Si no están bloqueados por ellos mismos, por estas horas todos los caminos conducen invariablemente a un Moyano. Aun bajo el amparo del paraguas gubernamental, que deriva en la inacción manifiesta de jueces y fiscales, la extrema visibilidad que adquirieron durante los últimos días la razón social familiar de Hugo, Pablo y Facundo Moyano y sus métodos de construcción de poder, han dejado de lado -y por lejos- la consideración sobre otros personajes y hechos de la vida política que también han sido noticia.
La ola informativa sobre el clan Moyano fue tapando de a poco otros temas de peso, como el asesinato mafioso de un sindicalista, la no visita de Barack Obama, la llegada de Dilma Rousseff, la inflación y los bloopers de Amado Boudou, el cálculo engañoso del superávit fiscal, la polémica entre la UIA, Débora Giorgi y Aníbal Fernández por las importaciones, las discusiones e internas por la baja de la edad de imputabilidad de los menores, el narcoavión y el modo y el lugar dónde fue cargado con casi una tonelada de cocaína, la pista clandestina de Formosa, la defensa de la Fuerza Aérea que hizo el ministro Arturo Puricelli, el papel de Nilda Garré, la inseguridad, los asaltos a bancos al estilo Bonnie and Clyde, etcétera.
En medio de tamaño contexto, donde las internas partidarias se asemejan hoy casi a un juego de niños, resulta más que evidente que la opinión pública todavía parece mirar desde la tribuna y sin ponerse demasiado nerviosa, todo este oscuro partido.
Es probable que, anestesiada por el consumo o debido a sus prejuicios contra el capitalismo y las instituciones o quizás porque no accede a intelectualizar estos temas como muy graves, buena parte de la sociedad crea que el bloqueo en los puertos de Rosario para cargar la soja que trae divisas y le genera ingresos al Fisco, es una romántica patriada sindical de Hugo contra la voracidad patronal o que el robo de afiliados a los mercantiles de Armando Cavalieri que intentó Facundito, en medio de una batahola en un peaje porteño, es parte del folclore gremial.
O, peor aun, que el pataleo por el cercenamiento de la libertad de prensa que deriva de haber impedido la circulación de una decena de diarios que pergeñó Pablo en la madrugada del viernes es sólo cosa de los periodistas o de las empresas, cuando en estas cuestiones se afecta gravemente no sólo la intelectualidad de quienes escriben o el derecho al comercio de quienes editan las publicaciones, sino esencialmente la libertad de los destinatarios para informarse.
Por ese motivo, para proteger todos esos derechos que el gran público parece no registrar, el artículo 161 del Código Penal señala que sufrirá prisión de uno a seis meses, el que impidiere o estorbare la libre circulación de un libro o un periódico. Al respecto, el juez nacional en lo Civil, Gastón Polo Olivera ya había emplazado al ministerio de Seguridad, en la persona de la ministra Garré, para que las fuerzas policiales eviten que nuevos bloqueos impidan la circulación de medios gráficos, lo que motivó la muy dura queja de ADEPA contra la inacción gubernamental" y la pasividad policial.
Dicho en otros términos y con cierta finura, desde el poder del Estado, que debe tutelar los derechos que consagra la Constitución, nadie le prestó atención a la orden del magistrado; no hay detenidos ni investigados y hasta Pablo Moyano alardeó con seguir las protestas hasta que los choferes de camionetas y combis de los repartos de diarios y revistas, todas empresas PyME o aún monotributistas, pasen a formar parte del gremio de camioneros.
Ante tanta desidia gubernamental y social, lo cierto es que el caso de los Moyano y el fortalecimiento del poder sindical a puro apriete parecen quedar por ahora al tope de las preocupaciones, pero sólo de los analistas y especialmente de los políticos. Elisa Carrió y Eduardo Duhalde han dicho cosas muy fuertes del jefe de la CGT, la primera denunciando que extorsiona al Gobierno y el ex presidente calificándolo de desbordado.
En tanto, en el círculo íntimo de la Presidenta se evalúa que existen hoy únicamente dos personas que pueden condicionar al Gobierno. Uno es Daniel Scioli, quien si se le planta al kirchnerismo y le sugiere apenas que va a adelantar las elecciones provinciales o que quiere a ir a las primarias contra Cristina, podría dejarlo huérfanos de votos. Desde la orilla del bonaerense nadie hace olas, dicen por lo bajo que una fórmula Scioli-Reutemann sería imbatible porque casi unificaría al PJ, pero tácticamente prefieren por ahora mantenerse encolumnados detrás del apoyo a la reelección presidencial, esperando las definiciones de Cristina.
