
La conmovedora historia de Gisela: vive en Ushuaia y busca su familia biológica en Tucumán

Gisela Fourastie, una residente de 41 años de Ushuaia, vivió gran parte de su vida con una sensación de incertidumbre y un deseo profundo de conocer su verdadera identidad. El año pasado, a través de una prima, Gisela recibió una revelación que cambiaría su vida: descubrió que era adoptada y que sus padres biológicos provienen de Tucumán.
Según contó Gisela a Buen Día, su búsqueda de identidad comenzó a tomar forma en febrero del año pasado, cuando recibió la confirmación de su condición de adoptada. Descubrió que nació en Tucumán y que, tras su nacimiento, sus padres adoptivos viajaron de inmediato para llevarla a Ushuaia. La búsqueda de sus raíces la llevó a comprender que su nacimiento tuvo lugar en una especie de casa cuna, donde fue entregada a sus padres de crianza.
“Mis padres de crianza recibieron el llamado el 21 de julio de 1982 y ese mismo día salieron a buscarme para Tucumán. Mi mamá de crianza no recuerda bien el lugar con exactitud, pero dice que viajaron toda la noche y que fueron a una especie de casa cuna, porque no era una maternidad, no era un hospital. Era una especie de casa en la cual había varios bebés”, contó.
En cuanto a su familia biológica, Gisela solo obtenido algunos detalles. Se le dijo que eran una familia acomodada con empleados. Su entrega a sus padres adoptivos no implicó pagos, según lo que le comunicó su madre de crianza, y se le aseguró que no fue hija de desaparecidos.
“Lo único que tengo es el acta de nacimiento anotada como hija propia de mis padres de crianza”, explicó.
Actualmente, Gisela trabaja en la universidad y vive con su esposo y su hija.
“Hay un sentimiento que sólo los que somos adoptados o apropiados tenemos durante casi toda nuestra vida, que es un sentimiento de incertidumbre, de no pertenencia, de dudas o preguntas sin respuestas, que fue el mismo sentimiento que me llevó después de mucho tiempo a averiguar un poco más dentro de lo que es mi familia. Hasta que mi prima me confirmó que nací en Tucumán y que me habían ido a buscar después de que mi mamá de crianza perdiera varios embarazos”.
En medio de sus emociones y su búsqueda continua, Gisela no busca juzgar a nadie, ni a sus padres adoptivos ni a sus padres biológicos. Más bien, su deseo es comprender y reconciliarse con su pasado, para poder construir un futuro basado en la verdad y la identidad propia.
“No vengo a juzgar a nadie, ni a mis padres de crianza ni a mis padres biológicos, pero sí me gustaría conocer la historia de por qué decidieron darme o de quiénes eran, de obtener mi identidad para poder crearme mi árbol y pasárselo a mi hija como un regalo de pertenencia, para que ella también pueda saber si tiene abuelos”, concluyó.







