El costo de la verdad, según la experiencia de Obama

Por Rosendo Fraga - Politólogo - Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

17 Nov 2008

La discusión teórica entre verdad y acción política tiene un caso muy concreto para analizar, a partir de las definiciones públicas del Presidente electo de los EE.UU., respecto a la crisis económica mundial. Desde que ganó, los valores de Wall Street han caído fuertemente. La razón es muy simple: Obama está diciendo la verdad.
Desde que fue electo, sus definiciones han sido muy precisas e incluso ha leído en lugar de hablar, para no cometer errores. Dos días después del triunfo, adopta la definición más relevante sobre la economía, al reconocer que la crisis económica que afecta a los EEUU y se ha globalizado durará años e incluso puede prolongarse durante más de un período presidencial.
Obama, en mi opinión, ha dicho la verdad, pensando como estadista y no como político atento sólo a los sondeos de corto plazo. Los mercados lo han criticado, diciendo que sigue en campaña electoral, eludiendo las definiciones que la incertidumbre económica necesita. Los mercados hubieran querido que al otro día de ganar hubiese designado a su secretario del Tesoro para que hiciera la transición cogobernando con Bush, o que por lo menos hubiese anunciado los nombres para los cargos claves en la economía y las finanzas o que se hiciera presente en la Cumbre del G20, anunciando medidas y avanzando las definiciones a las que se pudiera llegar.
Pero como hiciera Roosevelt entre 1932 y 1933, cuando eludió cogobernar con un presidente muy desgastado como Hoover, ahora Obama parece repetir la actitud del Presidente más importante del Partido Demócrata. Obama no está cediendo a la presión de los mercados y prefiere decir la verdad sobre el largo plazo, mientras elude las definiciones sobre el corto. Los pragmáticos dicen que Obama deberá dar una versión optimista para justificar una rebote de las acciones. Pero esto es una visión sólo de corto plazo.
Frente a la crisis económica mundial más grave desde la Segunda Guerra, Obama está actuando como Churchill: prefiere decir la verdad, a costo de complicar el corto plazo, pero asumiendo que las soluciones del largo no llegarán con un falso optimismo de coyuntura.

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