La Presidenta, tironeada por su entorno más radical, aunque muy golpeada todavía por su situación personal, está dando en sus discursos señales públicas de continuidad, aunque objetivamente le conviene esperar todo lo que le sea posible para definir su futuro. Si lo hace por el sí, necesitará gestionar con mayor eficiencia para no dejar flancos débiles, y, simultáneamente, deberá armar, muy a su pesar, todo lo que antes le armaba su difunto esposo. Y si dice que no, inmediatamente se convertirá en un pato rengo, al decir del mote que los estadounidenses le ponen a los presidentes que no pueden reelegirse y declinan en su poder. En el caso de un peronista perder la iniciativa -y la caja- suele resultar políticamente mortal.
Pese a que el Ejecutivo se lo premió con el nombramiento de jueces laborales afines a su entorno, el otro gran cuco del Gobierno es precisamente Hugo Moyano y sus formas de concebir el armado gremial. El extremo protagonismo que tuvo junto a toda su familia en estos días se da justo en un momento en que las veredas sindicales están superpoblada de fracciones y cuando el tironeo por el poder se hace cada vez más evidente.
Hoy, la corriente mayoritaria de la CGT que él lidera sigue teniendo el contrapeso interno de los cinco gremios que manejan los "gordos" -mercantiles, ferroviarios, Luz y Fuerza, Alimentación y Sanidad- y también el de los llamados sindicatos independientes (metalúrgicos, construcción, estatales de UPCN) que critican el manejo personalista del camionero, aunque nunca van a fondo, en una especie de pacto tácito para no molestarse mutuamente.
Por otro lado, hace más de dos años que el gastronómico Luis Barrionuevo fundó la CGT Azul y Blanca y se abrió de Moyano llevándose unos 60 sindicatos y manteniendo cerca el sello de las 62 Organizaciones Peronistas. Por último, está la importante fracción de gremios de la CTA, ahora también partida en dos por el acercamiento del docente Hugo Yasky al Gobierno. Y en todo este mosaico, hay que tomar muy en cuenta, además, la rebelión que muchos militantes de izquierda están haciéndole desde las mismas bases a la que llaman, al modo setentista, la burocracia sindical, copándole comisiones internas, impulsando el espíritu asambleístico y pidiéndole al ministerio de Trabajo su reconocimiento.
En tanto, los ojos de la Justicia están como nunca posados en las malversaciones que se le atribuyen a las Obras Sociales sindicales y en esa cuestión, más allá de la cárcel que sufre el bancario Juan José Zanola, no ha quedado indemne ni siquiera Hugo Moyano, a quien se lo está investigando dentro de la causa llamada "mafia de los medicamentos" por una supuesta falsificación de troqueles de remedios oncológicos utilizados para cobrar reintegros del APE, el Programa de la Superintendencia de Seguros de Salud destinado a atender tratamientos costosos y especiales que acaba de ser lubricado con fondos oficiales. Justamente, desde ese lugar se armaron los aportes de campaña para las elecciones de 2007, con fondos de droguerías y con dinero probablemente vinculado con el lavado del narcotráfico.
En todo este contexto de juegos entrecruzados de sindicatos y de maniobras que está investigando el juez Norberto Oyarbide, hay que sumar durante esta última semana, el asesinato a mansalva del tesorero de la Obra Social del gremio de Barrionuevo del personal de Maestranza, Roberto Roger Rodríguez, cuyo esclarecimiento se busca acelerar.
En relación a Moyano, la gran duda de los operadores del kirchnerismo, cuentan en privado hombres cercanos al poder, es saber si el titular cegetista trabaja para el Gobierno o si lo hace para sí mismo. Y hay quienes temen que un contrapeso gremial de esas características le haga perder las elecciones al Frente para la Victoria, en un año donde la inflación puede dispararse aún más si las demandas salariales se vuelven desmedidas. "Un pelotazo en contra", se animan a decir para definirlo.
Justamente, ante la gravedad en que puede devenir la situación inflacionaria es que las manifestaciones jocosas del ministro de Economía sobre la disparidad de precios se han tornado patéticas en un hombre que ha pasado por una Universidad y que se supone que sabe de memoria que no es que los precios suban, sino que es el dinero el que está perdiendo poder adquisitivo. Mucho más risible ha sido la verborragia zumbona de Boudou, quien según denunció la prensa está utilizando la estructura de su ministerio para candidatearse como Jefe de Gobierno porteño, porque se ha puesto a dar consejos similares a los que en los 90 daba Lita de Lazzari: "Caminen y busquen precios". Sin embargo, lo que ha mostrado el ministro es un total desconocimiento de la vida de todos los días y subestimación de los consumidores, ya que son millones las personas que a diario se la pasan buscando precios.
