Después de casi 18 meses de haberle sacado provecho, Jaldo le devolverá la lapicera a Manzur, su legítimo dueño. Si la realidad del peronismo fuera como antes de que el titular del Ejecutivo asumiera como jefe de Gabinete se debería aguardar una carnicería interna en el PJ, producto de las diferencias que salieron a la luz en la primaria abierta de 2021. Aquel duelo entre manzuristas y jaldistas fue sangriento; el concepto que más se repite cuando en el justicialismo se recuerda ese traumático episodio electoral. ¡Qué no se dijeron!
Sin embargo, no parece que la reasunción de Manzur vaya a alterar la calma y armonía que parece reinar en el oficialismo, y más entre los dos principales referentes.
Cuando el gobernador abandonó a sus huestes locales para darle una mano a su amigo Alberto, el manzurismo victorioso en las PASO vio cómo todo el esfuerzo por legitimar en las urnas el liderazgo del médico sanitarista se esfumaba y se diluían, además, los anhelos de algunos de ser bendecidos para sucederlo en virtud de la victoria. Manzur se fue a oxigenar la gestión nacional, pero no dejó alfiles, nadie de confianza que hablara en su nombre para mantener vivo y victorioso al manzurismo. La tropa ya soñaba convertirse en una corriente interna poderosa en el PJ, en mantenerse en el poder por años, disponer de cargos y de recursos y en borrar al jaldismo como expresión política.
Todo eso quedó trunco con la ida del líder ungido por las urnas a la Casa Rosada. No debe haber habido una sensación de abandono político más tremenda entre los manzuristas: se jugaron hasta el pellejo y quedaron huérfanos. Peor, luego debieron ver cómo Jaldo agarraba las riendas del Gobierno, cómo se hacía de la lapicera sorpresivamente y quedaba al frente de la gestión. El tranqueño le sacó provecho hasta donde pudo, sacó y puso ministros, sacó y puso funcionarios, se propuso activar la obra pública y trabajó para convertirse en el candidato a gobernador por el Frente de Todos.
Se puede sostener que la jugada le salió bien, porque no sólo Manzur lo bendijo como el postulante a sucederlo en el sillón de lucas Córdoba, sino que hasta el propio presidente, Alberto Fernández, salió a respaldarlo: vamos a devolver a Juan a los tucumanos para que trabaje y lleve al triunfo al peronismo, para que Osvaldo Jaldo sea gobernador. Aunque el jefe de Estado esté devaluado y debilitado, atacado desde su propio espacio, ya no puede volver atrás está definición.
Jaldo puede devolverle tranquilo la lapicera a Manzur, lo hecho, hecho está. Alguno que otro jaldista bien podría decir, con algo de ironía: le entrega la lapicera sin tinta. Porque el manejo de la lapicera sirve para elegir al candidato y para distribuir de los recursos. El candidato es Jaldo, en eso no puede haber vuelta atrás; otra cosa generaría una nueva crisis interna que fracturaría al peronismo, lo que no le conviene a Manzur, menos cuando su regreso es para consolidarse en el plano nacional con una victoria contundente el 14 de mayo. La debe buscar.
Solo un triunfo en Tucumán, cuanto más contundente y transparente, le permitiría aspirar a ser considerado para una eventual fórmula presidencial. Sólo por eso no puede pelearse ni alentar divisiones internas retrotrayendo las disputas de las primarias de hace dos años, donde los dos espacios llegaron a desconocerse y a atacarse con todo. Jaldo va seguro en el primer lugar de la fórmula oficialista, pero sobre la postulación de Manzur a la vicegobernación reina la incertidumbre.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación puede alterar el panorama electoral, y no sólo del PJ, si no saca una resolución favorable a las pretensiones de Manzur. O si lo hace. Todo puede alterarse en plena campaña, y cada vez falta menos para mayo.
