11 Febrero 2005 Seguir en 
PYONGYANG.- Corea del Norte volvió a centrar la preocupación al anunciar ayer que está en posesión de armas nucleares. Con esta declaración sin precedentes e inequívoca, el aislado Estado norcoreano se ha colocado en la senda de una mayor confrontación con Estados Unidos, que se puede sentir obligado a recoger el guante. Al mismo tiempo, Corea del Norte, calificado por Washington como una nación "paria" en el mundo, decidió suspender indefinidamente su participación en las conversaciones a seis bandas (Corea del Norte, EE.UU., China, Corea del Sur, Japón y Rusia) para acabar con su programa atómico.
El doble anuncio ha puesto más piedras en el camino hacia un nuevo escenario, menos tenso. Hace apenas un mes, una delegación del Congreso comentó tras una visita a Pyongyang que las conversaciones a seis bandas podrían comenzar en semanas. El hecho de que el estadounidense George W. Bush no criticara directamente a Pyongyang en su último discurso sobre el Estado de la Nación, alimentaba esta esperanza. Bush simplemente comentó que su administración quiere, junto con otras de la región, convencer a Corea del Norte de que abandone su programa de armas nucleares. A cambio, los países negociadores prometen ayuda económica, energética y alimentaria.
Hostilidad de Washington
No obstante, Corea del Norte sigue firme en sus demandas de que Washington abandone su política hostil, reclamo que Washington rechaza de plano. Sin embargo, hace tres años, Bush situó a Corea del Norte en un supuesto "eje del mal", junto con Irán e Irak. A su vez, la secretaria de Estado de Washington, Condoleezza Rice, afirmó ayer que Corea del Norte era una "avanzadilla de la tiranía". Pyongyang citó expresamente estas últimas declaraciones como una de las primeras razones por las cuales no desea volver a la mesa de negociación.
Mientras que el país comunista ha demostrado en anteriores ocasiones cierta ambigüedad en torno de la verdadera situación de su programa nuclear, la nueva declaración es meridianamente clara respecto de que está en posesión de armas atómicas. Sin inspecciones internacionales, no obstante, será difícil obtener confirmación independiente. Las amenazas de Pyongyang de impulsar su arsenal nuclear para incrementar su capacidad de defensa forman ahora parte indisociable de la diplomacia de la fuerza empleada por el líder norcoreano, Kim Jong Il. (DPA)
El doble anuncio ha puesto más piedras en el camino hacia un nuevo escenario, menos tenso. Hace apenas un mes, una delegación del Congreso comentó tras una visita a Pyongyang que las conversaciones a seis bandas podrían comenzar en semanas. El hecho de que el estadounidense George W. Bush no criticara directamente a Pyongyang en su último discurso sobre el Estado de la Nación, alimentaba esta esperanza. Bush simplemente comentó que su administración quiere, junto con otras de la región, convencer a Corea del Norte de que abandone su programa de armas nucleares. A cambio, los países negociadores prometen ayuda económica, energética y alimentaria.
Hostilidad de Washington
No obstante, Corea del Norte sigue firme en sus demandas de que Washington abandone su política hostil, reclamo que Washington rechaza de plano. Sin embargo, hace tres años, Bush situó a Corea del Norte en un supuesto "eje del mal", junto con Irán e Irak. A su vez, la secretaria de Estado de Washington, Condoleezza Rice, afirmó ayer que Corea del Norte era una "avanzadilla de la tiranía". Pyongyang citó expresamente estas últimas declaraciones como una de las primeras razones por las cuales no desea volver a la mesa de negociación.
Mientras que el país comunista ha demostrado en anteriores ocasiones cierta ambigüedad en torno de la verdadera situación de su programa nuclear, la nueva declaración es meridianamente clara respecto de que está en posesión de armas atómicas. Sin inspecciones internacionales, no obstante, será difícil obtener confirmación independiente. Las amenazas de Pyongyang de impulsar su arsenal nuclear para incrementar su capacidad de defensa forman ahora parte indisociable de la diplomacia de la fuerza empleada por el líder norcoreano, Kim Jong Il. (DPA)







