Nadie, nunca, nada

Por Alvaro José Aurane.

24 Febrero 2005
A estas alturas, y gracias a sus gobernantes, Bella Vista es mucho más que la mala noticia de Tucumán. Su precariedad institucional trasciende el hecho de que la Ley de Lemas ha sido la garante inclaudicable de lo peor de la representación popular. Ahora, la impunidad política que campea allí parece un mal augurio para la provincia. Sobre todo porque, frente a los escándalos municipales, sólo se levantó la inacción de los poderes del Estado.
Bella Vista podría considerarse, durante estos días, la capital provincial del doble discurso y la inaplicabilidad de la ley. O, lo que es lo mismo, la anomia. Por eso el contador Angel Córdoba puede denunciar que fue golpeado por el edil Adrián Mamaní; el representante vecinal puede responder que él es víctima de la agresión del intendente Luis Espeche; y el jefe municipal puede declarar que, por suerte, la relación entre las instituciones no se vio afectada. Incluso, aunque la gresca haya ocurrido a las puertas de su casa, en la madrugada, con concejales reclamando dinero.
El sofisma por excelencia, sin dudas, fue pronunciado por el gobernador, José Alperovich, que dijo que sentía vergüenza, pero que no podía tomar ninguna determinación porque respeta la autonomía municipal. Toda una respuesta de parte de un Poder Ejecutivo que podría haber remitido un proyecto de intervención a la Cámara, dado que en los hechos es un virtual colegislador. Sus incontables decretos de necesidad y urgencia así lo demuestran.
Paralelamente, se ve que la sumisión a la autodeterminación ciudadana de parte del Gobierno rige sólo fuera de los límites de la capital. Para San Miguel de Tucumán no hubo miramientos cuando la Casa de Gobierno determinó que Domingo Amaya debía ser ungido intendente provisorio por el Concejo Deliberante. Las amenazas veladas de intervención, por entonces, no se caían de la boca de algunos funcionarios.
Una primera lectura es que este 2005 de signo electoral es un año con licencia para la degradación institucional, porque el oficialismo no quiere generar enemigos dentro de sus propias filas. Sin embargo, cuando de Bella Vista se trata, la inacción no proviene sólo del palacio de 25 de Mayo y San Martín.
Pareciera que este poblado del departamento Leales ha venido a convertirse en un espejo que enrostra una suerte de desautorización a los poderes tucumanos. En rigor, qué puede hacer el Gobierno con aquella localidad del interior si no ha estado exento de escándalos. Se cuentan, en el orden provincial, el "caso Ibri" y "el caso Macías"; y, en la capital, la crisis de la basura. La planta de Pacará Pintado, según los concejales, no es apta; se compró en secreto un lote en Los Pocitos que no se usará como vaciadero; y se acordó pagar $ 16 millones a la empresa 9 de Julio por un pasivo que el Concejo estimó en $ 7 millones, y a la que oponía deudas de la firma, por $ 6 millones, en concepto de multas.
En la Legislatura, ni uno solo de sus 40 miembros planteó que tener ediles y funcionarios a las trompadas era, al menos, irregular. Pero, como en el caso anterior, nada puede decir hoy el Parlamento. Después de venir cumpliendo un papel más o menos honroso, ahora hay legisladores oficialistas que reclaman el regreso de la Ley de Lemas. En esta misma semana, la mayoría peronista de la comisión de Juicio Político decidió que no se investigará si hubo irregularidades en la habilitación de 1.000 nuevas tragamonedas. Se ve, ahí sólo enjuician a integrantes de la Justicia.
Justamente, se desconoce a qué arribó el Poder Judicial luego de que, en octubre pasado, los ediles de aquella ciudad del Este se acusaran mutuamente de comerciar drogas ilegales, abusar de menores y malversar caudales públicos. Los Tribunales, seguramente, ya tienen demasiado con sus propios problemas: hay oficios truchos para sacar presos (fuero Penal) y hasta para levantar remates (Documentos y Locaciones), cuando no se producen escándalos con automotores, como el "caso Orly" (Civil y Comercial Común).
Nada lindo se ve en Bella Vista. Pero sus autoridades no se inquietan. Hasta consideran que no desentonan.

Tamaño texto
Comentarios