Reflexiones para reconstruir un país

Un adelanto de El resurgir de la Argentina, libro coordinado por Pedro Luis Barcia y publicado por Editorial Docencia. Seleccionamos ocho fragmentos de capítulos incluidos en la obra que reúne propuestas y análisis de destacados intelectuales.

12 Febrero 2023

La revolución de las pequeñas cosas

Por Luciano Román*

¿Seremos capaces de construir una esperanza? ¿Podremos recuperar un país vivible en el que prosperar vuelva a ser una utopía posible? Son preguntas que, inevitablemente, debemos formularnos en plural.

A punto de cumplir el primer cuarto del siglo XXI, los argentinos oscilamos entre la frustración y la ilusión de «un milagro». Solemos esperar «la salvación» o «el pase de magia» que devuelva a la Argentina al lugar de dignidad, oportunidades y desarrollo que perdió hace varias décadas. Quizá sea hora de aceptar que esos milagros no existen. Y de empezar a pensar en qué podemos hacer cada uno de nosotros (los que tenemos hoy entre 30 y 50 años) para reconstruir la Argentina.

Somos una generación desilusionada y desencantada. No lo somos porque sí. Llevamos en nuestro ADN las marcas de un fracaso colectivo. Hemos crecido en un país que rifó sus fortalezas, se descuidó a sí mismo y entró, en los últimos cincuenta años, en una espiral de decadencia que arrasó casi con todo. Nos quedamos sin educación pública, sin instituciones sólidas, sin moneda y casi sin reglas de convivencia. Y así se instaló una cultura de «sálvese quien pueda» que ha debilitado los cimientos de la Argentina. El escepticismo puede tener (y de hecho tiene) muy buenos fundamentos. Pero no podemos resignarnos. Por algún lado tenemos que empezar. Y tenemos que hacerlo nosotros, porque creer que nos va a salvar un gobierno es creer, precisamente, en el milagro imposible. No hay gobierno que salve a un país que no se salva a sí mismo.

El gran desafío de nuestra generación quizá sea el de recuperar el espíritu constructivo y la vocación de diálogo. Lo que quizá con excesivo simplismo se ha denominado «la grieta» no es solo un ejercicio de confrontación y antagonismo político. Es algo peor: una cultura destructiva

que se regodea en el conflicto y se empeña en la demolición de cualquier entendimiento. Es una cultura que, con perversidad, ve en el acuerdo y en el diálogo una forma de claudicación y un síntoma de debilidad.

*Periodista, prosecretario de redacción del diario La Nación.

La anomia ubicua

Por Pedro Luis Barcia*

La anomia (a, sin; nomos, ley o norma) es el estado de desorganización social por consecuencia de la ausencia o del incumplimiento de las normas que organizan la vida comunitaria. Esta es una patología social grave y constituye el mayor cáncer que afecta a la sociedad argentina.

Esta anormalidad se ha naturalizado y ha extendido sus metástasis a todos los campos de nuestra vida cotidiana: política, económica, social, legal, jurídica, educativa, ciudadana. Ello la hace de difícil erradicación.

Sus raíces son seculares y este mal ha sido ineficazmente denunciado a lo largo de nuestra historia. Su base es de raíz inmoral. Ni la denuncia ni la penalización ni los «castigos ejemplares» han sido efectivas con ella.

Se violan los códigos edilicios en las construcciones, se adulteran los alimentos y los medicamentos, se falsifican títulos profesionales, no se cumplen los horarios de trabajo, se ensucian los espacios públicos, se falsifican certificados médicos para justificar inasistencias al trabajo, se tramitan sobornos por las gestiones en todos los campos. La coima es una gestión a la que nos hemos acostumbrado y casi institucionalizado.

El Poder Judicial es sospechado de connivencia con la política de turno, con grave tolerancia del delito. ¿Quién salará la sal si se desaliniza? ¿Quién aplicará justicia si ésta esta acepta cohecho?

Desde temprano, en los documentos del siglo XVII aparecen denuncias de la tendencia anómica en el Plata. «Acato pero no cumplo», decía el virrey ante ciertas normas reales. Será, con el tiempo, lamentablemente, uno de los rasgos de la identidad de los argentinos y el primero que perciben en nosotros los visitantes extranjeros.

*Doctor en Letras. Expresidente de las Academias Nacionales de Letras y Educación.

Hacer o no ser y poder para ser

Por Abel Posse*

La noción de política reúne todos los factores que convergen para asegurar la sobrevivencia internacional de una comunidad y asegurar su particular calidad de vida y de valores y su marcha hacia el propio concepto de bien común.

Hoy es hora de política. De urgente política en el sentido señalado. Argentina es un convaleciente delicado. Exige inmediata atención. Los datos de la modesta pero muy promisoria recuperación económica no bastan para descuidarnos.

