La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje brasileño, donde se impuso con el 51,7% de los votos frente al 48,2% de Flávio Bolsonaro, desató una ola de celebraciones entre los referentes de la izquierda a nivel regional y global.
Para el arco progresista, el resultado representa una "victoria histórica" que frena el avance de la derecha en América Latina y se consolida a Brasil como uno de sus principales bastiones.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fue una de las primeras en manifestarse. A ella se sumó el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, quien no escatimó en elogios: felicitó a su "hermano" por el triunfo sobre el hijo del ex presidente Jair Bolsonaro y aseguró que el resultado "garantiza la continuidad del camino de paz, soberanía y justicia social".
Lula dio vuelta la elección en Brasil y prometió hacer el mejor gobierno de su vidaEn la misma sintonía, el mandatario uruguayo, Yamandú Orsi, destacó la "fiesta democrática" que representó el proceso electoral.
Desde Argentina, Cristina Fernández de Kirchner también se sumó a las felicitaciones. A través de sus redes, celebró a su "compañero presidente", a quien recibió en Buenos Aires el año pasado.
Por su parte, el gobierno de Venezuela, a través de su cancillería, destacó la "contundente muestra de participación cívica" del pueblo brasileño.
El respaldo del progresismo global
El eco de la victoria traspasó las fronteras latinoamericanas y llegó a las principales figuras del progresismo mundial. El ícono de la izquierda estadounidense, Bernie Sanders, se mostró aliviado por el resultado.
En Europa, el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, celebró el triunfo de su par brasileño, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, apostó por trabajar en conjunto por "un mundo más justo".
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó el resultado como un triunfo para "la democracia y el multilateralismo", en línea con la defensa del Sur Global que caracteriza al mandatario brasileño.
La remontada de Lula, quien había perdido en la primera vuelta, no solo reafirma el peso del progresismo en la región, sino que también envía una señal de resistencia frente al giro hacia la derecha que atraviesan países como Argentina, Chile o Colombia.