Inseguridad en Yerba Buena: “debemos presionar a la Policía para que trabaje”

Inseguridad en Yerba Buena: “debemos presionar a la Policía para que trabaje”

Los bikers sostienen que hay robos de bicicletas porque hay compradores, en Tucumán y fuera de la provincia Juan Pablo Juliá, director del parque Sierra de San Javier, dice que ya no sabe a quién recurrir. “La situación se está saliendo de control”, alerta.

DURAS CRÍTICAS. Los bikers cuestionan que los policías sólo custodian la avenida Presidente Perón. la gaceta / foto de ines quiteros orio DURAS CRÍTICAS. Los bikers cuestionan que los policías sólo custodian la avenida Presidente Perón. la gaceta / foto de ines quiteros orio
23 Noviembre 2017

El experimentado biker Marco Font remarca que el río en el cual fueron atacados a pedradas y palos siete ciclistas el martes pasado es una zona muy transitada por quienes andan en bicicleta, corren o hacen trekking. Y ante la conmoción que ha generado semejante ataque, opina que los policías en Yerba Buena están parados, al vicio, en la avenida Perón. “Mientras ellos se quedan bajo la sombra de un árbol, adentro pasa de todo. Yo me ofrecí, personalmente, a darles cursos de mountain bike gratuitos. Nunca me han llamado”, cuenta.

A sus 53 años, Font tiene experiencia en el ciclismo, pues dirige su escuela desde hace 17 años. En referencia a los robos de bicicletas, cree que las cosas han sido siempre así. Pero dice que hay algo que ha cambiado: pocas veces antes los atracos eran efectuados por bandos provistos de armas, palos y piedras, como ha sido este último episodio. Ante eso, la recomendación que hasta ahora se daban los ciclistas entre sí, de salir en grupos, puede que haya perdido efectividad. “Ni aunque nosotros fuésemos 10, podríamos defendernos de semejante ataque...”.

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Sergio Salica también da clases de mountain bike. Y también él hace hincapié en que el lecho que fue escenario de ese robo es uno de los circuitos más utilizados por los deportistas yerbabuenenses. Al punto que los principiantes -grafica- reciben allí sus primeras enseñanzas (”es uno de los ríos por donde todo el mundo empieza a pedalear”).

En el lugar donde asaltaron a un grupo de bikers ya hubo otros robos

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¿Qué hacemos ahora? ¿Qué hacer, si hasta en una travesía que nos resultaba habitual, sentimos miedo? ¿Por dónde vamos? ¿Qué pasa con la gente que anda en bicicletas de $ 100.000? Esas son algunas de las preguntas -cuenta Salica- que se plantean los intructores y los bikers, tras lo sucedido. Y las respuestas no aparecen. Por lo pronto, han pensado en insistirles a los policías para que se animen a internarse en los caminos y fincas de Horco Molle. Y para que modifiquen sus horarios. “Vivo reclamándoles el tema de la hora. Salen tarde. Cuando la gente está volviendo, alrededor de las 16.30, ellos aparecen. Además, no son capacez de meterse en las sendas”, añade.

A Salica hay otra cuestión que le resulta digna de ser puesta sobre el tapete. Y es que los robos de bicicletas son moneda corriente. Que no salgan en los diarios -razona-, no significa que no ocurran. Entonces, ¿qué hacen con esas bicicletas? Y él esgrime dos alternativas, en base a sus conocimientos. A algunas, las desarman y las venden por partes. A otras -las costosas- en ocasiones intentan devolvérselas a sus dueños, previo pago de un reembolso. “Son bicis picantes. No pueden meterlas en el mercado. Está de moda la recompensa. Te piden plata para entregártela”, cuenta. Incluso, sabe de un bicicletero que ha cumplido el rol de nexo, en un par de operaciones.

Ocho ciclistas que subían al cerro fueron emboscados y atacados con armas, palos y piedras

Alejandro Ruiz Campos -un afamado biker tucumano y propietario de una bicicletería- agrega una tercera posibilidad. Antes, reafirma que los robos de bicicletas no son una novedad. De hecho, en ese mismo río ha habido numerosos asaltos. El más lejano -que recuerda- ocurrió en 2008 o 2009, cuando un trío de ciclistas fue sorprendido por dos muchachos. Y esa tercera alternativa que baraja es que, si hay robos, es porque hay compradores. “A las bicicletas caras, a veces las llevan a Santiago del Estero o a otras provincias”, elucubra. Otro recuerdo de Ruiz Campos es el del ex gobernador, José Alperovich, pedaleando en la zona, allá por su segundo mandato. “Andaba por ese río, rodeado de custodios. Desde entonces, que los bikers reclaman seguridad”, declara.

Para que quienes no conocen la zona, podría decirse que el río en cuestión corre más o menos paralelo a la avenida Perón y al camino hacia Horco Molle, hacia el norte. Usualmente, los deportistas ingresan por detrás de los cañaverales situados en la parte trasera del centro comercial Open Plaza, o a la altura del acceso al country del Jockey Club. Desde ahí, cauce adentro, avanzan hasta la escuela de Agricultura de la Universidad Nacional de Tucumán.

En ciertos sectores, se forma una especie de cañón, con altas paredes. En verano, la zona recibe más pedalistas, debido a que ofrece sombra.

Perdiendo el control

Benjamín Gianfrancisco trata de calmar las impaciencias; las broncas. Les dice a sus alumnos que él no piensa andar a tiros por una bicicleta. Que los educados son ellos. Que no pueden salir armados. Que pedalear es dispersión. Es pasión. Es deporte. “No nos dejemos llevar por la estupidez. Debemos presionar a la Policía para que haga su trabajo. Falta prevención”, reflexiona, y pide controles en los caminos que son usados para huir a través de las plantaciones de citrus, hacia las localidades de Villa Carmela y San José.

Gianfrancisco es quien descubrió y filmó, hace unas semanas, en un camino de la Reserva de Horco Molle, unos pinchos clavados en la tierra y ocultos debajo de ramas: habían sido puestos para que los ciclistas pasen por encima, rompan sus ruedas, caigan y sean atacados. En ese momento, Juan Pablo Juliá -director del parque- dijo que no sabía a quién recurrir para frenar la inseguridad en las sendas. Que había hablado con el intendente, Mariano Campero, y con las autoridades policiales. Y que, pese a los pedidos y a las denuncias, no había conseguido presencia policial en los caminos del cerro. Hoy, el lamento es el mismo. “Creo que la situación se está saliendo de control. Entiendo que el área que deben cuidar es muy grande. Pero es hora de que tomen cartas en el asunto. Faltan recursos humanos y voluntad política”, reclama. Se calcula que entre 2.000 y 3.000 personas ingresan a esos predios, a caminar o a pedalear, cada fin de semana.

Por último, al ser consultado al respecto, el secretario de Seguridad Ciudadana del municipio, Mauricio Argiró, relata que el miércoles, por la mañana, mantuvo una reunión con las principales autoridades policiales de Yerba Buena, con algunos referentes del pedalismo y con uno de los siete amigos que el martes fueron emboscados por cuatro delincuentes. En ese encuentro, definieron la incoporación de dos nuevos circuitos a los patrullajes y dispusieron de un cuatriciclo, para que recorra el río.

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