Nuestro sistema productivo es como una jadeante, expirante, máquina de vapor. Estamos ante los Andes, otra vez como en 1817, y hay que empezar a subir, ahora no a pie, gloriosamente, sino con esa obsoleta, averiada, resoplante locomotora… Debemos hacer arrancar la producción, el sistema de créditos, la reconstrucción del poder del Estado (frente a la anarquía de los tres poderes en guerra, a los excesos de las provincias y a la demolición del factor militar). Debemos recuperar no menos de tres millones de jóvenes que oscilan entre la no educación, el delito, la bailanta o la pura nada.

Y el hambre, la desocupación, la inmovilidad productiva y el empresariado sin convicción, después del colapso de esos dioses de la falsa economía que adoraron a partir de 1990. Millones de argentinos tienen cada mañana hambre o amenaza de hambre.

Y por si esta enumeración lamentable fuera poco, nos falta lo más duro: negociar nuestra deuda descomunal (que es proporcionalmente la más grande del mundo conocido).

Negociar con heterogéneos acreedores. Salvar nuestra posibilidad de vida y sobrevivencia con quienes se sienten estafados. Generar confianza y continuidad de crecimiento, para que los menos intransigentes de los acreedores empiecen a creernos y arrastren a los más recalcitrantes.

Pero lo más grave es nuestra «comunidad desorganizada» y más bien en disolución.

Argentina hoy es una sociedad sin sentido, a la deriva. Y peor aún: es una sociedad que perdió el sentido de la dirección. No sabe lo que quiere ni a dónde va. Tiene un Gobierno pero falta la dirección y el sentido que se debe concretar en un Proyecto Nacional total. Y esto no es cosa de un gobierno, sino de la Nación consciente de sus peligros profundos.

Solo una fuerte política de unidad y de cohesión podrá salvarnos.

*Escritor y diplomático. Miembro de las Academias Nacionales de Letras y Educación.

Construir la Historia Pública de la Democracia Plural

Por Luis Alberto Romero*

Es necesario sacar a nuestra memoria del pasado de la trampa en la que está metida. Hay que desarmar una versión hegemónica, sólidamente instalada en tales espacios, que obstruye la relación fluida y sana de la sociedad con su pasado. No se trata de remplazarla por otra versión hegemónica, sino de recuperar una relación con el pasado plural, abierta al diálogo y a la confrontación, adecuada para una sociedad liberal y democrática.

Hay que recuperar la verdad y la verosimilitud en los hechos. Hay que encuadrar distintas interpretaciones en el marco de lo aceptable, excluyendo el anacronismo, el maniqueísmo, la teleología o la fantasía, en sus formas radicales. Hay que enfriar el pasado, pensarlo con serenidad y, sobre todo, comprenderlo.

Los historiadores pueden aportar estas herramientas. El propósito público de una revisión de la historia realizada con el criterio de los historiadores es devolverles a los ciudadanos un pasado menos maniqueo, menos conflictivo y sobre todo menos simple. Se trata de una tarea terapéutica, que le puede permitir a la sociedad superar sus traumas y seguir adelante.

* Historiador. Miembro de las Academias Nacionales de Historia y de Ciencias Morales y Políticas.

Este es el problema de la Argentina y esta es la solución

Por Jorge Castro*

El principal problema que afronta Argentina en términos económicos es la crisis crónica del sector externo, el país exporta poco en relación a su PBI y a su población.

Estamos en presencia de una crisis profunda que arrastra al sistema político. Argentina se convirtió en el país ingobernable de América Latina por definición.

Actualmente en Argentina hay una crisis cambiaria derivada de la ausencia de dólares suficientes en el Banco Central; y, como debido a la mega-inflación y las 2 hiperinflaciones que hubo en los últimos 50 años, el país carece de moneda nacional. De ahí el vuelco masivo a la

dolarización y a la fuga de capitales, que se revela en la magnitud de la brecha cambiaria (127% en julio).

Al mismo tiempo que no hay dólares en el Banco Central, en el mes de julio de 2022 el saldo neto de las reservas fue negativo en U$S 4.000 millones.

Argentina es el país de América Latina con mayor nivel de ahorro individual, solo que en dólares, y en el exterior. Se estima que ese ahorro en el exterior o en cajas de seguridad en el país asciende a U$S 470.000 millones, un PBI.

La Argentina exporta y poco, y lo poco que exporta tiene escaso significado cualitativo en términos de la revolución científica y tecnológica mundial.

Con una economía de U$S 650.000 millones (PBI por año), y con una sociedad y una clase media de altísimo nivel de ahorro individual, con gustos y preferencias sofisticados (los viajes al exterior, por ejemplo); Argentina exporta U$S 70.000 / U$S 90.000 millones con 47 millones de habitantes.

Chile tiene 18 millones y, en términos per cápita, exporta 3 veces más.

Lo poco que exporta la Argentina tiene un solo origen: 70% el año pasado, productos agroalimentarios; la industria un 20%, y los servicios (industria del conocimiento) no alcanzó a un 6% del total exportado.

