BRASILIA, Brasil.- El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su rival Flávio Bolsonaro se miden el domingo en la primera vuelta de las presidenciales de Brasil, que decidirán si la principal economía latinoamericana se mantiene a la izquierda o se suma a la ola derechista en la región alentada por Donald Trump.

Los sondeos dan una leve ventaja al veterano Lula, de 80 años, sobre el senador e hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, de 45.

La campaña mantuvo un tono menos belicoso que el que marcó el duelo de 2022, entre Lula y su némesis ultraderechista, hoy preso por el intento de golpe de Estado de 2023, tras perder esos comicios por poco margen.

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Pero estuvo salpicada por escándalos y acusaciones de corrupción, que alcanzaron al propio Flávio Bolsonaro.

Muchos brasileños se muestran cansados de ver prácticamente a los mismos actores en liza -Lula busca un cuarto mandato y los Bolsonaro luchan en su tercera elección consecutiva- y desconfían cada vez más de las instituciones.

“Sigo indeciso. Porque la corrupción es tan descarada. Es difícil”, dice Joel da Silva, de 42 años, portero en Rio de Janeiro que ya votó por ambas opciones en elecciones pasadas.

Lo más probable es que Lula y Flávio Bolsonaro deban luchar por cada voto de los casi 160 millones de electores en una segunda vuelta el 25 de octubre, en la que aparecen técnicamente empatados.

La sombra de Trump

Lula enarboló la bandera de la soberanía ante lo que denunció como el intervencionismo de Donald Trump, después de que aspirantes de derecha apoyados por el mandatario estadounidense se impusieran en las presidenciales de Chile, Colombia y Perú.

“Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, lanzó Lula en la Asamblea General de la ONU.

Hasta ahora Trump no apoyó explícitamente al hijo de su aliado Jair Bolsonaro, si bien recibió al senador este año en un encuentro en la Casa Blanca.

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Lula, que hizo campaña con el sombrero panamá que lleva desde que sufrió cáncer de piel, dice estar más en forma que nunca.

Su tercer mandato no consecutivo se cierra con una economía que se desacelera y una inseguridad rampante, pero con un desempleo en mínimos históricos.

La mayor economía de América Latina registró una tasa de desempleo de 5,3% en el trimestre, la más baja para el periodo desde 2012, cuando el indicador comenzó a medirse con el método actual, informó el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.

El desempleo viene cayendo sostenidamente desde el trimestre que cerró en marzo, cuando se ubicó en 6,1%.

El indicador tuvo una caída de 0,3 puntos porcentuales en la comparación interanual.

Promesas y beneficios

En un intento de desempatar los sondeos, hizo guiños a las clases populares: subió la dotación de su programa de asistencia social Bolsa Familia y prohibió las apuestas en línea, que endeudan a millones de brasileños.

“Sin querer idolatrar, es uno de los mayores presidentes que tuvo este país”, dice Israel Gomes, de 52 años, en el hotel que administra en Brasilia, frente a un retrato de un joven Lula. Pero el izquierdista nunca terminó de sacudirse la etiqueta que le puso la derecha de “ladrón”, luego de la condena por corrupción que lo llevó a la cárcel en 2018, más de un año antes de que fuera anulada por motivos de forma.

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Flávio Bolsonaro fue designado candidato luego de que su padre, líder indiscutido de la derecha brasileña que gobernó con ataques persistentes a las instituciones, fuera condenado a 27 años de prisión.

De perfil bajo y poco conocido a nivel nacional hasta hace poco, asume sin complejos su condición de “hijo de”, aunque se presenta como una versión más moderada que el ultraderechista.

Su principal promesa: emular el modelo de mano dura del salvadoreño Nayib Bukele.

El sastre Elias Camisero, de 74 años, votará por él para acabar con los grupos criminales que controlan barrios populares en grandes ciudades brasileñas.

“Tiene que terminar. Hoy, en Brasil, quien manda es el crimen organizado”, dice en San Pablo.

