26 Febrero 2005 Seguir en 
El sostenido crecimiento de la actividad industrial y el invierno que viene están planteando nuevamente el problema del suministro energético, como consecuencia de la falta de inversión provocada por la crisis de la economía.
En los últimos días, manifestaciones de los sectores afectados por esa inquietud, así como de las autoridades, permiten afirmar que la incertidumbre no ha sido aclarada, pues se mantiene la carencia de inversiones suficientes, tanto gasíferas como eléctricas. Quien primero advirtió sobre la crisis energética fue el actual ministro de Economía, hace ahora dos años. Al hacerlo, Roberto Lavagna advirtió sobre la necesidad de ajustar las tarifas, después de señalar en la misma ocasión que las empresas energéticas no invertían desde 1997 porque carecían de rentabilidad. Poco después, al asumir el nuevo gobierno, el presidente Néstor Kirchner manifestó su decisión de "no ceder a ninguna presión, por fuerte que fuera, para que las empresas obtengan beneficios de ningún tipo". La relación entre el crecimiento sostenido y la producción energética es una constante ineludible de la economía y quedó demostrada poco después, cuando la gradual recuperación de la actividad industrial provocó las restricciones gasíferas y eléctricas, internas y para países limítrofes.
Desde aquellas manifestaciones de Lavagna durante el gobierno anterior y las del presidente Kirchner, poco ha ocurrido para que cambien las circunstancias; salvo que debió importarse gas de Bolivia y de Venezuela a precio más caro que el internacional, y aplicar un régimen limitado de consumo interno al sector industrial, disminuyendo la tensión del suministro eléctrico, además de interrumpirse suministros a Chile, Brasil y Uruguay. El último informe de Riesgos del Mercado Eléctrico Mayorista señala que la reducción energética está prevista para este año, 2006 y 2007, y que al fin del trienio el país debería contar con un equipamiento básico de, al menos, 1.200 megavatios/hora superior al actual. Por el momento, las inversiones están virtualmente detenidas por parte de las empresas, que no advierten claridad en la normalización de los contratos de concesión.
Por su parte, el secretario de Energía, Daniel Cameron, ha reconocido que en 2005 actual habrá dificultades para el abastecimiento energético. No obstante, el funcionario recordó que, pese a la situación de 2004, el país pudo seguir creciendo al ritmo de 2003.
No comparte esas preocupaciones el ministro de Planeamiento, aunque sí advirtió sobre la necesidad de reducir el consumo de gas, aplicando con algunas reformas el programa sobre uso energético racional del invierno anterior. En ese sentido, el ministro Julio de Vido ha desautorizado las afirmaciones sobre faltas de energía, prometiendo por lo demás anuncios que calificó de "importantísimos". Entre ellos acaso figuren novedades sobre las lentas licitaciones de gasoductos prometidas hace un tiempo. En cuanto a la producción y a la distribución de electricidad, el problema del congelamiento de las tarifas sigue siendo la clave por desentrañar para hacer posibles las inversiones de las empresas concesionarias. En ese orden, el discurso oficial no es claro, a pesar de las fuertes presiones para normalizar las relaciones contractuales. Si bien el Presidente pudo haberse sentido, al asumir su gobierno, cautivo de una situación social extremadamente contestataria, no ocurre lo mismo desde hace bastante tiempo. Sin calendario preciso para la normalización de los contratos, la incertidumbre exige que se explique con claridad a la sociedad la naturaleza de la solución del problema, a fin de que no ocurra lo que nuestra experiencia está alertando: que la crisis detenga otra vez el crecimiento.
En los últimos días, manifestaciones de los sectores afectados por esa inquietud, así como de las autoridades, permiten afirmar que la incertidumbre no ha sido aclarada, pues se mantiene la carencia de inversiones suficientes, tanto gasíferas como eléctricas. Quien primero advirtió sobre la crisis energética fue el actual ministro de Economía, hace ahora dos años. Al hacerlo, Roberto Lavagna advirtió sobre la necesidad de ajustar las tarifas, después de señalar en la misma ocasión que las empresas energéticas no invertían desde 1997 porque carecían de rentabilidad. Poco después, al asumir el nuevo gobierno, el presidente Néstor Kirchner manifestó su decisión de "no ceder a ninguna presión, por fuerte que fuera, para que las empresas obtengan beneficios de ningún tipo". La relación entre el crecimiento sostenido y la producción energética es una constante ineludible de la economía y quedó demostrada poco después, cuando la gradual recuperación de la actividad industrial provocó las restricciones gasíferas y eléctricas, internas y para países limítrofes.
Desde aquellas manifestaciones de Lavagna durante el gobierno anterior y las del presidente Kirchner, poco ha ocurrido para que cambien las circunstancias; salvo que debió importarse gas de Bolivia y de Venezuela a precio más caro que el internacional, y aplicar un régimen limitado de consumo interno al sector industrial, disminuyendo la tensión del suministro eléctrico, además de interrumpirse suministros a Chile, Brasil y Uruguay. El último informe de Riesgos del Mercado Eléctrico Mayorista señala que la reducción energética está prevista para este año, 2006 y 2007, y que al fin del trienio el país debería contar con un equipamiento básico de, al menos, 1.200 megavatios/hora superior al actual. Por el momento, las inversiones están virtualmente detenidas por parte de las empresas, que no advierten claridad en la normalización de los contratos de concesión.
Por su parte, el secretario de Energía, Daniel Cameron, ha reconocido que en 2005 actual habrá dificultades para el abastecimiento energético. No obstante, el funcionario recordó que, pese a la situación de 2004, el país pudo seguir creciendo al ritmo de 2003.
No comparte esas preocupaciones el ministro de Planeamiento, aunque sí advirtió sobre la necesidad de reducir el consumo de gas, aplicando con algunas reformas el programa sobre uso energético racional del invierno anterior. En ese sentido, el ministro Julio de Vido ha desautorizado las afirmaciones sobre faltas de energía, prometiendo por lo demás anuncios que calificó de "importantísimos". Entre ellos acaso figuren novedades sobre las lentas licitaciones de gasoductos prometidas hace un tiempo. En cuanto a la producción y a la distribución de electricidad, el problema del congelamiento de las tarifas sigue siendo la clave por desentrañar para hacer posibles las inversiones de las empresas concesionarias. En ese orden, el discurso oficial no es claro, a pesar de las fuertes presiones para normalizar las relaciones contractuales. Si bien el Presidente pudo haberse sentido, al asumir su gobierno, cautivo de una situación social extremadamente contestataria, no ocurre lo mismo desde hace bastante tiempo. Sin calendario preciso para la normalización de los contratos, la incertidumbre exige que se explique con claridad a la sociedad la naturaleza de la solución del problema, a fin de que no ocurra lo que nuestra experiencia está alertando: que la crisis detenga otra vez el crecimiento.







