Tomás Eloy Martínez revivió en el cierre del Hay Festival, en anécdotas de colegas y amigos

El tradicional evento de literatura se cerró con un homenaje el escritor y periodista tucumano al cumplirse un año de su fallecimiento. "Caballero" y "príncipe" fueron algunos conceptos con los que se refirieron al autor de Santa Evita y de La Novela de Perón.

31 Ene 2011
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MICRÓFONOS PARA LA EVOCACIÓN. Dahbar espera su turno, Alarcón rememora a Tomás Eloy Martínez, Abello y Caparrós escuchan atentamente. WWW.ELUNIVERSAL.COM.CO

CARTAGENA DE INDIAS.- (De nuestro enviado especial, Miguel Velárdez). Había recibido amenazas de la triple A. Sabía que lo estaban persiguiendo. Estaba en un bar de Buenos Aires con unos amigos y surgió un aviso contundente. Le dijeron que la policía llegaría en cualquier momento para detenerlo. Pero igual, Tomás Eloy Martínez siguió aquella vez en su silla, charlando con el grupo. De pronto, se oyeron los murmullos y las corridas. Era la policía. De inmediato, el resto de sus colegas formó una suerte de escudo humano para protegerlo. En medio del desorden del momento, Martínez logró salir a la calle y tomar un taxi que lo llevó directo al aeropuerto. Sólo tenía los documentos a mano, como siempre y por las dudas. Fue con lo único que llegó a Caracas, Venezuela. Así relata el escritor venezolano Sergio Dahbar el comienzo del exilio de Martínez en los tiempos duros de la dictadura argentina.
El diálogo de Dahbar con LA GACETA se produjo minutos antes del conversatorio público para homenajear al autor tucumano, al cumplirse un año de su fallecimiento. "La llegada de Tomás Eloy a Venezuela fue traumática, porque su contacto no estaba en el país y hasta que terminó de instalarse fue difícil. Primero llegó solo, y después fueron su esposa y sus hijos Blas y Javier, que eran pequeños en aquel entonces -dice Dahbar-. Al principio, para sobrevivir, hacía trabajos que no correspondían a su categoría periodística. En aquel tiempo, era tan bueno para el oficio que tenía dos cartas de recomendación: una de Carlos Fuentes y otra de Gabriel García Márquez", detalla.

Entre periodistas

El emblemático teatro Adolfo Mejía es el escenario del conversatorio, organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que preside García Márquez, en el marco del cierre del "Hay Festival 2011". Jaime Abello, director ejecutivo de la FNPI, es el moderador de la charla en la que, además de Dahbar, participan los argentinos Martín Caparrós y Cristian Alarcón.
Pasadas las 15, bajo un ardiente sol caribeño, se abren las puertas del teatro. Entre el público puede verse a reconocidos autores y periodistas como Alberto Barrera Tyszka (Venezuela), Alberto Salcedo Ramos (Colombia), Julio Villanueva Chang (Perú), entre otros. El Nobel García Márquez se quedó en México, donde reside con su esposa Mercedes Barcha, pero en Cartagena está representado por su hermano Jaime García Márquez, miembro del consejo directivo de la FNPI.
Nadie quería perderse el homenaje a Martínez. Los organizadores montaron una pantalla gigante que muestra fotografías del escritor tucumano, mientras los protagonistas recuerdan esa extensa trayectoria profesional. "Las imágenes -explica Abello- fueron enviadas desde Buenos Aires por uno de los hijos de Tomás Eloy, Gonzalo Martínez, que es editor de fotografía del diario 'Página/12'". La secuencia exhibe una foto tomada al autor de "Purgatorio" sentado en una reposera, descalzo y con los pies en la arena, y mirando la inmensidad del mar, unos días antes del fallecimiento.
"Fue reportero, cronista, es decir contador de historias largas, crítico de cine, columnista, editor, jefe de redacción, director, creador de medios, asesor de medios y maestro de periodismo -enumera Abello al abrir el diálogo-. Al mismo tiempo -agrega-, cuentista, guionista, ensayista, investigador literario, profesor y director de una maestría de literatura y, por supuesto, novelista".
Caparrós, por su parte, resalta la calidad de los textos de Martínez en las recordadas publicaciones de la revista "Primera Plana" y, luego, en "La Opinión". "Creo que 'La opinión' es el mejor diario que se ha hecho en Argentina. Tomás estaba en el suplemento de cultura y firmaban Juan Gelman, Osvaldo Soriano, Rodolfo Walsh. Ahí terminó de conformar su estilo que después, durante 40 años, sería inconfundible -afirma Caparrós. Un estilo que mezclaba el agua y el aceite. Tenía el clima de una narración de García Márquez y la prosa de un cuento de Borges. Era extrañísimo, pero consiguió esa síntesis y eso devino una de las mejores prosas que ha escrito periodismo en castellano", remarca.
Abello dice que la obra de Martínez está en resguardo de Ezequiel Martínez (periodista del diario "Clarín"), hijo de Tomás Eloy. Además, anticipa que se creará una fundación para capacitar en el oficio a los jóvenes periodistas y escritores de ficción y de no ficción. "Se harán talleres en conjunto con la FNPI -adelanta Abello-. Es un programa que está por comenzar este año y que incluirá no sólo a Argentina, sino a toda América latina". Abello se refirió a Tomás por su persona y por su pasión por el periodismo; le llamó entrañable y curioso.