Flávio Bolsonaro dice que pasará página de la “incompetencia y corrupción” de los gobiernos de Lula. Pero es investigado por corrupción y lavado de dinero en la producción de un biopic sobre su padre, en parte financiado por un banquero detenido por estafa, Daniel Vorcaro.

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El senador admitió haberle pedido dinero, pero niega irregularidades.

Vorcaro habría además mantenido vínculos con un poderoso juez de la corta suprema.

Esto desató una crisis inédita en el seno del máximo tribunal en plena campaña.

“Hay cansancio del electorado, que piensa que todo el mundo es corrupto”, dijo el profesor Joscimar Silva, del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Brasilia.

Lo que se juega en unas elecciones polarizadas

Dos modelos.- En medio de una profunda polarización, Brasil acude a las urnas el domingo para optar entre dos modelos de país propuestos por el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el derechista Flávio Bolsonaro.

¿Bastión de izquierda o alianza de derecha?.- América Latina giró a la derecha en los últimos años: Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia y, más recientemente, Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú. Una victoria de Lula mantendría a Brasil, que concentra cerca de la mitad del PIB y de la población de Sudamérica, como el reducto de la izquierda en la región, junto a México. Flávio Bolsonaro sumaría al país a la ola de la derecha.

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La relación con Washington.- Donald Trump, aliado del ex presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, impuso aranceles punitivos a productos brasileños y sancionó a jueces y otros funcionarios. Si gana Lula, Washington seguirá recurriendo a amenazas y aranceles selectivos, sus “instrumentos permanentes de negociación coercitiva” para frenar los lazos con China, prevé Regiane Bressan, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de San Pablo. Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil, detrás de China. Con Flávio, habría un alineamiento con Washington, “al menos discursivo”, dice Bressan. Pero cualquier alejamiento comercial de Pekín chocaría con “un veto inmediato” del poderoso sector del agronegocio, aliado del derechista, pero que tiene como principal cliente al país asiático.

Prueba para la democracia.- Jair Bolsonaro atacó durante años, sin pruebas, el sistema de voto electrónico y nunca reconoció su derrota de 2022. El 8 de enero de 2023, miles de sus seguidores invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia para protestar contra un supuesto fraude. Al inicio de su campaña, Flávio sembró dudas sobre las urnas electrónicas, aunque luego afirmó que respetaría los resultados. Lula defendió la semana pasada ante la ONU un sistema electoral “moderno y robusto” y advirtió que no permitirá que “los enemigos de la democracia, internos y externos” atenten contra la voluntad popular.

El futuro de la corte suprema.- El domingo se renovarán también íntegramente la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado, de mayoría conservadora en los últimos años. Esto es importante también porque el próximo presidente podrá nombrar hasta cuatro de los once jueces de la corte suprema, que son ratificados por el Senado. En abril, la cámara alta rechazó al candidato de Lula al máximo tribunal, algo que no ocurría desde hace más de un siglo. Flávio Bolsonaro ha arremetido contra la corte y aboga por la destitución del juez Alexandre de Moraes, a cargo del juicio que condenó a 27 años de cárcel a su padre por golpismo.

La Amazonía y el cambio climático.- Brasil es clave en la lucha contra el cambio climático por albergar la Amazonía, la mayor selva tropical del planeta. Pero el tema está ausente de la campaña, pese a que el 91% de los brasileños considera importante que los candidatos presenten propuestas climáticas, según una encuesta de la empresa Ipsos difundida por el Observatorio do Clima. La deforestación cayó fuertemente durante el gobierno de Lula, que mantiene su promesa de acabar con ella para 2030. Al mismo tiempo, el izquierdista apoya la exploración petrolera cerca de la desembocadura del Amazonas, con el argumento de que sus ingresos financiarán la transición energética. Flávio ha evitado atribuir el calentamiento global a la acción humana. Aun así, promete terminar con la deforestación en 2029, aunque su respaldo al agronegocio genera dudas sobre su cumplimiento.