El mileísmo tuvo notorios hallazgos conceptuales en torno a los cuales abonó su discurso, en el camino hacia la presidencia y en el ejercicio del poder. No todos fueron originales pero fue políticamente exitosa su importación desde otras latitudes y su capacidad de instalarlos en la discusión pública en sintonía con el clima de época.
El primero es el de la casta, popularizado en la política italiana por movimientos antisistema como el de Beppe Grillo, apelando a la seductora idea de imputar los fracasos de una sociedad a elites que actúan contra los intereses ciudadanos. Un concepto efectista no exento de un riesgo búmeran, como el que afecta al oficialismo desde hace tres meses a raíz de las acrobacias contables del jefe de Gabinete.
Manuel Adorni ha entrado en un proceso de suspensión aparentemente irreversible de su credibilidad. Desde que dijo que había ido a Nueva York a “deslomarse”, se convirtió en meme. En las vísperas del inicio de un Mundial con anhelados efectos anestésicos, se transformó en un impostor inverosímil para una amplia mayoría. La coartada cripto, desmontada por las propias declaraciones del protagonista en videos de archivo en los que manifiesta conocimientos limitados y desconfianza sobre el tema, es una burla a la inteligencia ciudadana.
El lastre del caso Adorni, un “Cambalache” que desgasta la moral y pelotazo en contra para Milei“Nunca hubo ocultación alguna” dijo en el Congreso, y a la ciudadanía, en una cadena nacional de hecho. Poco más de un mes después admite haber ocultado una parte significativa de su patrimonio gracias a la opacidad de las monedas digitales, quebrando la regla número 1 del ilusionismo. El día que un mago revela sus trucos, está perdido.
El fin de la inocencia
“Más que un error, es una omisión ética”, sentenció Patricia Bullrich. Los viejos lobos de la política, en sentido inverso, recordaron la frase de Talleyrand, el diplomático francés que encarnó al pragmatismo: “es peor que un crimen, es un error”.
En la era analógica, cada tanto aparecía una noticia de un hombre que había ganado cuatro o cinco veces la lotería. Luego descubríamos que detrás del aparente desafío a las leyes probabilísticas había una artimaña para cubrir lagunas impositivas. A esto suena la explicación de Adorni. El mayor problema, para el Gobierno, es el efecto de ese relato inconvincente. En un cierre de semana en el que deberíamos hablar del menor riesgo país en ocho años, la caída de la inflación y la fuerte suba de las acciones argentinas, la conversación pública gira en torno a la ontología del bitcoin y la adhesión al régimen de “inocencia fiscal” del matrimonio Adorni, afectando la confianza social en una herramienta que el Gobierno esperaba transformar en un canal principal del flujo de dólares al sistema.
Manuel Adorni: la Justicia reconstruirá 13 años de bitcoin para verificar su patrimonioPor proximidad fonética, el apellido del jefe de Gabinete remite a una cualidad ornamental que ha perdido. En lugar de proporcionar estética al Gobierno, lo desluce. Así como a los ex presidentes suelen llamarlos jarrones chinos, porque nadie sabe dónde ponerlos, Adorni se convirtió en un objeto antidecorativo, frágil e incómodo. Un funcionario que ya no puede cumplir sus funciones, un vocero que ha perdido la potencia de su voz.
Hay demasiadas heridas autoinfligidas y algo de la tragedia de Icaro en el caso Adorni. Después de volar demasiado alto, con alas prestadas, en estas horas no sabe cómo contener su caída.
Riesgo ambivalente
Quizás el más funcional, el más riesgoso y el más esotérico de los términos del vocabulario mileísta es “el riesgo kuka”. Sobresale por su ambivalencia: fortalece y amenaza al mileísmo. En septiembre de 2025 estuvo a punto de derribarlo. Y en octubre le hizo ganar la elección que lo llevó a dominar nuevamente la escena política, dando impulso a un plan reformista que había fracasado en todos los gobiernos no peronistas desde el 83.
Lo más curioso del riesgo kuka no es su ambivalencia sino sus propiedades en otro terreno. No pertenece al campo de la física política clásica sino al de la cuántica. Como las partículas subatómicas, puede estar y no estar en un determinado lugar, y a un mismo tiempo. Paradójicamente, tanto el planteo de su existencia como el de su extinción –o el de su consistencia o fragilidad- salen, recurrentemente, de una misma boca. El ministro de Economía, Luis Caputo, es quien pasa de agitar el peligro, endilgándole la mayor parte de los males de la realidad nacional, a subestimarlo, sosteniendo que la reelección será un paseo.
Distopía retrospectiva
Es comprensible la aparente contradicción de quien maneja el timón de nuestra siempre endiablada economía. Necesitamos atraer los dólares de inversores que, a su vez, buscan creer que habrá continuidad de las políticas que los atraen o de las normas que los garantizan. Y el Gobierno necesita un símbolo que funcione como acechanza capaz de aglutinar los votos de quienes temen un regreso al pasado. “O la Argentina avanza o la Argentina retrocede” es la formulación, en clave electoral, de esa fobia.
La habilidad del discurso oficialista consistió en crear una distopía retrospectiva: una amenaza ubicada no en el futuro sino en el pasado. La construcción cuenta, desde ya, con las secuelas grabadas en la memoria del último año de un gobierno que terminó con un 211% de inflación y el de un presidente que sería denunciado por violencia de género por la esposa cuya foto de cumpleaños simbolizó la arbitrariedad del poder.
