18 Mayo 2025

Por Presbítero Marcelo Barrionuevo

Jesús ha quedado con un reducido grupo de los suyos y comienza su despedida: “Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo...”. Sus palabras encierran el profundo latido del Corazón de Cristo lleno de preocupación por los que deja en la tierra para que continúen su obra redentora. Amar a los demás, no con nuestra capacidad  -siempre pequeña y entintada de egoísmo-, sino como Yo os he amado.

Todos nos sentimos atraídos por esta propuesta. Pero todos sufrimos también cuando experimentamos que esta ley es no sólo difícil de vivir; en ocasiones, es imposible. En toda convivencia, entre marido y mujer, padres e hijos, hermanos, amigos, compañeros de profesión, hay momentos en que experimentamos que no somos iguales, y aparecen roces, divisiones, conflictos... Si se olvida la palabra de Jesús la convivencia se deteriora o muere.

Los torneos dialécticos, cuando versan sobre cuestiones opinables, deben hacerse con respeto y apertura de corazón. La crítica a las opiniones ajenas, el sarcasmo, la ironía o las formas de imposición sobre el otro, pueden hacerlo callar, pero no logra convencer al que no piensa como nosotros; en algunos temas, por su banalidad, ni siquiera es decoroso intentarlo. Esto no implica indiferencia por la verdad y por quien opina de modo diverso. No es la verdad lo que en la convivencia se ventila, sino el modo de presentarla.

¿Sé dominarme cuando los nervios, el mal humor, el cansancio me llevan a levantar la voz? ¿Soy cerril, criticón, mordaz, sibilino, olvidando que así falto a la caridad y levanto un muro entre los demás y yo? Retengamos las palabras de S. Clemente Romano a los cristianos de la primera hora: “Día y noche traíais entablada contienda a favor de vuestros hermanos a fin de conservar íntegro, por medio del cariño y de la comprensión, el número de los elegidos de Dios. Erais sinceros y sencillos, y no sabíais de rencor los unos con los otros. Toda sedición y toda escisión era cosa abominable”. Amaos como Yo os he amado. Esforcémonos, con la ayuda de Dios, para que la unidad se revele más fuerte que toda discrepancia. Cuando uno no quiere -suele decirse-, dos no riñen … (fuente P Justo S De Alba).

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