El que servía para fines oscuros

Juan Antonio Yolis, siniestro personaje de la década de 1830. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.
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PERFIL DE UN CUCHILLO. Trazado por Juan Antonio Yolis en el expediente de una conspiración, en 1834. LA GACETA / ARCHIVO

Entre los personajes que actuaron en Tucumán en la década de 1830, resalta por sus perfiles tenebrosos el sargento mayor Juan Antonio Yolis. Hace unos años, publicamos una investigación sobre este hombre a quien Juan B.Terán califica de "frío y cruel", y que "servía para esos fines siniestros cuya responsabilidad los tiranos desean dejar en la oscuridad".
Poco se sabe de su existencia personal. Tampoco si era tucumano. Ejerció un tiempo el comercio y revistó en el ejército de la Provincia. Según Terán, fue el autor material, en 1824, del fusilamiento de Bernabé Aráoz, resuelto en Trancas con el pretexto de que iba a fugarse. Por esa época, Yolis era todo un unitario. Peleó a órdenes de La Madrid en la batalla de La Ciudadela, en 1831. Tras la derrota, se exilió un tiempo en Bolivia y luego cambió de bando. Volvió a Tucumán para manifestarse como un ferviente rosista. En agosto de 1832, el Procurador General de la ciudad lo denunciaba al gobierno por ejercer la medicina sin título alguno.
Pero el gobernador Alejandro Heredia miró al costado. Tenía simpatía a Yolis y lo nombró "Ayudante Mayor de Campo de la Comandancia". Después, Yolis se encargó diestramente de instruir todo los sumarios por conspiración, en los que repartía pedidos de fusilamiento, azotes y destierro. En uno se conserva el dibujo que trazó del cuchillo de un testigo. A Terán le impresionaba la posdata de una de sus notas al gobierno. Decía: "papel y grillos necesito".
Comentaba Terán que eran las sempiternas "armas de las tiranías: papel para justificar los grillos, los grillos para fundar la sentencia".En 1834, Yolis aparece sentado en una banca de diputado a la Sala de Representantes. Nunca intervino en debates y un día dejó de asistir a las sesiones. En 1835 ya no estaba en Tucumán. Desde Tolombón, escribía al gobernador de Salta, Felipe Heredia, y le anunciaba que, de acuerdo a su autorización, iba a volver a ejercer de médico. Desde entonces, se pierde en los documentos el rastro de este experto en "papel y grillos".

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