Un manzurista de la capital, peronista curtido en batallas electorales, reflexionaba sobre por qué Jaldo llegó a obtener esta chance habiendo perdido la interna del Frente de Todos: al adversario no podes dejarlo vivo, tenés que matarlo en las urnas, y a Jaldo no se lo mató en la votación; quedó vivo; explicaba. Los que siguen esta línea recuerdan que el vicegobernador, luego de conocerse los resultados de las primarias, dijo que había ganado, que no se sentía derrotado. Era precisamente por eso; había salido vivo de la batalla, por más que los manzuristas hayan celebrado la victoria como si le hubieran ganado a Francia la final de fútbol. La política tiene sorpresas, sucesos inesperados que no sólo eliminan jugadores y reacomodan piezas sino que alteran los tableros de juego.
¿Qué pueden esperar los manzuristas con su líder nuevamente a cargo del Gobierno? De las dos cosas que puede hacer con la lapicera, una está resuelta: la del candidato a gobernador. La otra, la de la administración de los recursos es la que importa. Por lo menos a las listas oficiales del Frente de Todos, donde Manzur acomodó a los suyos: ellos esperarán ser beneficiadas con algún auxilio para una mejor elección. Especialmente la capitalina que integran los hermanos Pablo y Gabriel Yedlin.
La competencia entre los acoples del oficialismo en San Miguel de Tucumán va a ser dramática, cruenta, una pelea de voto por voto en cada circuito capitalino. Es porque se están armando acoples fuertes, de sociedades de dirigentes de fuerte ascendencia territorial, competitivos. A los manzuristas Yedlin les pelearán los jaldistas Caponio; y también saldrán los Vargas Aignasse, los Gassenbauer, los Assán, los Cortalezzi, los Leito. Allí habrá un enfrentamiento entre congresistas: el senador Pablo Yedlin y el diputado nacional Mario Leito, que saldrá por el acople Multiplicar Lealtad.
La lista oficial no la tendrá nada fácil, ni en la Capital ni en el interior; por ellas Manzur tendrá que usar bastante la lapicera, porque, de mínima debe aspirar a que el senador alcance una banca legislativa provincial. Ese su reaseguro para seguir en los planos nacionales si no prospera su candidatura a vicegobernador o si no integra una fórmula presidencial: en ese caso podrá suplantar a Yedlin en la Cámara Alta. Claro, sería menos traumático que la lista oficial gane una banca, antes que tener que pedirle la renuncia a la banca senatorial del ex ministro de Salud de la provincia, su amigo.
La expectativa del manzurismo es que, por lo menos, Manzur venga a poner un poco de equilibrio en la interna oficialista, o por lo menos que los manzuristas se potencien a partir de la presencia del jefe de Gabinete en la Casa de Gobierno. Sin embargo, el mensaje de Manzur es amplio: vamos a trabajar juntos, Jaldo hizo un buen trabajo. No deja espacio para alguna duda, aunque entre sus seguidores se dice que nunca se sabe qué piensa. Lo único seguro es que no puede darse el lujo de generar conflictos internos que se nacionalicen y que conspiren contra un eventual triunfo electoral, porque eso dañaría sus intereses a futuro.
De alguna manera, Manzur, en los meses que quedan hasta la elección, estará más pendiente de lo que ocurra en el plano nacional que lo que suceda en el plano provincial.
Los jaldistas no tienen que alarmarse por el regreso del gobernador de licencia, ellos ya tienen a su candidato en la fórmula y para él van a trabajar. Pueden entender que Manzur intente darle una mano a sus bendecidos de las listas oficiales de la Capital, Este y Oeste, pero ya han cerrado la mayoría de los acoples jaldistas y sólo les resta trabajar. En un municipio del Este, Jaldo se reunió con 47 candidatos a concejales que trabajarán por él; confió un militante del espacio interno.
Para la dirigencia peronista del PJ, la fórmula del triunfo es la unidad, aunque cada acople trabaje por su referente interno; total, todos sumarán sus votos a la fórmula gubernamental, que es lo único que le interesa al peronismo: ganar y conservar el poder.








