La historia de un hombre alegre con fama de santidad

La hija de Enrique Shaw, empresario postulado como santo, presentó un libro sobre su padre.

13 Sep 2017
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PROMOTORES EN TUCUMÁN. Sara Shaw de Critto y Fernán de Elizalde. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.-

A menudo los empresarios lo invitaban a salir a comer a la noche. Pero él nunca aceptaba. Decía que tenía otros compromisos. “Pero el compromiso era comer con sus hijos. ¡Para él la familia era muy importante! Recuerdo que jugaba mucho con nosotros, hacíamos guerra de almohadonazos. Disfrutaba tanto de sus hijos... Tenía muy buen humor y nunca escuché que discutiera con mi madre”, recuerda Sara Shaw de Critto, hija de Enrique Shaw, a quien se busca canonizar. Shaw es Siervo de Dios y posiblemente a principios del año próximo será declarado Venerable. A partir de entonces el proceso iniciado en la Argentina comenzará una etapa en la que se necesitarán al menos dos milagros para llevarlo al altar. Sería el primer empresario argentino (aunque nació en París y a los dos años llegó al país) en ser santo.

Quizás, porque había perdido a su mamá a los cuatro años, -piensa Sara- Enrique Shaw disfrutaba muchísimo de sus hijos. “Lo que más recuerdo de él es su alegría, fruto de la gracia santificante, que lo ayudaba a superar todos los problemas”, dice su hija. “Jugaba mucho con mis hermanos y hasta con mis amigas, siempre las hacía reír, movía sus orejas. Por la noche nos reunía a todos para rezar el rosario. Cada uno, hasta el más pequeño, decía las intenciones y él las escuchaba con atención a todas”. Algunas de estas anécdotas han sido volcadas en el libro “Viviendo con alegría. Testimonios y breve biografía de Enrique Shaw”, que escribió Sara Shaw y que ayer presentó en Tucumán.

Sara visitó LA GACETA junto al vicepostulador de la causa, Fernán de Elizalde, a Fernando Bach, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) de Tucumán, y al director de Cáritas, Jorge Reiden.

El libro, de editorial Claretiana, contiene varios testimonios de las personas que conocieron a Shaw, pero los más importantes forman parte de los 13.000 folios que se enviaron a Roma para el juicio de canonización.

Shaw falleció a los 41 años, víctima de un cáncer que le apareció a los 37. Mientras vivió lo hizo con alegría y compromiso en su vida familiar, empresarial y militar (perteneció a la Marina). La carátula de la causa dice que era laico, esposo, padre de familia y empresario.

Cada mañana, Shaw se levantaba e iba a misa; después volvía a casa a desayunar con sus hijos. Los domingos, en la Iglesia acostumbraba a abrazarlos a todos después de comulgar. Vivía su vida cristiana intensamente.

> Era empresario y quería ser obrero

Con el avance del mundo industrial, el sentido de iglesia se había perdido en la sociedad. Shaw estaba preocupado y decidió hacerse obrero para poder misionar. Un sacerdote le aconsejó que era mejor evangelizar el mundo empresarial. A eso se dedicó y fundó la  Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) en 1952, cuando tenía 25 años. 

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