La ola informativa sobre el clan Moyano fue tapando de a poco otros temas de peso, como el asesinato mafioso de un sindicalista, la no visita de Barack Obama, la llegada de Dilma Rousseff, la inflación y los bloopers de Amado Boudou, el cálculo engañoso del superávit fiscal, la polémica entre la UIA, Débora Giorgi y Aníbal Fernández por las importaciones, las discusiones e internas por la baja de la edad de imputabilidad de los menores, el narcoavión y el modo y el lugar dónde fue cargado con casi una tonelada de cocaína, la pista clandestina de Formosa, la defensa de la Fuerza Aérea que hizo el ministro Arturo Puricelli, el papel de Nilda Garré, la inseguridad, los asaltos a bancos al estilo Bonnie and Clyde, etcétera.
En medio de tamaño contexto, donde las internas partidarias se asemejan hoy casi a un juego de niños, resulta más que evidente que la opinión pública todavía parece mirar desde la tribuna y sin ponerse demasiado nerviosa, todo este oscuro partido.
Es probable que, anestesiada por el consumo o debido a sus prejuicios contra el capitalismo y las instituciones o quizás porque no accede a intelectualizar estos temas como muy graves, buena parte de la sociedad crea que el bloqueo en los puertos de Rosario para cargar la soja que trae divisas y le genera ingresos al Fisco, es una romántica patriada sindical de Hugo contra la voracidad patronal o que el robo de afiliados a los mercantiles de Armando Cavalieri que intentó Facundito, en medio de una batahola en un peaje porteño, es parte del folclore gremial.
O, peor aun, que el pataleo por el cercenamiento de la libertad de prensa que deriva de haber impedido la circulación de una decena de diarios que pergeñó Pablo en la madrugada del viernes es sólo cosa de los periodistas o de las empresas, cuando en estas cuestiones se afecta gravemente no sólo la intelectualidad de quienes escriben o el derecho al comercio de quienes editan las publicaciones, sino esencialmente la libertad de los destinatarios para informarse.
Por ese motivo, para proteger todos esos derechos que el gran público parece no registrar, el artículo 161 del Código Penal señala que sufrirá prisión de uno a seis meses, el que impidiere o estorbare la libre circulación de un libro o un periódico. Al respecto, el juez nacional en lo Civil, Gastón Polo Olivera ya había emplazado al ministerio de Seguridad, en la persona de la ministra Garré, para que las fuerzas policiales eviten que nuevos bloqueos impidan la circulación de medios gráficos, lo que motivó la muy dura queja de ADEPA contra la inacción gubernamental" y la pasividad policial.
Dicho en otros términos y con cierta finura, desde el poder del Estado, que debe tutelar los derechos que consagra la Constitución, nadie le prestó atención a la orden del magistrado; no hay detenidos ni investigados y hasta Pablo Moyano alardeó con seguir las protestas hasta que los choferes de camionetas y combis de los repartos de diarios y revistas, todas empresas PyME o aún monotributistas, pasen a formar parte del gremio de camioneros.
Ante tanta desidia gubernamental y social, lo cierto es que el caso de los Moyano y el fortalecimiento del poder sindical a puro apriete parecen quedar por ahora al tope de las preocupaciones, pero sólo de los analistas y especialmente de los políticos. Elisa Carrió y Eduardo Duhalde han dicho cosas muy fuertes del jefe de la CGT, la primera denunciando que extorsiona al Gobierno y el ex presidente calificándolo de desbordado.
En tanto, en el círculo íntimo de la Presidenta se evalúa que existen hoy únicamente dos personas que pueden condicionar al Gobierno. Uno es Daniel Scioli, quien si se le planta al kirchnerismo y le sugiere apenas que va a adelantar las elecciones provinciales o que quiere a ir a las primarias contra Cristina, podría dejarlo huérfanos de votos. Desde la orilla del bonaerense nadie hace olas, dicen por lo bajo que una fórmula Scioli-Reutemann sería imbatible porque casi unificaría al PJ, pero tácticamente prefieren por ahora mantenerse encolumnados detrás del apoyo a la reelección presidencial, esperando las definiciones de Cristina.
