A siete meses de las últimas inundaciones, el agua sigue anegando Sol de Mayo

Alrededor de 12.000 personas fueron afectadas directamente por los últimos desbordes. A partir de mediados de abril, el agua bajó poco a poco en la mayoría de las localidades, a exepción de un paraje rural que continúa con sus calles cubiertas.

23 Nov 2017

Lourdes María Cardozo tiene 12 años y vive en La Madrid. Cuando se produjeron las últimas inundaciones, el nivel del agua superó la mitad de la altura de la puerta de su casa. Con el correr de los días, el agua se fue de su vivienda. Pero no pasó lo mismo con la Escuela N°151, a la que asiste diariamente. El establecimiento educativo está ubicado en Sol de Mayo, un paraje rural a 14 kilómetros de distancia de La Madrid, en el sureste provincial. Y en ese lugar, el agua sigue siendo un problema desde fines de marzo.

En diálogo con “Panorama Tucumano”, el programa de televisión de LA GACETA, Lourdes contó que hace meses que tiene que ponerse botas y arremangarse los pantalones para no mojarse cuando camina hacia la escuela. “Cuando llueve no se puede pasar, se llena de agua el patio de la escuela y el camino se pone barroso”, detalló la niña a la que, en algunos tramos del camino, el agua le sobrepasa las rodillas.

Hay un camino de ripio que conecta La Madrid con Sol de Mayo (14 kilómetros). Tras las inundaciones, el cauce del río Marapa se desvió y ocupa un tercio de ese camino, según confirmó Dardo Herrera, delegado comunal de La Madrid. Por allí el agua llega e inunda Sol de Mayo desde hace siete meses. Es por eso que la calle principal del paraje rural es como un río, que el lunes pasado tenía 1,20 metro de altura aproximadamente.

Pero existe una vía alternativa para llegar, aunque nada sencilla. Desde La Madrid hay que tomar la ruta provincial 308 y recorrer 12 kilómetros hacia el sureste, doblar hacia el noreste (tomar un giro a la izquierda), seguir por caminos de ripio durante casi 10 kilómetros y caminar por un puente peatonal que está en mal estado. Le llaman “Puente Colgante”, porque cruzarlo es riesgoso: fue construido con chapa, está inclinado y se tambalea mientras uno camina. Además, no tiene barandas firmes y hay agujeros en el piso. Por allí caminan todos los días profesores y alumnos.

Una vez atravesado el puente, se llega a Sol de Mayo, aunque para arribar a la escuela hay que caminar 250 metros con partes empantanadas. Allí el nivel del agua puede llegar hasta las rodillas, dependiendo de cuánto llueva. Por ejemplo, el lunes pasado tenía 70 centímetros de altura aproximadamente. Ahora, el nivel bajó y se puede llegar sin usar botas.

Junto a profesores que la buscan desde su casa en La Madrid, Lourdes realiza esta travesía cada vez que va a la escuela. Hace parte del recorrido hasta el puente en moto o en auto, dependiendo de quién la lleve.

Facundo Correa (25) es uno de los profesores que trabaja en la Escuela N°151. Vive en la capital y se levanta a las 3.30 para ir a dar clases. “Como no hay colectivo de línea que me deje a las 5 de la mañana en la Terminal, me tienen que acercar en auto hasta allí. A las 4.15 salgo para la Terminal, me tomo el colectivo a las 5, me deja en La Madrid como a las 7.30 y de ahí nos movilizamos en los vehículos de los profesores”, detalló. El maestro de música consideró que si bien era difícil evitar que el agua inunde Sol de Mayo, se podría haber solucionado hace mucho el problema.

“No se podía trabajar con muchas máquinas porque no había piso. El río (Marapa) está obstruido, lo que ha hecho que el agua no corra por el cauce natural sino que se desborde”, explicó Herrera, el delegado comunal de la zona. Luego informó que hace un mes y medio que hay dos máquinas del Ministerio del Interior provincial trabajando en limpiar el río para que el agua vuelva a su cauce.

A la Escuela N° 151 concurren 32 chicos de distintas edades (se enseña nivel inicial, primario y los primeros tres años del secundario). Sin embargo, en ocasiones el clima no permite que todos puedan llegar, por lo que se trabaja con cuadernillos y tareas para la casa, comentó Félix Agüero, otro de los maestros.

Incluso, “cuando había más agua (afuera de la Escuela) una señora nos alquilaba la casa, ahí trabajábamos con los chicos”, reveló. Y contó que ningún funcionario del Gobierno se acercó hacia allí, a excepción del delegado comunal.

En Sol de Mayo vivían alrededor de 15 familias, calculó Herrera. La mayoría ha perdido sus casas y sus animales. Es por eso que han decidido trasladarse a La Madrid o a Barrancas (localidad cercana) para pasar al menos unos meses al año sin agua dentro de sus viviendas.

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