Fundador de FALK Academy, FALK AI, FALK Impellers y FALK Advertising Matters, Socio de Pieper AI y Selected Power User por Google DeepMind. Es pensador, comunicador, formador e impulsor de innovación y transformación.
La gula te deja la panza llena. La lujuria, qué decirte -pensá lo que quieras picarón-. La pereza te regala una ceremonia santiagueña. La ira te desahoga. La soberbia te hace sentir importante efímeramente. Hasta la avaricia engorda la biyuya.
La ira: la epidemia de los todólogos y por qué le gritamos al algoritmoLa envidia, nada. Es el único pecado capital que no garpa. Quemamos manchas del tigre al dope. Envidia viene del latín invidere: “mirar mal”. Clavarle el ojo a lo ajeno con mala leche. Es un pecado oftalmológico. Y nosotros acabamos de inventar la máquina de mirar más potente de la historia.
Mal negocio. ¡Danger alert!
Los dueños del fuego también se queman
Si creés que esto es un drama de adolescentes con el teléfono, te presento a los dos adultos más poderosos del planeta IA. Elon Musk y Sam Altman fundaron juntos OpenAI en 2015, “jurando desarrollar inteligencia artificial para el beneficio de la humanidad”. Hoy se detestan con una intensidad que ya quisieran las telenovelas venezolanas.
Hace semanas terminó el juicio. Musk reclamaba nada, unos manguitos, hasta 134.000 millones de dólares por la "traición" a la misión fundacional. El jurado deliberó y, en menos de dos horas, la jueza desestimó todo. Antes, Musk había ofrecido comprar OpenAI por casi 100 Billions; Altman le contestó "no, thanks" y le ofreció, irónico, comprarle X (ex Twitter) por la décima parte. Después festejó en redes que iba a tener a Musk declarando bajo juramento: lo llamó irónicamente "Navidad en abril". Patéticos.
La soberbia: la mentira de creernos dioses y la advertencia del Papa León XIVDos hombres que lo tienen todo gastando años de vida en el pleito más caro de la historia tecnológica. ¿Por qué? Porque cada uno quiere exactamente lo que tiene el otro.
El francés que escribió el manual
El que mejor explicó esta mecánica fue René Girard, un pensador franchute que dedicó su vida a una pregunta incómoda: ¿por qué deseamos lo que deseamos? Su respuesta duele. Casi nunca deseamos las cosas por su valor. Deseamos lo que vemos que otro desea. El deseo es un triángulo: vos, el otro y el objeto. Y cuando dos desean lo mismo, el triángulo se convierte en ring.
Ahora, el dato que nadie te cuenta. ¿Sabés quién fue alumno devoto de Girard en la universidad? Peter Thiel: el nuevo vecino palermitano, cofundador de PayPal junto a Musk y primer inversor externo de Facebook. Según reconstruye la prensa europea, fue el propio Thiel quien le explicó la teoría mimética a Mark Zuckerberg, con una frase que eriza la piel: "quien posee una máquina para producir deseo, posee el mundo". El botón "Me gusta" no es un detalle simpático de diseño. Es la envidia de Girard convertida en algoritmo y escalada a más de cinco mil millones de envidiadores.
Silicon Valley leyó el manual del pecado. No para evitarlo: para monetizarlo.
Un Aleph en el bolsillo
Hoy se cumplen 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges. Borges escribió el cuento que explica tu feed. En "El Aleph", un hombre descubre en un sótano de la calle Garay un punto que contiene todos los puntos: el lugar donde se ven, sin superponerse, todas las cosas del universo. Todas las caras. Todas las casas. Todas las vidas, simultáneas. Ochenta años después, ese sótano te entra en el bolsillo y se llama celular.
La gula: obesos de datos, pero muriendo de hambre de sentidoEl detalle que casi nadie recuerda: la trama de "El Aleph" es de envidia pura. El narrador —que se llama Borges, picardía suprema— detesta a Carlos Argentino Daneri, un poeta mediocre y pomposo. Al final, Daneri gana el Segundo Premio Nacional de Literatura y el libro del narrador no recibe un solo voto. El viejo nos dejó las dos cosas juntas: el aparato que muestra todas las vidas y el veneno de compararse con ellas.
Investigadores de la Universidad Humboldt de Berlín estudiaron a 584 usuarios de redes y aislaron el mecanismo exacto: el consumo pasivo —ese scrolleo silencioso de vidas ajenas— dispara la envidia, y la envidia degrada la satisfacción con la propia vida. Mirás más, vivís peor. Invidere en estado puro.
El Aleph de Borges, al menos, mostraba cosas reales. El nuestro fabrica virtudes ajenas las veinticuatro horas: atardeceres retocados, pieles sin poros, oficinas con vistas que no existen, influencers enteramente sintéticas. Otro francés, Jean Baudrillard, llamó a esto el simulacro: el mapa que termina tapando al territorio (idea borgeana también). Somos la primera generación de la historia que envidia gente que no existe. Nuestros padres envidiaban el auto del vecino. Al menos el vecino y el auto existían.
Lo único que vale la pena mirar
¿Idiay?, mi querido lector. Te propongo: corregir la mira.
Santiago Bilinkis repite una frase que ya es clásica: “la IA no te va a sacar el trabajo; te lo va a sacar una persona que sepa usarla”. Es cierto. Pero se queda corta. Tu verdadero competidor no es la máquina. Tampoco es el colega aumentado. Tu único competidor es tu propia versión de ayer.
Te lo digo habiendo pecado. Más de una vez me descubrí espiando los seguidores de otros, los números ajenos, los aplausos ajenos. Hasta que entendí que la única comparación que rinde es conmigo mismo: ¿sé hoy algo que hace un año no sabía? ¿Escribo mejor que el domingo pasado?
Para eso sirve el Razonamiento Computacional bien usado. Para aprender más rápido, borrarte etiquetas viejas y evolucionar. La envidia que mira al costado paraliza. La que apunta a tu propio mañana tiene otro nombre: crecimiento. Una de mis visiones personales reza: “amar evolucionar”. Con arrugas, con tropiezos y con esa imperfección que ya defendí en este diario y pienso seguir defendiendo.
El narrador de "El Aleph" sale del sótano deshecho: vio todo, envidió todo. ¿Sabés qué lo salva al final? El olvido. "Nuestra mente es porosa para el olvido", escribe Borges en la última página.
Esta semana, cuando el scrolleo te muerda, hacete una sola pregunta: ¿esto que estoy mirando, existe? Y si existe: ¿me sirve para ser mejor mañana o solo para sentirme peor hoy?
Los 7 Pecados de Silicio: por qué la IA no tiene culpa, pero sí nos desnuda el almaEl próximo domingo, Día del Padre, nos toca el pecado más delicado de la serie: la LUJURIA. El abrazo de plástico, las parejas virtuales que jamás te contradicen y por qué el amor verdadero exige sangre. La crisis de natalidad y el pecado del futuro: LA SOLEDAD.
Te leo en el foro. Confesate tranquilo: acá la envidia no paga, pero la honestidad sí.