El mérito y las oportunidades

26 Febrero 2023

Gustavo F. Wallberg - Columnista invitado

Tiempo atrás Alberto Fernández rechazó el mérito como elemento importante en la vida de la sociedad y resaltó en su lugar a las oportunidades, aunque confundiendo conceptos. Esa visión sigue dando vueltas y está en parte en el proyecto para eliminar las repeticiones de curso de los alumnos de la provincia de Buenos Aires. Y aunque hay un problema con la educación también lo hay con la visión sobre los valores, que conviene aclarar. Para ello se puede especular desde las ideas de Giovanni Sartori, quien señalaba que no hay una sino dos igualdades de oportunidad: la de acceso y la de partida.

La igualdad de oportunidad de acceso implica que el mérito cuente, que a igual mérito igual premio. Que lo alcanzado no se deba a amiguismo, raza, familia, posición política y así, sino a llenar los requisitos de la actividad de que se trate. Es la que rige un mercado competitivo. El mérito está en satisfacer al consumidor si uno es oferente y lo que importa es la relación calidad-precio del producto, no cómo se lo produjo. Dada la escasez de recursos es lo más útil para la sociedad porque incentiva la eficiencia. Para tener ganancias se debe hacer buen aprovechamiento de los recursos, que no haya desperdicios, que no se paguen costos innecesarios, que se busquen nuevos mercados, que haya innovación en productos, métodos de producción y gerenciamiento.

Es aplicable a los estudios. Un alumno pudo haber estudiado cuatro días antes del examen y otro desde cuatro meses antes. Lo que se califica es la expresión del conocimiento. El resto no interesa. Claro, a los efectos del resultado puntual de un examen, pero tal vez sí para acciones alternativas (como cursos especiales, nuevos métodos de evaluación o revisión del desempeño docente). Pero si alguien no sabe no se le puede dar un título que certifique que sí sabe, no importa la causa de la ignorancia. Bajarían los incentivos para estudiar y sería una estafa para la misma persona y sus compañeros, para la sociedad que no tendrá señales confiables de capacidades y para los contribuyentes que pagarán una formación de capital humano que no ocurre.

En la realidad las influencias ajenas al mérito son inevitables, pero lo importante es la esencia del sistema. En una economía de mercado habrá un grado de acomodo, pero hacerlo en los puestos clave o de manera permanente conduce a la ruina de una empresa.

Por supuesto, hay una pregunta relevante: ¿cómo se consiguen las capacidades para buscar la validación del mérito? Respuesta clásica: igualdad de oportunidad de partida. Dado el azar de nacimiento, que abarca desde las características genéticas hasta las familiares pasando por condiciones socioeconómicas, y que puede ser considerado algo al menos a-justo, se intenta poner a todos en la misma línea de partida antes de una “carrera abierta al talento”. Para eso están la educación y salud públicas, por ejemplo. Esta igualdad busca una aproximación de circunstancias iniciales entre las personas. En cuanto al papel del Estado, significa ejercer el poder fiscal para recaudar tributos y hacer redistribución con el gasto público. Se intentan combinar en algún grado la eficiencia y la compensación del azar, manteniendo los incentivos del mérito.

Lo anterior es muy distinto que igualar resultados, que es la negación del mérito. Y el Presidente parece pensar en igualdad de ingresos o igualdad de puestos de trabajo sin considerar la capacidad para desempeñarlos. Nada que ver con igualdad de oportunidades. Sería un daño para la sociedad, que pagaría sin recibir a cambio algo de más valor de lo que entrega. Con esa base los incentivos se orientarán hacia buscar el favor del gobernante y no la satisfacción ajena, lo que repercutirá contra la calidad de vida de los más pobres porque la economía generará menos bienes y por lo tanto menos puestos de trabajo e inclusive menos impuestos de cuyo reparto vivir. Su ejemplo a baja escala es el clientelismo, expresión del desprecio al mérito. Para peor, así como la igualdad de partida requiere redistribución, la de resultados llevada al extremo necesita expropiación y un gran poder para desposeer al no favorecido por el gobierno. Un resultado chocante con la democracia que tiene, siempre, malas consecuencias. Forzar la igualdad conduce a la pérdida de la libertad y del bienestar. Excepto para los gobernantes, que terminan siendo desiguales viviendo muy por encima del resto.

Algunos analistas presentan una variante. Como la igualdad estricta es inalcanzable no debe hablarse de igualdad de oportunidades sino de cantidad de oportunidades. Pero más bien debería decirse cantidad y variedad de oportunidades, para resaltar que las diferencias entre las personas deberían incentivar el espíritu de superación y encausarse en varios tipos de méritos. Para graficar, hay un meme sarcástico donde aparecen un mono, un pez, un perro, una foca y un elefante, y una persona dice que para una selección justa la prueba será subir a un árbol. Todos tienen la oportunidad. Pero eso es mérito solo. La igualdad de oportunidad de partida buscaría enseñar a los diferentes animales a subir árboles. La cantidad de oportunidades, que haya muchos árboles. La cantidad y variedad de oportunidades que haya competencias para subir a varios tipos de árboles, nadar diversos estilos, correr diferentes distancias…

La combinación útil de estas oportunidades requiere un Estado eficiente, estabilidad macroeconómica, apertura de la economía, marcos institucionales dinámicos, seguridad jurídica e impuestos prudentes que permitan redistribuir sin desincentivar inversiones ni la apertura de PyMes (fuentes de variedad de oportunidad de acceso), así como contención para quienes no logren el reconocimiento en el mercado. El mérito sin igualdad de oportunidad de partida produce resentimiento. La igualdad de partida sin mérito, decepción. Y la igualdad de resultados, privilegios y pobreza. La movilidad social ascendente ocurre cuando el mérito se valora desde la igualdad de oportunidad de partida aplicado a la cantidad y variedad de oportunidades en el estudio y en el mercado. Complicado, pero imprescindible.

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