distracciones que no se pudieron manejar”, señaló.
Entre el aprendizaje y la disrupción
La psicopedagoga remarcó que el punto central de la escuela es el aprendizaje, y en muchos casos el celular se convirtió en un factor que lo interfiere. Además, aclaró otro aspecto de preocupación creciente: “Hemos transitado un año con muchísimas situaciones de bullying. Dentro de los colegios, los videos que graban los chicos y luego suben a redes provocan una disrupción institucional”.
Por eso, insistió en que la discusión no puede reducirse a permitir o prohibir: “Estamos frente a un desafío que interpela a toda la sociedad. El tema no está resuelto”.
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El rol de las familias: “el niño antes de ser alumno es hijo”
Consultada sobre la participación de los padres en estas decisiones, Jiménez Terán fue contundente: “Estamos lejos de ese trabajo ideal en equipo entre familia y escuela. Si en casa ya es difícil regular el uso del celular, imagínense en una institución educativa”.
Para ella, la clave está en comprender que la educación comienza en el hogar: “A la escuela debe llegar un niño educado, que respete normas. Si eso falla, se vuelve muy complejo que la institución pueda ordenar el uso de un dispositivo que hoy puede ser más un arma que un beneficio”.
¿Cómo resolverlo?
La especialista sostiene que, antes de pensar en incorporarlo como herramienta pedagógica, es necesario un marco claro y consensuado: “Esto se resuelve con políticas públicas alineadas a investigaciones científicas. No se trata de prohibir ni de negar los beneficios del celular o de la inteligencia artificial, pero sí de acordar criterios”.
Y plantea que los docentes deben estar capacitados, los estudiantes deben saber cuándo y para qué se utilizará el dispositivo, y las familias deben acompañar. “Los papás deben estar informados, comprometidos y en sintonía con la escuela. Hoy estamos lejos de ese punto”, concluyó.