El “paseo” al que alude Caputo tiene su anclaje. A la aversión al pasado se suma un probable y excepcional encadenamiento de tres años de crecimiento con inflación a la baja e ingreso creciente de dólares. Imagina a 2027 como un escenario 1995, el de una ratificación de la estabilidad. “La economía se llevará puesta a la política”, vaticina, quizás sin calibrar el riesgo de atarse ciegamente a esa convicción.
El péndulo
El carácter cuántico del riesgo kuka no deriva de una elucubración esquizoide que circula en afiebradas cabezas del oficialismo. Son muchos los analistas y ciudadanos de a pie que conviven con esa dualidad conceptual. Periodistas, politólogos, economistas y especialistas en opinión pública alternan diagnósticos que dictaminan una erosión inevitable de la potencia electoral kirchnerista con encuestas o inferencias que muestran competitivo a ese sector de la vida política.
Presunto enriquecimiento ilícito: las rectificaciones no despejan las dudas sobre AdorniEl economista Ricardo Arriazu apela a la física clásica para señalar lo que considera clave en las perspectivas argentinas. “La recuperación de la confianza requiere superar el movimiento pendular”, resume. Tenemos los mejores números macroeconómicos de la región, pero un riesgo país más alto que Ecuador o Bolivia, seis veces más alto que Uruguay o Paraguay. La razón, indica, es nuestra pésima reputación.
En la Argentina, el temor al péndulo suele ser la fuerza que lo impulsa.
¿Existe o no existe?
El riesgo kuka no existe en la realidad –reflexiona el ministro de Economía-; lo que pasa es que está vivo en la imaginación de los inversores.
Para otros, es algo más que un objeto fantasmático que moldea expectativas.
La última encuesta de Hugo Haime posiciona a Cristina Kirchner como la persona con mejor imagen dentro de la dirigencia argentina. Su imagen negativa supera a la positiva, como pasa con casi todos los dirigentes, pero este muestreo indicaría que Cristina podría convertirse en el mejor significante del antimileísmo dentro de una sociedad polarizada. Un significante aprisionado.
Una elucubración de Realpolitik plantearía una transferencia de ese caudal político a un candidato competitivo, con viabilidad jurídica, como Axel Kicillof. Para eso, hay asperezas por limar dentro y fuera del kirchnerismo. La hipótesis convive con la posibilidad de que Cristina sea un ancla que lo hunda y licúe su estrategia de capturar votos moderados, que requieren que se despoje -con un discurso creíble- de sus rémoras ideológicas. La duda de fondo es si las chances de la oposición se acrecientan con una fórmula “moderación versus extremo” o con “extremo contra extremo”. Pactar con Cristina implica reavivar el recuerdo de un estatismo fallido y la idea de una “albertización”.
La chance electoral de la oposición requiere una economía estancada. Aquí el riesgo kuka jugaría a favor de esa posibilidad. Un retorno a priori improbable podría materializarse si muchos creyeran en su consistencia.
¿Hay riesgo M?
El riesgo kuka se asocia al populismo concebido como un distribucionismo demagógico que sacrifica el futuro en el altar del presente. El superávit fiscal es, en el imaginario nacional, una vacuna contra ese uso insustentable de los recursos públicos.
El populismo no es sólo un fenómeno económico. Tiene una dimensión institucional: el sacrificio de reglas, principios y prácticas republicanos en el altar de postulados económicos, ambiciones personales o caprichos y torpezas. A veces las dos caras conviven. Y en otros casos, una cara se opone a la otra. Este es el riesgo que corre Milei al merodear los límites del sistema. “Juego al fleje”, suele decir.
El problema es que ese turismo fronterizo genera inquietud en quienes valoran la previsibilidad económica y la seguridad jurídica apoyadas en el cumplimiento, y en las manifestaciones de respeto, del orden constitucional y de los usos y costumbres de una convivencia armónica. Requieren señales claras de continuidad en las reglas del juego institucional. Un poder limitado, derechos ciudadanos garantizados por una justicia independiente, libertad para expresarse y una gimnasia electiva que permita modificar rumbos sin desconocer esas normas ni desperdiciar los esfuerzos realizados.
Argentina cuántica
En 1957, Hugh Everett III publicó su interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica, una de las ideas más influyentes de la física. El físico Alberto Rojo nos recuerda que, quince años antes, esa idea fue anticipada por Jorge Luis Borges, de cuya muerte hoy se cumplen cuatro décadas. En “El jardín de senderos que se bifurcan” imagina un laberinto temporal en el que, cada vez que uno se enfrenta con varias alternativas, “opta –simultáneamente- por todas. Crea así diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan”.
En ese laberinto de mundos paralelos conviven una Argentina en la que Carlos Reutemann decide candidatearse, con una en la que Daniel Scioli le gana a Macri y otra en la que Sergio Massa es presidente. Una con un futuro en la que reelige Milei, otro en el que gana Kicillof e incluso uno en el que vuelve Cristina. Un país con infinitas bifurcaciones. Una Argentina cuántica en la que el riesgo kuka existe y no existe al mismo tiempo.