
La oscuridad que reina en buena parte de los ingresos a la ciudad pone en riesgo a los transeúntes y favorece un ambiente propicio para la concreción de delitos. Miles de personas padecen este problema día tras día y con la cercanía de la temporada turística invernal, esta situación adquiere relevancia. En la edición del jueves publicamos una carta de una lectora que pide que se ilumine la ruta, que calificó como “una boca de lobo” que “genera mucho miedo”. “Pensemos que en un mes vendrán turistas y sería bueno recibirlos con la ruta como corresponde”, describió.
Son diversos los accesos que presentan problemas de iluminación. Uno de ellos es el que señala esta mujer. Allí, el escenario es complicado: se conjuga el cruce semaforizado entre una ruta nacional y otra provincial que, de noche, pocos respetan. A eso hay que sumar un intenso tráfico periurbano, que incluye motos, bicicletas, camiones de gran porte, autos, colectivos urbanos y de larga distancia, bicicletas, carros y hasta caballos, perros y gallinas, entre otros animales. Frente a este escenario, surge una inquietud: ¿cómo es que, con semejante descontrol, no se producen más accidentes?
Cerca de allí, la zona del Mercofrut es otro sector en el que reina la oscuridad. Acá también hay una intensa presión urbana sobre la autopista de Circunvalación, ya que, a pesar de que existen pasarelas para que los peatones crucen las calzadas, muchos no las usan. En este tramo es posible advertir los postes de iluminación, pero ninguno funciona. En los últimos años fueron numerosos los accidentes fatales que ocurrieron en las inmediaciones. Y esta situación se extiende a lo largo de casi toda la autopista.
El acceso sur, por la ruta 301, es otra zona a la que hay que prestarle atención. Desde La Reducción hasta el ingreso a San Miguel de Tucumán, en la intersección de Alfredo Guzmán y Néstor Kirchner, el tráfico urbano se combina con las velocidades y la intensidad del de una ruta. Si bien en esta zona la iluminación es más constante que en las que describimos más arriba, hay excepciones: entre Lules y San Pablo (el tramo más angosto del camino) el camino está a oscuras. La excepción puede ser el acceso norte, que desde Las Talitas hasta la avenida Siria suele estar iluminado.
En este problema se combinan distintas variables. Una de ellas es el vandalismo: delincuentes roban los cables de los postes de luz para vender el cobre (algo así ocurrió en dos oportunidades en los últimos días en las inmediaciones del colegio Guillermina, en plena capital, y dejó un complejo de semáforos fuera de servicio). Pero si hay quien roba estos cables, es porque alguien los compra. Y es allí donde las autoridades deberían poner el foco.
Por otro lado, la presión urbana sobre las rutas es enorme. Y esto potencia el mal uso de los espacios públicos. No le vamos a restar responsabilidades a los funcionarios que deberían velar por el mantenimiento del mobiliario urbano y por garantizar las condiciones dignas de vida de los ciudadanos. Porque si en Salta, Jujuy y Santiago del Estero -por citar apenas tres ciudades de la región- los accesos están perfectamente iluminados, es inaceptable que en Tucumán suceda lo contrario.
Retomando el reclamo de la lectora, creemos que la cercanía de la temporada turística puede ser una buena oportunidad para pensar de qué manera hacemos más amigable la llegada de los viajeros a la ciudad. Empezar por la iluminación puede ser un buen primer paso.







