El fútbol según "Pipo"

09 Sep 2012 Por Ezequiel Fernández Moores
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River jugaba en 1954 en la cancha de Estudiantes de La Plata. "Tuya 'Pipo'", le dijo Federico Vairo mientras rechazaba y enviaba la pelota, aunque muy alta, en dirección hacia Néstor Raúl "Pipo" Rossi. "Bueno, ahora pasame la escalera", le contestó "Pipo". La salida del crack, fallecido el viernes pasado, horas antes del partido que Argentina ganó 3-1 a Paraguay en Córdoba, es reflejo de toda una época del fútbol argentino. Según César Menotti, acaso los últimos años en los que se jugó con un estilo de toque y pelota al piso que hoy apreciamos en Barcelona, pero que desapareció de nuestras canchas después del llamado "Desastre de Suecia", la eliminación de la Selección en primera rueda del Mundial 58, tras caer 6-1 contra Checoslovaquia.

En esa frase, "Pipo" Rossi reflejó su salida siempre burlona y ocurrente. Pero expresó también una manera de jugar al fútbol. "Después de haber visto de nuevo a Néstor Rossi -escribió en 1955 Alejandro Del Prado, "Calé"-, me pregunto: ¿de qué jugaban esos tipos que todos estos años llevaron el número cinco en la camiseta?".

Su muerte, especialmente para las nuevas generaciones, acaso no signifique mucho. Pero Rossi marcó una época en la historia de los número 5 en el fútbol argentino. "Para los argentinos -escribió una vez el periodista español Santiago Segurola al hablar de Fernando Redondo y su época de oro en Real Madrid- la camiseta número 5 es una camiseta mítica". Rossi llegó a River gracias a la sabiduría de Carlos Peucelle (recomiendo su libro "Fútbol Todotiempo", sobre la historia de "La Máquina", reeditado un año atrás).

Era una época en la que los técnicos y sus asistentes competían para ver quién se quedaba con el proyecto de crack (Peucelle "secuestró" a 'Pipo' en su casa de Adrogué para evitar que lo llevaran a Boca), pero para dejárselo a su club, no al representante de turno, como sucede hace tiempo. "Pipo" fue el centrojás de "La Máquina", acaso la más célebre formación de un equipo argentino en la historia del fútbol mundial.

No hay prácticamente crónica en cualquier diario del mundo que recuerde a los mejores equipos de la historia y omita a "La Máquina", la formación de pibes "hechos en casa" que alistó a la inolvidable delantera de los años '40 que formaron Muñoz- Moreno-Pedernera-Labruna y Loustau, posteriores al propio Peucelle (inspirador de ese equipo) y a Bernabé Ferreyra.

La irreverencia para animarse a jugar desde la posición de número 5 (su especialidad era inclusive tirar "caños") era la misma que 'Pipo' tenía con la boca. "Che, gran capitán, si no me hacías el penal, ¿qué pasaba?", desafió 'Pipo', que era un pibe, a Salomón, capitán de la Selección, en un triunfo contra Racing. "Mocoso insolente, callate la boca", le contestó Salomón. A eso "Pipo" sumaba el requisito de que el 5 tenía que hacerse respetar. "Pipo" era un duro. Y, a veces, se le iba la mano.

Le sucedió en Colombia, donde se fue a ganar dinero como integrante de un famoso equipo de Millonarios de Bogotá, apodado "El Ballet Azul", con Alfredo Di Stéfano (que lo recomendó a Real Madrid) y Pedernera. Allí fracturó al "Tato" Mur, habilidoso rosarino que jugaba en el Deportivo Cali. Estuvo por ir a prisión, no salió de su casa varias semanas y no pudo volver a jugar en Cali por dos años. Formó una de las mejores selecciones que se recuerden en la Argentina, los Carasucias que ganaron el Sudamericano de Lima 57, superando al Brasil que un año después se coronaría campeón mundial en Suecia.

"Cabezón, corrélo al 'negro'", gritó en un momento del partido. "'Pipo', son todos negros", le contestó Enrique Omar Sívori. "Bueno, correlos a todos", lo mandó.

Sívori y otros no fueron a Suecia. Argentina fue con la presunción de que nadie podía superarla y así nos fue: el humillante 6-1 de los checos que, según muchos, marcó el definitivo antes y después del fútbol argentino.

Por querer igualar la aptitud física de los europeos se olvidó el toque, ganar se hizo obligatorio y nos olvidamos de jugar. Claro que, a partir de entonces, hubo buenas y malas etapas de nuestro fútbol. Surgieron jugadores que partieron de inmediato al oro europeo, por fin se ganaron Copas Mundiales, Menotti le dio jerarquía a la Selección en el 78 y Diego Maradona hizo recordar en el 86 que Argentina seguía siendo tierra de cracks.

Pero desde hace años el campeonato local perdió toda identidad. El latiguillo de que aquí se jugaba "el campeonato más competitivo del mundo" sacó chapa de importancia. Se democratizaron los campeonatos. Ganaron títulos equipos impensados con campañas fugaces de apenas 19 fechas. Campeones primero y casi al descenso después. Todo en una misma temporada. Se niveló para abajo.

La Selección es hoy un refugio. Se le critica al DT Alejandro Sabella, y tal vez con algo de razón, que se recuesta en jugadores del medio local que él conoció en su paso por Estudiantes, en detrimento de otros -del exterior o inclusive de aquí mismo- que podrían ofrecer un mejor juego. En defensa del entrenador, los tiempos actuales impiden practicar en serio. Sabella se recuesta entonces en los que mejor interpretan su dibujo.

Un buen equipo, se sabe, no se arma exactamente con los mejores jugadores. Se arma con los que juegan mejor juntos. El fútbol es un deporte colectivo.

Ahora líder de las eliminatorias, Argentina, que le ganó bien a un alicaído Paraguay -al que no se vencía aquí por eliminatorias desde hacía casi 40 años, dato no menor-, espera repetir el martes contra Perú, en Lima. Es cierto, se trata de un equipo desequilibrado. Basta repasar los nombres para advertir que Argentina tiene hoy tal vez la mejor delantera del mundo. Pero también una defensa en absoluta formación, con jugadores que ni siquiera son titulares en sus equipos.

Por suerte está Lionel Messi. Cada vez más integrado a la Selección. Ahora, inclusive, en su versión de gran ejecutor de tiros libres, por si algo faltaba a su repertorio. Una demostración de número uno. Siempre buscando mejorar. Como Diego unos años atrás, su juego, pero también esa personalidad, que muchos le discutían hasta poco tiempo atrás, está marcando el camino. 'Pipo' Rossi lo aprueba desde donde quiera que esté.

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