¿Sabías que una ciudad también puede contar sus problemas desde el cielo? Hay figuras que aparecen en una imagen tomada por un dron y que, vistas desde una pantalla, dejan de ser solamente una acumulación de residuos. Pueden convertirse en un punto dentro de un mapa, tener una ubicación precisa, ser registrado por un sistema y, finalmente, transformarse en una información que ayude a decidir dónde enviar una cuadrilla.
Esa es la idea detrás de LimpIAR, un proyecto tecnológico nacido en Yerba Buena que combina inteligencia artificial, ciencia de datos y conocimiento geoespacial para detectar microbasurales y facilitar la gestión de los residuos urbanos.
La Municipalidad endurece su plan contra los basurales y pide el secuestro de vehículos de infractoresDetrás de la iniciativa hay un equipo de jóvenes que llegó al proyecto desde caminos diferentes. Tomás Tosello, de 23 años, estudia Ingeniería en Geodesia y Geofísica en la UNT; Guadalupe Amin, de 21, cursa Ingeniería en Informática en la Unsta; y Santiago Rodríguez Garay es estudiante avanzado de Turismo en la Universidad Siglo 21. A ellos se suman Diego Zimmermann, arquitecto de datos senior, y Patricio Campopiano, desarrollador web.
No eran compañeros de facultad ni venían trabajando juntos en un laboratorio. La idea comenzó a circular entre amigos, en un gimnasio y conversaciones.
El planteo inicial era desarrollar un sistema que pudiera detectar basurales a partir de imágenes y transformar esa información en indicadores que pudieran ser comprendidos por un trabajador municipal. No se trataba solamente de encontrar basura, sino de convertir una imagen en información útil.
Leandro Argañaraz, concejal por la capital: “Hay que admitir que existe un problema con los basurales”“Yo tengo la capacidad de hacer esto, ¿por qué no hacerlo?”, fue, en definitiva, una de las preguntas que impulsó al equipo según contó Guadalupe.
Un mapa
El funcionamiento de LimpIAR puede resumirse en una cadena. Una imagen, un algoritmo, un mapa y una decisión.
“No solamente se pueden detectar basurales a cielo abierto con imágenes de drones, el proyecto también transforma esos datos en indicadores clave y los resume para que cualquiera lo pueda entender y se facilite la toma de decisiones”, explica Santiago.
En el caso de Tomás, la propuesta encontró un punto de contacto natural con su formación. Trabaja con sistemas de información geográfica, mapas, cartografía y herramientas de representación territorial. Y había detectado una dificultad que excedía el problema de los residuos. “Muchas políticas públicas no trabajaban bien el tema de mapas para mostrar realmente el impacto producido por esas políticas públicas”, señala. Una buena representación cartográfica, sostiene, puede ayudar a entender “cómo hacen valer la plata del Estado” y cómo se la puede gastar de una manera más óptima.
Banda del Río Salí refuerza controles y campañas para frenar la formación de basurales urbanosLa geodesia aportaba una parte de la respuesta. “Esta disciplina es el estudio de la forma de la Tierra y su representación”, indica el joven. En ella confluyen la cartografía, la fotogrametría -el trabajo con drones- y la teledetección, que permite obtener información a partir de imágenes satelitales y otros sensores.
La inteligencia artificial completaba la otra parte.
La herramienta también cambió a medida que sus creadores comenzaron a hablar con quienes trabajan en los municipios. En San Miguel de Tucumán y Yerba Buena, por ejemplo, descubrieron que era necesario integrar la información con mecanismos que las propias administraciones ya utilizan, como denuncias vecinales o patrullajes.
Luego, con el trabajo de los integrantes vinculados con datos, el proyecto empezó a tomar otra forma hasta llegar a ser un sistema de gestión que permitiera “modificar, sacar conclusiones” y utilizar esa información para planificar políticas públicas, limpiezas o recorridos.
La imagen también cambia la lógica del trabajo. Si el algoritmo detecta un basural en una fotografía de alta resolución, el municipio puede contar con una primera evidencia sin enviar previamente a una persona a recorrer toda la zona. “Justamente el punto de esta inteligencia artificial es que no tenés que ir físicamente al basural para confirmar que esté ahí o no”, argumenta Guadalupe.
Aprender y escuchar
El desarrollo no fue solamente tecnológico. Antes de construir el producto, el equipo buscó comprobar si el problema que habían identificado era realmente relevante para quienes podrían utilizarlo.
Crece el número de basurales erradicados, según la Municipalidad capitalina“Tratamos de validar nuestra idea a través de encuestas, a gente común, a gente de los municipios, para comprobar qué tan valiosa era esta idea”, detalla Santiago.
Después llegó el desarrollo técnico y, con él, la pregunta sobre qué hacer con toda la información una vez obtenida.
Las conversaciones con distintos municipios fueron determinantes. En un congreso de Municipios Unidos por el Cambio Climático, los jóvenes pudieron hablar con intendentes y representantes de distintas partes del país.
“Pudimos hablar con gente de todo el país, con intendentes, incluso funcionarios de municipios que ya tenían totalmente tratado el tema de los basurales”, comentaron. Algunos se interesaron no necesariamente para utilizar el producto, sino por “lo que nos mueve a hacerlo”.
“Crecen” los basurales debido a un nuevo sistema de detección, dice el municipio capitalinoLa conclusión fue que no todos los municipios necesitan exactamente lo mismo. Por eso decidieron que LimpIAR no fuera solamente un software, sino que incorporara una parte de consultoría y recomendaciones para adaptar la herramienta a las necesidades de cada administración.
El proyecto fue presentado en un concurso de la Fundación Innovamos, en Buenos Aires. Participaron más de 60 iniciativas y LimpIAR obtuvo el primer puesto en la categoría Liderazgo Ético y Transformación Institucional.
“Ese resultado nos ayuda y nos motiva a darnos cuenta de que la idea que tenemos no solamente es buena, sino que transforma comunidades”, dicen.
Hoy su principal desafío es llevar la herramienta a una administración municipal y hacerla funcionar de manera regular. Quieren saber cuánto puede optimizar el flujo de trabajo, cuantificar esos resultados y, a partir de allí, volver sobre el producto para modificarlo, agregar funciones o eliminar aquello que no resulte útil.
En su horizonte, además, los jóvenes imaginan incluir ciudades que utilizan cada vez más información espacial y herramientas digitales para tomar decisiones. Miran lo que ocurre en Europa, Estados Unidos y algunas ciudades brasileñas que avanzan con modelos de representación digital de sus territorios.
“San Miguel de Tucumán logró erradicar el 40% de sus basurales a cielo abierto”, contó Julieta Migliavacca“Existe esa capacidad acá en Argentina y existen necesidades. Resolvamos” -dice Guadalupe mientras comparte el anhelo con sus compañeros- “que nos escuchen y que entiendan que de verdad puede mejorar”.