07 Septiembre 2007 Seguir en 

Nuestro diario se ha hecho eco de la extraordinaria repercusión que ha tenido en los últimos años el trabajo de numerosos artistas plásticos tucumanos en el resto del país y en el exterior. La creciente participación de varios de nuestros coterráneos en exposiciones de gran trascendencia y en el exclusivo mercado del arte habla de la consideración que el trabajo de los plásticos locales -sobre todo, de muchos que pertenecen a la nueva generación- está alcanzando más allá de las fronteras de la provincia.
Por eso resulta sumamente importante que ese reconocimiento sea también una realidad en el ámbito local; en ese sentido, cobra relevancia la decisión adoptada oportunamente por las autoridades de la Dirección de Rentas de la Provincia, de adquirir obras para conformar una colección de arte contemporáneo y su posterior exhibición al público en una muestra colgada en el museo Timoteo Navarro. El propio ministro de Economía de la Provincia resaltó el hecho de que una repartición, cuyo objetivo es recaudar fondos, decida invertir dinero en la compra de objetos de arte; el funcionario fue más allá y aconsejó a otras reparticiones que imiten la iniciativa para apoyar a los artistas locales.
La idea de que el Estado destine fondos al acrecentamiento del patrimonio artístico a través de la adquisición de obras de arte contemporáneo resulta saludable en más de un sentido, porque, además del apoyo a los artistas en el aspecto económico y en cuanto a la difusión de su tarea, sustenta el concepto de que las obras de arte no son necesariamente objetos cuya importancia está vinculada con su valor histórico. El patrimonio no es algo del pasado, estanco, sino también del presente; algo vivo y que valoriza lo artístico, como se señaló oportunamente desde una columna de opinión en este mismo diario.
Otro aspecto fundamental que se vincula con la obligación del Estado de velar por la conservación del patrimonio artístico se centra en la seguridad de las piezas que se exhiben. Lamentablemente, en los últimos meses, la crónica periodística reflejó varios casos de robos de piezas artísticas e históricas en distintos puntos del país. Nuestra provincia no resultó ajena a este fenómeno: en julio desapareció del museo Timoteo Navarro un óleo de Enrique Policastro. El episodio desnudó una serie de falencias en la seguridad de los locales destinados a la conservación y a la exhibición de piezas que, en muchos casos, son sumamente valiosas.
Hace pocos días, el Ente Cultura de Tucumán anunció que ya adquirió un equipo de avanzada tecnología destinado a proteger las obras que se exponen en el museo Timoteo Navarro. Se informó que también se contrató personal de vigilancia para el edificio. A la luz de lo expuesto, se aprecia que se trata de una inversión indispensable, que permitirá, por otra parte, que se cumplan los requisitos que exigen las compañías especializadas para asegurar las piezas expuestas.
El titular de de la Dirección de Patrimonio y Museos Nacionales de la Secretaría de Cultura de la Nación, Américo Castilla, dijo hace un par de días en Tucumán que esas instituciones deben disponer de mayores recursos para disponer de técnicos especializados en su personal y señaló que hace falta profesionalizar los museos. Será el único camino para que el Estado pueda cumplir con su obligación de acrecentar un patrimonio que es de todos; conservarlo en las mejores condiciones, exhibirlo en beneficio de la comunidad y protegerlo de las amenazas a las que, lamentablemente, está expuesto.
Por eso resulta sumamente importante que ese reconocimiento sea también una realidad en el ámbito local; en ese sentido, cobra relevancia la decisión adoptada oportunamente por las autoridades de la Dirección de Rentas de la Provincia, de adquirir obras para conformar una colección de arte contemporáneo y su posterior exhibición al público en una muestra colgada en el museo Timoteo Navarro. El propio ministro de Economía de la Provincia resaltó el hecho de que una repartición, cuyo objetivo es recaudar fondos, decida invertir dinero en la compra de objetos de arte; el funcionario fue más allá y aconsejó a otras reparticiones que imiten la iniciativa para apoyar a los artistas locales.
La idea de que el Estado destine fondos al acrecentamiento del patrimonio artístico a través de la adquisición de obras de arte contemporáneo resulta saludable en más de un sentido, porque, además del apoyo a los artistas en el aspecto económico y en cuanto a la difusión de su tarea, sustenta el concepto de que las obras de arte no son necesariamente objetos cuya importancia está vinculada con su valor histórico. El patrimonio no es algo del pasado, estanco, sino también del presente; algo vivo y que valoriza lo artístico, como se señaló oportunamente desde una columna de opinión en este mismo diario.
Otro aspecto fundamental que se vincula con la obligación del Estado de velar por la conservación del patrimonio artístico se centra en la seguridad de las piezas que se exhiben. Lamentablemente, en los últimos meses, la crónica periodística reflejó varios casos de robos de piezas artísticas e históricas en distintos puntos del país. Nuestra provincia no resultó ajena a este fenómeno: en julio desapareció del museo Timoteo Navarro un óleo de Enrique Policastro. El episodio desnudó una serie de falencias en la seguridad de los locales destinados a la conservación y a la exhibición de piezas que, en muchos casos, son sumamente valiosas.
Hace pocos días, el Ente Cultura de Tucumán anunció que ya adquirió un equipo de avanzada tecnología destinado a proteger las obras que se exponen en el museo Timoteo Navarro. Se informó que también se contrató personal de vigilancia para el edificio. A la luz de lo expuesto, se aprecia que se trata de una inversión indispensable, que permitirá, por otra parte, que se cumplan los requisitos que exigen las compañías especializadas para asegurar las piezas expuestas.
El titular de de la Dirección de Patrimonio y Museos Nacionales de la Secretaría de Cultura de la Nación, Américo Castilla, dijo hace un par de días en Tucumán que esas instituciones deben disponer de mayores recursos para disponer de técnicos especializados en su personal y señaló que hace falta profesionalizar los museos. Será el único camino para que el Estado pueda cumplir con su obligación de acrecentar un patrimonio que es de todos; conservarlo en las mejores condiciones, exhibirlo en beneficio de la comunidad y protegerlo de las amenazas a las que, lamentablemente, está expuesto.







