Médico haciendo de dentista

Lucio V. Mansilla y el tucumano Caupolicán Molina. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA.

03 Mar 2009
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LUCIO V. MANSILLA. Poco conocido retrato del general, tomado por Enrique Artigue hacia 1868 y propiedad del profesor Miguel Angel De Marco.

El médico militar tucumano Caupolicán Molina (1833-1871), cuyo nombre lleva una calle de esta ciudad, se destacó singularmente por su actuación profesional en las batallas de Cepeda y de Pavón, así como en los más sangrientos combates de la Guerra del Paraguay. Jefes como Bartolomé Mitre y Wenceslao Paunero no ahorraron elogios sobre su persona.
En una de sus amenas "Causeries del jueves", publicada en el diario "Sud América" en 1889, con el título "¿Por qué?", el general Lucio V. Mansilla cuenta una anécdota que protagonizó con Molina. Ocurrió en el pueblo bonaerense de Rojas. Allí estaba destacado el regimiento 2 de línea, del que Mansilla era capitán. "Me dolía una muela, el médico de la división era Caupolicán Molina, médico de poca ciencia y de gran talento: tenía eso que sus afines llaman ojo médico y curaba, cómo, no sé, pero siempre curaba", escribe.
Mansilla informa al lector que "yo soy lo mismo que Julio César, en esta parte; flojo, como el tabaco holandés, para los dolores físicos, aunque al mismo tiempo soy capaz de soportarlos por energía moral". El caso es que se presentó al consultorio del doctor Molina. "Vengo a que me saques una muela", le dijo; pero le advirtió que "no me des cloroformo". Molina se asombró ante el pedido. "Si no me das cloroformo, haré fuerzas y se me pasará el dolor". El tucumano, tras decirle "eres un loco, no te curarás", lo sentó en el sillón. "Mandó llamar un ayudante, me cloroformizó, me sacó otra muela por equivocación - cosa de risa para contarla en otro lugar- y mientras estuve cloroformizado no hablé sino en inglés, idioma que hacía muchos años no hablaba".
Apunta Mansilla que desde entonces, cada ve que lo anestesiaba un dentista, le advertía que "voy a delirar, pero lo haré en inglés, ya que siempre en inglés he delirado". El autor de "Una excursión a los indios ranqueles" termina su evocación con un cariñoso comentario sobre el Cirujano Mayor, doctor Caupolicán Molina. "¡Pobre amigo querido! Murió prematuramente durante la gran epidemia de fiebre amarilla cumpliendo con su deber, devorado por el flagelo".
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