Las cuecas y las tonadas chilenas alegran la peatonal

Sólo querían ir a tocar en San Pedro de Atacama, pero llegaron con su folclore hasta Tucumán.

18 Oct 2017
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DOS BANDAS EN UNA. Quesada, Vargas, Pérez y Muñoz, en pleno show. LA GACETA / FOTO DE JOSÉ NUNO.-

En medio del ruidaje de la peatonal Mendoza, desde la redacción de LA GACETA se escuchan cuecas y tonadas campesinas de más allá de la Cordillera de los Andes. Los intérpretes son cuatro músicos chilenos que tocan frente a un sombrero, en espera de recompensas.

Se presentan: son Esteban Quesada en charango, quena, samponia y trutruca; José Vargas en batería, cajón peruano; Ariel Pérez: vocalista, percusión y accesorios; y Víctor Muñoz en guitarra. Y todos en voces.

Son músicos, y con mucho oficio, pero a la vez uno es artesano, otro soldador calificado, y otro hace muebles y construye casas. Además trabajan con chicos en programas escolares, y tocan en locales y en el metro que une Valparaíso con Limache. De allí se conocen, ya que son vecinos, en la V Región chilena.

El viaje planeado

“La idea era ir a San Pedro de Atacama (III Región, a 1.600 km al norte de Valparaíso) para trabajar en septiembre. Allí hay muchos locales donde tocar. Nos fue bien, empezamos a ganar plata, y surgió la idea de no volver por el mismo camino, sino seguir conociendo. Lo que ganamos en septiembre lo invertimos en entrar a Bolivia, recorrer Oruro, Cochabamba. Llegamos hasta la ‘ciudad del charango’, Aiquile (región central de Bolivia) y de allí venimos bajando, sin plan”, cuenta Muñoz.

“Pero nos fuimos en la volada (salirse de lo razonable) sobre todo porque andamos en un auto muy viejo, un Nissan del 91, que aguantó bastante bien a pesar de su apariencia”, apunta Vargas.

La banda que se fue de ruta en realidad es dos: desde hace años, Muñoz y Quesada integran Cuerdas del Sur del Mundo y hacen un repertorio folclórico. Por los caminos del rock van Vargas y Pérez, con Perpetuos. Pero los cuatro planearon ir a San Pedro, y a tocar los temas de Perpetuos.

“Pronto nos dimos cuenta de que con el folclore teníamos más llegada a la gente: poco a poco fuimos incorporando, Ariel y yo, a lo que ellos venían trabajando de antes”, explica Vargas.

Quesada enumera las influencias, que se escuchan claramente en su música: Jaivas, Illapu, Violeta Parra, Víctor Jara, Inti Illimani... toda la raíz folclórica chilena.

El aprendizaje

“Lo mejor que hemos aprendido es que los pueblos somos todos iguales, con las mismas mentalidades y los mismos ideales. Nos hemos dado cuenta de que las rivalidades que se generan entre los países van de la mano de los gobernantes y de los poderosos. Nos pasó en Oruro y en Cochabamba, donde tuvimos mala recepción. Reflexionamos acerca de que en Chile nos pasa lo mismo: somos de pueblo y cuando vamos a Santiago tampoco nos tratan bien, entonces qué podemos esperar de otro país donde suena el conflicto por la salida al mar. Esa es la reflexión más profunda, las diferencias las hacen los poderosos, que se aprovechan de la riqueza de la tierra. Pero la música nos ha abierto las puertas. Es lo que nos hace conocer gente e interactuar de persona a persona, no de boliviano a chileno ni de chileno a argentino”, reflexiona Quesada.

Los músicos chilenos hacen sus últimas presentaciones. La aventura se extendió mucho más que lo previsto, y sus familias y sus otras ocupaciones los esperan detrás de la cordillera, así que, según Muñoz: “de aquí, derechito a Mendoza”.

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