Albert Ellis, psicoterapeuta estadounidense y figura central de la Psicología Cognitiva, desarrolló en los años 50 una técnica llamada Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC), sustentada en la idea de que nuestras emociones y comportamientos son el resultado de nuestras creencias. ¿Y cuál es el problema? Que con demasiada frecuencia estas creencias son “irracionales”. Es decir: distorsionadas, exageradas, arbitrarias, poco y nada realistas… incluso, totalmente absurdas. Un filtro mental por demás inadecuado a través del cual interpretamos la realidad y que, sobra decir, nos mantiene sufriendo.
Luego de varias revisiones, Ellis enunció las 11 creencias irracionales más habituales en su experiencia con pacientes (su propuesta terapéutica se centra en identificarlas, cuestionarlas y reemplazarlas por pensamientos más razonables y adaptativos). Repasemos la lista:
1- Tengo que ser amado/a y/o aprobado/a por todos.
2- Debo ser competente y exitoso/a para ser alguien valioso.
3- Las personas deben actuar siempre de manera honrada y considerada y, si no lo hacen, son malas y merecen ser castigadas. La gente es sus actos.
4- Es terrible -no hay nada peor- que las cosas no sean como yo quiero.
5- Mi sufrimiento se debe a causas externas y es muy poco lo que puedo hacer para disminuirlo.
6- Si algo es o puede ser peligroso o atemorizante, es bueno preocuparme por eso y estar al pendiente. Así evitaré que ocurra o podré de alguna manera controlarlo.
7- La vida debería ser fácil: ¿por qué tengo que asumir responsabilidades y enfrentar dificultades”
8- Se debe depender de otros más fuertes y confiables. No es posible conducir la propia vida.
9- Nuestra historia pasada determina de manera decisiva nuestra conducta presente. Y si algo nos ha afectado en forma profunda alguna vez, seguirá haciéndolo indefinidamente.
10- Uno debe sentirse preocupado por las perturbaciones y problemas de las demás personas.
11- Invariablemente existe una correcta, precisa y perfecta solución para todos los problemas humanos.
Muchos dirán que estas ideas son insólitas, que quién puede pensar de un modo tan categórico e insensato. Sin embargo, si nos detenemos un poco y reflexionamos sobre estos enunciados… es probable que los reconozcamos en la base de casi todo lo que nos produce dolor.








