“APURE, ABUELA”. Subir a un ómnibus es una de las pruebas diarias que enfrentan los ancianos en la urbe. LA GACETA/ INES QUINTEROS ORIO
20 Enero 2008 Seguir en 

Salir de sus casas es una odisea. Deben caminar en medio de una ciudad poco amigable para ellos, que ya pasaron los 65 años y su paso es lento e inestable. La población de la tercera edad aumenta, al tiempo que encuentra más barreras: veredas rotas, colectivos con escalones altos, carteles ilegibles y edificios con rampas empinadas, entre otras. Las barreras son muchas y, a veces, sortearlas implica terminar en el hospital.
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