Con los jóvenes

Detrás de los disertantes, la pantalla gigante sigue mostrando las imágenes de Tomás Eloy en distintas escenas cotidianas. En ese momento, aparece una foto del escritor en su juventud. En algunas, sonríe en la intimidad de su departamento en Buenos Aires y en otras en su paso por tierras venezolanas. Llega el turno de Dahbar que advierte sobre los momentos difíciles de Martínez en su arribo a Caracas. "Acepta algunos trabajos ocasionales, donde ni siquiera está la firma, pero si uno comienza a leer se da cuenta de que es su pluma. Luego lo nombran asesor del periódico y empieza a escribir reportajes llamativos. Recuerdo uno en el que le encomiendan hacer un recorrido por todo el país en una avioneta y que le pregunte a los jóvenes cómo ven el futuro, y ese trabajo fue impresionante no sólo por cómo está escrito, sino que avizora muchos de los cambios que iba a vivir Venezuela", relata.
En ese país, Martínez fundó el diario de Caracas, que a criterio de Dahbar fue lo más grande que se hizo en 1979. "Ahí coinciden varios exiliados como Rodolfo Terragno, Miguel Molini, entre otros, y ellos crearon un periódico que iba a revolucionar el periodismo venezolano -insiste-, porque "El Nacional" y "El Universal" se habían acostumbrado a informar de una manera antigua, muy aburrida y Tomás pidió a los periodistas que se detuvieran en contar qué pasaba en la ciudad con su vida propia y fue extraordinario para los lectores que empezaron a divertirse con el periodismo", asegura.
Como si abriera un arcón de recuerdos, Dahbar extrae más anécdotas del oficio. "En los medios había jefes déspotas, autoritarios, en cambio, Tomás era un príncipe en la redacción -rememora-. Se acercaba a los periodistas, leía la nota y lo primero que hacía era decir un halago, pero que él le haría algún ajuste y el periodista se sentía tan halagado que hacía el cambio feliz y tratando de que la segunda o tercera nota fuera lo que Tomás estaba esperando. Era un caballero ayudando a mejorar las notas de los jóvenes periodistas".

El regreso

Gigante, como telón de fondo, Martínez aparece en la proyección de la pantalla sonriente con un apuntador y una lapicera en la mano. Parece feliz en su mundo periodístico. En ese momento, Alarcón recuerda que lo conoció en Buenos Aires, mucho tiempo después y cuando regresó al país tras el retorno de la democracia. "Ya era un escritor consagrado, sobre todo en Argentina. Había publicado Santa Evita, que es su obra cumbre, que se tradujo a 20 idiomas, entonces llegamos a ese taller con otros periodistas a disfrutar de ese maestro que además ya estaba tranquilo, que transmitía agudeza, y que castigaba con una sonrisa deliciosa. A mí me hizo cambiar las primeras líneas de un texto que yo creía perfecto -dice Alarcón, riéndose-, lo dijo como el mejor padre que habla a su hijo".
En la política
Antes de cerrar la charla, Dahbar recuperó de su memoria otro episodio en la vida de Martínez periodista. "Una vez, Campín, que era un político venezolano, regresó de un viaje por China y en los próximos meses se venían las elecciones y Campín era candidato; Tomás Eloy se encontró con él y le preguntó qué le podía decir de lo que había visto en China. Y le pareció tan pobre lo que respondió Campín, que luego me dijo: 'con la respuesta que me ha dado, ese hombre no puede ser presidente del país'. Pero Campín terminó siendo presidente", parece lamentarse Dahbar. Al final el público pudo adquirir las obras literarias de Martínez en un salón contiguo, mientras se encendían todas las luces del teatro y se apagaba lentamente la imagen del autor tucumano en la pantalla del escenario.
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