La Presidenta, tironeada por su entorno más radical, aunque muy golpeada todavía por su situación personal, está dando en sus discursos señales públicas de continuidad, aunque objetivamente le conviene esperar todo lo que le sea posible para definir su futuro. Si lo hace por el sí, necesitará gestionar con mayor eficiencia para no dejar flancos débiles, y, simultáneamente, deberá armar, muy a su pesar, todo lo que antes le armaba su difunto esposo. Y si dice que no, inmediatamente se convertirá en un pato rengo, al decir del mote que los estadounidenses le ponen a los presidentes que no pueden reelegirse y declinan en su poder. En el caso de un peronista perder la iniciativa -y la caja- suele resultar políticamente mortal.
Pese a que el Ejecutivo se lo premió con el nombramiento de jueces laborales afines a su entorno, el otro gran cuco del Gobierno es precisamente Hugo Moyano y sus formas de concebir el armado gremial. El extremo protagonismo que tuvo junto a toda su familia en estos días se da justo en un momento en que las veredas sindicales están superpoblada de fracciones y cuando el tironeo por el poder se hace cada vez más evidente.
Hoy, la corriente mayoritaria de la CGT que él lidera sigue teniendo el contrapeso interno de los cinco gremios que manejan los "gordos" -mercantiles, ferroviarios, Luz y Fuerza, Alimentación y Sanidad- y también el de los llamados sindicatos independientes (metalúrgicos, construcción, estatales de UPCN) que critican el manejo personalista del camionero, aunque nunca van a fondo, en una especie de pacto tácito para no molestarse mutuamente.
Por otro lado, hace más de dos años que el gastronómico Luis Barrionuevo fundó la CGT Azul y Blanca y se abrió de Moyano llevándose unos 60 sindicatos y manteniendo cerca el sello de las 62 Organizaciones Peronistas. Por último, está la importante fracción de gremios de la CTA, ahora también partida en dos por el acercamiento del docente Hugo Yasky al Gobierno. Y en todo este mosaico, hay que tomar muy en cuenta, además, la rebelión que muchos militantes de izquierda están haciéndole desde las mismas bases a la que llaman, al modo setentista, la burocracia sindical, copándole comisiones internas, impulsando el espíritu asambleístico y pidiéndole al ministerio de Trabajo su reconocimiento.
En tanto, los ojos de la Justicia están como nunca posados en las malversaciones que se le atribuyen a las Obras Sociales sindicales y en esa cuestión, más allá de la cárcel que sufre el bancario Juan José Zanola, no ha quedado indemne ni siquiera Hugo Moyano, a quien se lo está investigando dentro de la causa llamada "mafia de los medicamentos" por una supuesta falsificación de troqueles de remedios oncológicos utilizados para cobrar reintegros del APE, el Programa de la Superintendencia de Seguros de Salud destinado a atender tratamientos costosos y especiales que acaba de ser lubricado con fondos oficiales. Justamente, desde ese lugar se armaron los aportes de campaña para las elecciones de 2007, con fondos de droguerías y con dinero probablemente vinculado con el lavado del narcotráfico.
En todo este contexto de juegos entrecruzados de sindicatos y de maniobras que está investigando el juez Norberto Oyarbide, hay que sumar durante esta última semana, el asesinato a mansalva del tesorero de la Obra Social del gremio de Barrionuevo del personal de Maestranza, Roberto Roger Rodríguez, cuyo esclarecimiento se busca acelerar.
En relación a Moyano, la gran duda de los operadores del kirchnerismo, cuentan en privado hombres cercanos al poder, es saber si el titular cegetista trabaja para el Gobierno o si lo hace para sí mismo. Y hay quienes temen que un contrapeso gremial de esas características le haga perder las elecciones al Frente para la Victoria, en un año donde la inflación puede dispararse aún más si las demandas salariales se vuelven desmedidas. "Un pelotazo en contra", se animan a decir para definirlo.
Justamente, ante la gravedad en que puede devenir la situación inflacionaria es que las manifestaciones jocosas del ministro de Economía sobre la disparidad de precios se han tornado patéticas en un hombre que ha pasado por una Universidad y que se supone que sabe de memoria que no es que los precios suban, sino que es el dinero el que está perdiendo poder adquisitivo. Mucho más risible ha sido la verborragia zumbona de Boudou, quien según denunció la prensa está utilizando la estructura de su ministerio para candidatearse como Jefe de Gobierno porteño, porque se ha puesto a dar consejos similares a los que en los 90 daba Lita de Lazzari: "Caminen y busquen precios". Sin embargo, lo que ha mostrado el ministro es un total desconocimiento de la vida de todos los días y subestimación de los consumidores, ya que son millones las personas que a diario se la pasan buscando precios.








