EN LA MERCED. El intendente Amaya, monseñor Machniak y sor Musial. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
28 Mayo 2009 Seguir en 

Los milagros atribuidos a Juan Pablo II no cesan. "Los testimonios sobre curaciones inexplicables para la ciencia siguen llegando al arzobispado de Cracovia, en Polonia, incluso acompañados por sus respectivos estudios médicos", afirma monseñor Jan Machniak, alguien muy cercano a la arquidiócesis que condujo Karol Wojtyla antes de ser Papa. El sacerdote polaco es colaborador del arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanislav Dziwisz, quien fue secretario personal de Juan Pablo II durante 40 años.
Monseñor Machniak y la religiosa sor Salwatriczc Musial, presidenta de la Asociación Apóstoles de la Divina Misericordia Faustinum, visitaron ayer la comunidad de La Merced, donde participaron de un almuerzo fraterno junto al arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Héctor Villalba, el párroco de la Victoria, monseñor Luis Liborio Randisi, sacerdotes y laicos comprometidos con la Divina Misericordia. Esta devoción surgió en 1930 cuando la religiosa polaca Faustina Kowalska dijo que vio a Jesús y que de su corazón emanaban rayos que simbolizan agua y sangre. En esas visiones, Jesús estableció que la hora para esta devoción serían las tres de la tarde. En ese momento suele rezarse la "coronilla", una oración para la cual se emplea un rosario común.
Los visitantes y sus anfitriones oraron ayer a las 14.45.
Beatificación
En un breve diálogo con LA GACETA, monseñor Machniak dijo que falta muy poco para que se cumpla el proceso de beatificación de Juan Pablo II. "Hace nada más que dos semanas se reunió la Comisión de los Teólogos que estudia la vida del Papa y dio su voto positivo. Queda otra reunión de cardenales, que seguramente también votará en positivo. Después de esta doble aprobación, se debe esperar a que concluya el proceso sobre el milagro, más que probado porque ya pasaron tres años", explicó. Recordó que el caso que se preparó para la beatificación fue el de una monja francesa que padecía Mal de Parkinson, la misma enfermedad que sufría Juan Pablo II. Ella oró al Papa y al despertar, al día siguiente, estaba curada.
Monseñor Machniak y sor Salwatriczc participaron del Congreso Latinoamericano sobre la Divina Misericordia, que se realizó en Río Tercero, Córdoba.
Desde allí comenzaron a trasladarse a las provincias donde hay fieles de esta particular devoción, a fin de tomar contacto con ellos e intercambiar sobre las actividades que se realizan.
Un signo del futuro
"Desde mucho antes de ser obispo de Cracovia, Juan Pablo II había visto en la Misericordia un signo para el futuro, y la necesidad de que todos los hombres abran su corazón a Jesús. El papa Benedicto XVI, con su carisma propio, gran teórico y escritor, ha experimentado esta devoción de otro modo. El mismo ha querido nombrar a Juan Pablo II como Apóstol de la Divina Misericordia y continuar con esta línea", dijo monseñor Machniak.
Recordó que el domingo siguiente a la Pascua, el Pontífice visitó Cracovia y dijo que el hombre necesita abrirse a esta nueva veneración, apoyándose en su mensaje, más alla de los rasgos particulares de cada uno. "Algunos adoran la imagen; otros rezan la "coronilla", pero lo importante es la entrega a Jesús, como él pide", explicó.
Sor Musial pertenece a la misma congregación de Santa Faustina (Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia), y dijo que la asociación que dirige "es un gran movimiento de laicos, sacerdotes y religiosas de todo el mundo, que viven bajo la guía de Santa Faustina y siguen las huellas de Jesús Misericordioso en el mundo". Asegura que los apóstoles de esta veneración "son capaces de hacer grandes obras de misericordia".
Monseñor Machniak y la religiosa sor Salwatriczc Musial, presidenta de la Asociación Apóstoles de la Divina Misericordia Faustinum, visitaron ayer la comunidad de La Merced, donde participaron de un almuerzo fraterno junto al arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Héctor Villalba, el párroco de la Victoria, monseñor Luis Liborio Randisi, sacerdotes y laicos comprometidos con la Divina Misericordia. Esta devoción surgió en 1930 cuando la religiosa polaca Faustina Kowalska dijo que vio a Jesús y que de su corazón emanaban rayos que simbolizan agua y sangre. En esas visiones, Jesús estableció que la hora para esta devoción serían las tres de la tarde. En ese momento suele rezarse la "coronilla", una oración para la cual se emplea un rosario común.
Los visitantes y sus anfitriones oraron ayer a las 14.45.
Beatificación
En un breve diálogo con LA GACETA, monseñor Machniak dijo que falta muy poco para que se cumpla el proceso de beatificación de Juan Pablo II. "Hace nada más que dos semanas se reunió la Comisión de los Teólogos que estudia la vida del Papa y dio su voto positivo. Queda otra reunión de cardenales, que seguramente también votará en positivo. Después de esta doble aprobación, se debe esperar a que concluya el proceso sobre el milagro, más que probado porque ya pasaron tres años", explicó. Recordó que el caso que se preparó para la beatificación fue el de una monja francesa que padecía Mal de Parkinson, la misma enfermedad que sufría Juan Pablo II. Ella oró al Papa y al despertar, al día siguiente, estaba curada.
Monseñor Machniak y sor Salwatriczc participaron del Congreso Latinoamericano sobre la Divina Misericordia, que se realizó en Río Tercero, Córdoba.
Desde allí comenzaron a trasladarse a las provincias donde hay fieles de esta particular devoción, a fin de tomar contacto con ellos e intercambiar sobre las actividades que se realizan.
Un signo del futuro
"Desde mucho antes de ser obispo de Cracovia, Juan Pablo II había visto en la Misericordia un signo para el futuro, y la necesidad de que todos los hombres abran su corazón a Jesús. El papa Benedicto XVI, con su carisma propio, gran teórico y escritor, ha experimentado esta devoción de otro modo. El mismo ha querido nombrar a Juan Pablo II como Apóstol de la Divina Misericordia y continuar con esta línea", dijo monseñor Machniak.
Recordó que el domingo siguiente a la Pascua, el Pontífice visitó Cracovia y dijo que el hombre necesita abrirse a esta nueva veneración, apoyándose en su mensaje, más alla de los rasgos particulares de cada uno. "Algunos adoran la imagen; otros rezan la "coronilla", pero lo importante es la entrega a Jesús, como él pide", explicó.
Sor Musial pertenece a la misma congregación de Santa Faustina (Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia), y dijo que la asociación que dirige "es un gran movimiento de laicos, sacerdotes y religiosas de todo el mundo, que viven bajo la guía de Santa Faustina y siguen las huellas de Jesús Misericordioso en el mundo". Asegura que los apóstoles de esta veneración "son capaces de hacer grandes obras de misericordia".







