A partir del 29 de octubre los tucumanos tendremos un nuevo gobernador. Osvaldo Jaldo se sentará en el tan apetecido sillón de Lucas Córdoba, algo con lo que sueña desde hace 40 años cuando, según él mismo cuenta, comenzó a trabajar en política en su Trancas natal. Y lo primero que deberá hacer, incluso antes de comenzar su gestión, es definir su grupo de trabajo. Quiénes lo acompañarán en el Gabinete. De esos nombres dependerá mucho la impronta de lo que será su gobierno. Algo ya mostró durante los más de 500 días que ocupó la primera magistratura, mientras Juan Manzur se preocupaba por la Jefatura de Gabinete de la Nación. En ese momento ya intentó imprimir un sello diferente al de su compañero de fórmula. Y donde más se notó fue en el área de Seguridad. Aparentemente Jaldo se puso en el papel del ministro del área. Y eso, seguramente, se profundizará desde noviembre. Aún no se sabe quién ocupará esa cartera, pero seguramente será alguien cercano al primer mandatario, en quien pueda depositar confianza y que además pueda darle las respuestas que él espera. Jaldo exigió resultados desde el primer momento. Llamaba a reuniones semanales, pedía informes y hasta organizaba operativos. No quería que nada que estuviera vinculado a la seguridad se le escapara. Uno de los que participaba asiduamente en esas reuniones lo graficó: los tenía zumbando. En realidad usó otra palabra, pero la idea es la misma.
En la entrevista que tuvo el martes a la noche en “Panorama Tucumano”, Jaldo le dijo al conductor Federico van Mameren que la seguridad será clave en su gestión y que la droga es el principal flagelo que debe enfrentar. “El 90% de los delincuentes consume. La droga tiene incidencia directa en la inseguridad; y es responsabilidad de los tres poderes del Estado. Si no reconocemos y encaramos los problemas, Tucumán nunca cambiará”, dijo. Jaldo fue el gran impulsor de la ley de Narcomenudeo, que provincializó la lucha contra el tráfico de estupefacientes en pequeñas dosis, aún en contra de la voluntad del propio Manzur y del Ministerio Público Fiscal que preferían que este combate siguiera en manos de la Justicia Federal. Pero él no se dejó intimidar y la ley salió. Y se comenzó a poner en práctica. Costare lo que costara. Según el propio Jaldo, hasta el momento, la aplicación de la norma es un éxito.
¿Alcanza con detener a los traficantes para ponerle un freno a la inseguridad? Para nada. ¿Con secuestrar miles de dosis de droga? Tampoco. Pero algo es algo. El problema es que en Tucumán el narcotrafico es una empresa familiar. Si detienen a uno en su casa, los que viven con él siguen el negocio. De eso viven. Y es imposible imaginar un plan policial basado únicamente en la represión. E incluso la prevención no debería ser más que una pata en un plan muchísimo más amplio. La pobreza en la que está inmersa la provincia es un caldo de cultivo en el que abrevan los delincuentes. Conseguir “soldados” en estas circunstancias es cada vez más fácil para ellos. Ya lo dijo Emilio Mustafá, un psicólogo social que trabaja en zonas vulnerables: “Los chicos muchas veces lo hacen por la necesidad de seguir consumiendo. Independientemente del gobierno que venga, hay que afrontar este fenómeno. La edad de consumo, que era de 15 y 16 años, ahora bajó a 10 y 11. No se tiene que hacer campaña con esto, sino que tiene que existir un gran abordaje institucional”. Entonces, la intervención constante de carteras como Educación, Desarrollo social y, sobre todo, Economía, son fundamentales aunque no tengan una incidencia directa en los planes de seguridad. Erradicar bolsones de pobreza, alfabetizar y brindar infraestructura a los muchísimos barrios que aún no la tienen tampoco puede ser algo que se deje al azar. Son los pilares para una sociedad más igualitaria.
Todo esto no significa que haya una relación directa entre pobreza y delincuencia. En otras palabras, no todo chico que nace con necesidades básicas insatisfechas se convierte en delincuente. Pero las condiciones de vida influyen notablemente teniendo en cuenta la vulnerabilidad en la que se encuentran, por lo que son presa fácil de los poderosos delincuentes. “Les quitan el DNI y los obligan a vender para ellos, bajo amenazas todo el tiempo”, contó Mustafá para dar un ejemplo de lo que sucede a diario en zonas a la que el Estado no llega.
En un plan de seguridad el ¿para qué? es fundamental. ¿Para qué queremos más policías? ¿Para qué más armas? ¿Para qué más patrulleros? ¿Para qué más cámaras? Todo debe tener un para qué. Así se pueden diseñar estrategias que funcionen. De la mano de la pobreza y la inflación, los índices de inseguridad se disparan. Jaldo enfrentará una batalla que su antecesor y el que estuvo antes que este perdieron. Poder salir a la calle sin pensar en que se va a ser víctima del delito es una de las preocupaciones más importantes de los tucumanos. La otra, justamente, es la situación económica. Diseñar ese plan de seguridad y tener a las personas idóneas para llevarlo a cabo es fundamental. Pero lo primero en lo que haya que pensar es en sacar a los chicos de la calle. Darles más educación, contención, brindarles herramientas, acercarlos al deporte, contagiarles esperanzas. Desde esa idea tener una provincia más segura será una posibilidad más tangible.








