Se acabó el idilio con los hinchas

Desde todas las tribunas reprobaron la tarea del equipo.

15 Jun 2009
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UNA POSTAL AEREA. El estadio de La Ciudadela, momentos antes de que comenzara el encuentro. Una importante cantidad de simpatizantes ingresaron cuando ya se jugaba el encuentro. LA GACETA/ JORGE OLMOS SGROSSO

En la marquesina, con letras bien grandes, se podía leer "hoy hay que ganar, Ciudadela..." En los últimos 10 días pasó de todo. Pero a nadie se le escapó que la prioridad era obtener los tres puntos, indispensables para seguir alimentando las esperanzas de ver a San Martín una temporada más en Primera. Sin embargo, el mensaje no fue decodificado por los jugadores y desde el remate goleador de Silvio Iuvalé ya nada fue igual. Esas escasas partículas de ilusión se fueron desintegrando en las tribunas, refugio de los locos por los colores.
A grito pelado y desde los cuatro costados, la respuesta de los hinchas fue lapidaria. "La camiseta del ?santo?, se tiene que transpirar..." fue el último recurso empleado, pero el equipo jamás sintió el envión. Los minutos pasaban y los goles no llegaban.
La tibieza que se transmitía desde el campo fue la bofetada final para más de 20.000 personas que no podían creer que San Martín dejaba escapar una posibilidad más de salir del fondo de los promedios. La pesadilla sumaba un nuevo capítulo.
Ni siquiera el segundo tiempo sirvió para buscar algo de la identidad perdida. "Lo más lamentable es que perdimos de locales sin poner el amor propio que siempre caracterizó a los equipos de San Martín. Si hay que buscar justificativos para esta pobre campaña debo decir que no podemos aspirar a quedarnos en Primera con tantos defensores. Sólo un milagro nos dejará en la categoría", se lamentó Roberto Ahualli después del partido.
Y es ese el mayor dolor que sintió el hincha "santo": no morir de pie, sino pisoteado. Sobraron los pedidos de "actitud", pero la oferta no siguió el ritmo de la demanda. Lo peor que le puede pasar a un amante es no ser correspondido. Y a pesar de que miles se perfumaron y empilcharon para la ocasión, debieron marcharse desahuciados. Otra vez los habían dejado plantados.
Miradas perdidas; cabezas escondidas entre gorros y banderas. Nadie quería seguir viendo lo que pasaba en la cancha. Los más nuevitos pusieron alguna excusa y se fueron rápido. "Seguro que hay problemas a la salida", le explicó un plateísta a otro, que lo reprendía por la huida. Los otros, los que siempre están, ni se movieron hasta muchos minutos después del pitazo, que sonó a martillo de sentencia. Congelados, deseaban que todo fuese mentira; que San Martín no volviera a perder; sencillamente, que no volviera.
Algunos pidieron el término de un ciclo y, por supuesto, le apuntaron a los jugadores. Lo cierto es que salvo "la heroica", el futuro del "santo" ya no está en sus manos. Los hinchas presienten el final. La confianza fue profanada y nada hace prever que se la devuelvan pronto. Igual, seguirán esperando el milagro y que regrese a La Ciudadela parte de la mística perdida y que hizo grande a San Martín.
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