Diario de un outsider

Libro imprescindible de un inconformista genial

13 Ago 2017
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UNA VIDA HECHA PENSAMIENTO. Gombrowicz muestra sus obsesiones.

RESCATE

DIARIO

WITOLD GOMBROWICZ

El Cuenco de Plata - Buenos Aires) 

Escrito, casi en su totalidad, durante su largo exilio argentino (1939-63), el controversial autor de Ferdydurke y Cosmos, el novelista y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz (1904-69) deja aquí el lúcido testimonio sobre sus mayores obsesiones: el problema inquisitivo y paradójico de la forma, la juventud como fuente inagotable de análisis reflexivo, y la inmadurez como virtud positiva, entre muchas otras manías y obsesiones. Exiliado de su patria, de su idioma y de su situación social, su Diario lo construye a través de una trama ensayística, una vida hecha pensamiento. No hay aquí intimidades autobiográficas (léase Borges, de Bioy), sino un espacio donde se construye conscientemente como personaje a través de sus ideas que organiza por categorías. Las convierte en literatura. Interioriza su soledad. Explora sus contradicciones y desarrolla toda una antropologia propia, en línea con las claves de su narrativa antes y durante su melancólico exilio sudamericano. Hacer de la periferia un centro. El arte de la iconoclastia.

Así, el libro no presenta los típicos síntomas de los estereotipados diarios de escritor, es decir el querer llevar adelante un pormenorizado registro de crónica de los acontecimientos de la vida de un artista (Waugh, Gide o Bennett). Este Diario, en cambio, es una obra literaria en pleno sentido del término, acaso el mayor logro de su autor. Por momentos su prosa alcanza pasajes de verdadero lirismo, en otras, sus bromas grotescas incomodan por su cruda franqueza. Pero en todas y en cada una de sus páginas, impera un pulso, el de la construcción de su singularísima visión del mundo. Un lenguaje que se moldea en capas, que apunta a lo primordial: el desenmascaramiento de las formas que nos atan. La suya es una lucha por la autenticidad patética del hombre; con todos sus defectos, con toda su paradójica inmadurez, siempre legítima en su combinación de tonos. De la ironía hasta la burla. Todo un arco de posibilidades.

A contramano siempre, Gombrowicz habla en contra de Polonia y los polacos. También contra los argentinos, la academia, los suplementos, los franceses… Su inconformismo, a veces, puede resultar contradictorio. Lo sabe. Por lo general siente un fuerte rechazo del mundo cultural manido, en el que siempre estuvo en permanente conflicto. ¿Cómo no habría de sentirse así quien veía belleza en la inferioridad con fervorosa religiosidad? Disruptivo, deliciosamente provocador al invertir los valores admitidos, Diario se lee como una mezcla corrosiva de reflexiones de múltiple naturaleza. Hay libros imprescindibles. Diario es uno de ellos.

© LA GACETA

Augusto Munaro

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