La historiadora Gabriela Lupiañez, docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) e investigadora del Instituto Superior de Estudios Sociales, habló sobre la Batalla de Tucumán en LGPlay. Consideró, entre otros, que la importancia del 24 de septiembre para los tucumanos estriba en que se conmemora el compromiso que asumieron con la guerra y con la independencia. “Es también un hito para lo que después va a conformar la Argentina, porque el triunfo marcó el límite norte de la revolución, la frontera hasta donde el gobierno revolucionario podía tomar decisiones, y estas fueran acatadas”, planteó. Ilustró la idea con el caso de Salta, invadida en 1812, en 1813 -en febrero se da la batalla y los invasores fueron expulsados-, en 1814, y en varias oleadas hasta 1821. Pero a Tucumán no volvieron nunca más.

Recordó que el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, buscaba tender un puente con las autoridades leales a la península ibérica que estaban en Montevideo, para aislar al gobierno al que trataban de insurgente y rebelde. Ese proyecto se abortó con el triunfo del 24 de septiembre de 1812.

A 214 años de la Batalla de Tucumán, Chahla reivindicó el orgullo de vivir en la tierra que defendió la libertad

“Fue un triunfo particular porque es una batalla breve; se sorprende al enemigo en una zona boscosa, y este creía que venía a tomar posesión de la ciudad. No está claro qué informes tenían y sobre qué basaron esa confianza. El punto es que los desbandan, no les dan tiempo para que formen línea -formaciones típicas de la guerra- ni que armen los cañones”, relató.

Señaló, también, que el ejército de Manuel Belgrano llegaba en retirada desde Huaqui, derrotado en junio de 1811, y que había que levantarle el ánimo, darle de comer y vestirlo. “A partir de ahí se producen estas negociaciones, y está el debate de si Belgrano quería convencer a los vecinos de Tucumán o si fueron estos los que convencieron a Belgrano. Tiendo a creer que Belgrano supo manejar las cosas para recibir un sí más contundente”, sostuvo.

La Batalla de Tucumán, y la deuda a saldar

Contó que la demora del ejército enemigo dio margen para que Ramón Balcarce preparara a los tucumanos que la familia Aráoz trajo desde el campo y les enseñara los rudimentos de la guerra. “Y vienen soldados de Santiago, de Catamarca, de Salta y de Jujuy. El apoyo es importante, pero nunca tan grande numéricamente como el ejército que venía desde el norte”, destacó.

Recordó que la batalla se produjo en torno del mediodía, y que fue como una desbandada. “El ejército enemigo se reúne hacia el sudeste; y desde ahí amenazan. Se habla de que bombardean la ciudad, de que conminan a los tucumanos a que se rindan. Pero estos, con el ejército que lidera Belgrano, dicen que no. Pasa la noche, y al poco tiempo ese ejército enemigo desaparece. No está claro por qué. Pío Tristán -americano, y compañero de estudios de Belgrano en España- nunca reconoce la derrota en Tucumán”, subrayó.

Sobre la base de ese dato, entre otros, Lupiañez insistió en que se trató de una batalla particular. “Muy distinta a otras, donde el enfrentamiento es claro, donde hay rendición. Y muy distinta también por la participación tan amplia de ese pueblo, que pone vallas y hace zanjas en la ciudad”, agregó.

“Para mí esto es patria”: La Ciudadela recordó la Batalla de Tucumán con una emotiva caminata

La investigadora se preguntó qué habrá pensado o esperado la gente. “Imagino a las mujeres encerradas con los hijos, rezando. Y a los hombres preparándose como pudieran. Lamentablemente no tenemos documentos que nos cuenten cómo se sintió la gente común ese mismo día. Tenemos de días previos y de días inmediatamente posteriores, más bien oficiales, que no cuentan intimidades”, lamentó. Respecto de aquellos documentos, advirtió que no hablan de un ejército “realista”, sino del ejército “de Lima” o “del virrey del Perú”. “Es como que evitaran todavía decir ‘nos estamos peleando con el rey’”, observó.

Gota que colma el vaso

Y marcó la relación entre la Batalla de Tucumán y la Revolución de Mayo. Indicó que en 1810 se había conformado por primera vez un gobierno que quería gobernar con autonomía de las autoridades que lo hacían en nombre del rey. Añadió que para 1812, los españoles habían sancionado una constitución según la cual la soberanía estaba en la nación, no en el rey, y que por nación consideraba a los españoles de ambos hemisferios: la parte peninsular y la americana. Pero destacó que Buenos Aires no había mandado representantes. “El Triunvirato no quería comprometerse, aunque tampoco se decidía a declarar la independencia. La batalla de Tucumán es la gota que colma el vaso: el gobierno de Buenos Aires cambia, y se define mucho más hacia la independencia”, afirmó.

Finalmente, señaló que la guerra también tenía una faceta de propaganda. “En 1810, el ejército revolucionario toma medidas que son bien tomadas en el Alto Perú; por ejemplo, liberar de los trabajos forzados a los indios. Ese ejército, liderado por Juan José Castelli, se gana la fama de hereje, de estar en contra de la religión, que era uno de los rasgos identitarios de esta sociedad. La religión tenía un peso muchísimo más importante en el mundo del que tiene hoy. Y divide aguas. El gesto de Belgrano, de entregar el bastón de mando a la Virgen de la Merced -cuyo día era el 24 de septiembre-, tiene que ver con eso; con reconocer el peso de la religión y también con mostrar que ese ejército revolucionario no es anticatólico. Un gesto para sostener la adhesión a esa revolución”, dijo.