Precipitación y pesadumbre

Por Angel Anaya.

24 Febrero 2005
BUENOS AIRES.- El Gobierno no ha tenido otra alternativa que tomarse dos meses para enviar al Congreso el debate sobre el nuevo sistema de seguridad en los aeropuertos. Mientras tanto, ha cambiado la denominación de la Policía Aeronáutica Nacional, por la de Policía de Seguridad Aeroportuaria, provisionalmente intervenida por 180 días prorrogables por el mismo plazo-. Pasado el malhumor de los primeros momentos por el contrabando de droga largamente ignorado, Kirchner advirtió una vez más que la complejidad de los problemas por enfrentar desde su llegada al gobierno, no tolera generalmente proceder como el rayo. En esta ocasión, el peso excesivo de las medidas fue el relevo masivo de un alto número de brigadieres, ajenos al ámbito de la crisis, por efecto de la juventud en el grado del nuevo jefe aeronáutico, quien salta en poco más de dos meses, otros tantos escalones promocionales. El distinguido por la elección presidencial, -Eduardo Schiaffino- quien llega también desde la Patagonia, no tuvo otro remedio que reconocer tangencialmente al asumir en una ceremonia cargada de pesadumbre, el golpe moral que afectó a quienes se deben ir por el efecto reglamentario de la mayor antigüedad escalafonaria. Tanto pesar, que ahora se analiza cómo podría hacerse para mantener la actividad en ciertos casos, como ha ocurrido con el jefe del Estado Mayor Conjunto.

Otro caso que pesa
El ministro de Defensa, José Pampuro, ha tratado de explicar la parte mejor de la decisión de Kirchner, señalando la preocupación por alejar a las Fuerzas Armadas de funciones más policiales, como es el contrabando, que de seguridad nacional, lo cual sí es una buena razón, por más que haya llegado con semejante estallido político. A Pampuro le tocó la peor semana en el gobierno, pues debió responder también a la carta del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, al ministro de Salud, Ginés González García. En ella, el prelado lo fulminó con la cita bíblica que aconseja arrojar al mar a quienes escandalicen a los pequeños, con una piedra de molino atada al cuello, al referirse al uso de preservativos y al aborto. Puntos estos que el Presidente ha tratado de eludir en el debate político que periódicamente suscitan. Kirchner reserva extraordinariamente su posición en ese tema, salvo en una ocasión en que remitió a la Constitución, donde se sostiene la preservación de la vida desde su concepción. Es por ello que analiza mirar hacia otro lado ante quienes le piden que releve al obispo castrense, que de él depende reglamentariamente. Lo mismo que, evidentemente, está haciendo la jerarquía católica nacional para mantener su casi formalista relación con el poder, dejando a Baseotto con la ayuda pública prestada desde El Vaticano por el titular del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, cardenal Renato Martino. (De nuestra Sucursal)

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