Tema: Meg Altman y su hija Sarah se mudan a vivir en una casa que dispone de un cuarto blindado como elemento de seguridad. Meg espera no tener que usar nunca este sofisticado dispositivo, pero la irrupción de tres personas en la casa las obliga a encerrarse en la habitación. Sin embargo, los maleantes buscan algo que está precisamente en el lugar en el que se refugiaron Meg y Sarah.
Crítica: David Fincher es un maestro en el manejo de los climas opresivos, y usa la iluminación tenue y sugerente como un personaje más. En esta película dispone de un guión construido con mucha astucia, que le permite lucir esas virtudes, además de la de administrar el suspenso de manera inteligente y eficaz. Como ya ocurrió en "Pecados capitales", sugiere más de lo que muestra, y ese viejo pero efectivo recurso le agrega clima al relato. Dispone además de ciertos artificios técnicos que pone al servicio de la narración, como un impresionante plano-secuencia imposible de lograr con técnicas convencionales: casi en el comienzo del filme, la cámara parte desde el rostro de Jodie Foster dormida, atraviesa una balaustrada en un travelling hacia atrás, baja hasta el sótano, vuelve a la cocina, pasa por la cerradura de una puerta y vuelve a subir hasta una claraboya tres niveles más arriba. Apoyándose, además, en interesantes recursos narrativos, como la supresión del sonido en algunos diálogos, o el uso inteligente de la cámara lenta, el director construye un angustiante relato de casi dos horas sin sacar las cámaras del ámbito de la casa de la protagonista.
Crítica: David Fincher es un maestro en el manejo de los climas opresivos, y usa la iluminación tenue y sugerente como un personaje más. En esta película dispone de un guión construido con mucha astucia, que le permite lucir esas virtudes, además de la de administrar el suspenso de manera inteligente y eficaz. Como ya ocurrió en "Pecados capitales", sugiere más de lo que muestra, y ese viejo pero efectivo recurso le agrega clima al relato. Dispone además de ciertos artificios técnicos que pone al servicio de la narración, como un impresionante plano-secuencia imposible de lograr con técnicas convencionales: casi en el comienzo del filme, la cámara parte desde el rostro de Jodie Foster dormida, atraviesa una balaustrada en un travelling hacia atrás, baja hasta el sótano, vuelve a la cocina, pasa por la cerradura de una puerta y vuelve a subir hasta una claraboya tres niveles más arriba. Apoyándose, además, en interesantes recursos narrativos, como la supresión del sonido en algunos diálogos, o el uso inteligente de la cámara lenta, el director construye un angustiante relato de casi dos horas sin sacar las cámaras del ámbito de la casa de la protagonista.