La respuesta de fondo a la crisis de Argentina es el surgimiento de una coalición de fuerzas con sustento popular que multiplique por 3 la capacidad exportadora en los próximos 10 años.

Para resolver la crisis del sector externo, se necesita conseguir dólares suficientes a través de exportaciones genuinas capaces de financiar las importaciones necesarias para un nivel elevado de crecimiento económico de largo plazo.

Si esto ocurriera, estaría resuelta la crisis externa, que es la base estructural de la crisis argentina.

Para aumentar las exportaciones en el mundo del siglo XXI hay que multiplicar la tasa de crecimiento económico, porque en el mundo de hoy se exporta si internamente se produce con un nivel de productividad y sofisticación tecnológica capaz de competir internacionalmente, no hay diferencia entre adentro y afuera.

El esfuerzo exportador debe abarcar a todos los sectores de la industria argentina, no solo al agroalimentario, sino también al minero, al energético (Vaca Muerta/Cuenca Neuquina) y la industria del conocimiento.

El crecimiento de estos sectores debe hacerse en el marco de la época, la 4ta revolución industrial. Esto es, la digitalización completa de la producción manufacturera y de los servicios.

Para eso hay que convertir al pleno despliegue de Vaca Muerta (2do reservorio de gas en el mundo) en eje del proceso de re-industrialización de Argentina en el siglo XXI, y por lo tanto de la creación de una gran industria exportadora propia de la 4ta revolución industrial que fusione la manufactura y los servicios.

En este sentido lo que hay que advertir es que el punto fundamental de Vaca Muerta no es la extraordinaria riqueza de sus recursos gasíferos (la producción de gas natural crece 50% por año), sino el hecho de que se ha creado un ecosistema de más de 3.000 compañías de servicios, de alta tecnología, de capital nacional en su mayoría.

*Analista internacional. Ex secretario de Planeamiento Estratégico de la Presidencia de la Nación. Presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.

Reflexiones sobre el resurgir de la Argentina

Por María Sáenz Quesada*

El drama de los argentinos hoy, es que la vida social empeora y se empobrece moral y materialmente, a pesar de todavía gozamos de un territorio potencialmente rico, en condiciones de ofrecer bienestar si se trabaja con inteligencia, constancia, honestidad y visión de futuro. Hay

que destacar asimismo, entre los haberes de los argentinos, la sociedad plural, forjada sobre la base de sucesivas migraciones, sin compartimientos étnicos o culturales estrictos de esos que generan odios inconciliables, como en tantos otros pueblos. No obstante, son visibles en la actualidad las gravísimas diferencias sociales, y el abandono de la educación, de la cultura del trabajo, y de valores que ayudan a construir.

Es difícil seguir adelante si la honestidad es un valor fuera de moda y si lo inmediato prima por sobre el plazo mediano y largo necesario en todo proceso de crecimiento. Hay además un problema de fondo que nos advierte sobre los débiles cimientos que tendrá la sociedad del futuro, la que se está formando hoy, en los establecimientos de enseñanza de distintos

niveles; en ellos tiene lugar más que un proceso educativo, un simulacro de enseñanza. En palabras de la investigadora Guillermina Tiramonti: En la Argentina la enseñanza pública es un gran simulacro de que se enseña y se aprende…, esto a pesar de la importante estructura que se lleva el 5% del PBI del país…; los docentes y los alumnos construyen acuerdos tácitos con los que van zafando unos y otros, y así pasa el tiempo y se aprueba el nivel… Desde luego que los más afectados son los alumnos pobres, cuya voz no llega a la esfera pública y carecen de respaldo familiar y de acceso al mercado de trabajo. (La Nación, 11-8-21)

No obstante las carencias del sistema educativo, hay aspectos que son más cuidados y tenidos en cuenta por las autoridades nacionales, son aquéllos que se refieren a la nueva versión oficial de la historia. Esta ofrece nuevas categorías de réprobos y elegidos y la cancelación de periodos enteros del pasado y de sus protagonistas. En suma, hoy está vigente una educación direccionada a la formación de militantes de fuerzas políticas, más que a ciudadanos respetuosos de las instituciones. No se utilizan en la enseñanza de la historia ni los textos clásicos, ni los avances realizados en el conocimiento histórico, ni la variedad de textos y de interpretaciones a disposición del lector culto; se recurre a la autoridad de Wikipedia, francamente sesgada en cuestiones históricas argentinas, a los relatos que ofrecen la televisión pública y algunos museos nacionales, a una exclusiva nómina de autores. En síntesis todo contribuye a profundizar la grieta que divide a los argentinos no solo en el presente sino también desde sus raíces.

*Historiadora. Miembro de las Academias Nacionales de Historia, Educación y Ciencias Morales y políticas.

El retroceso educativo en los últimos años

Por Alieto Aldo Guadagni*

La evolución de la educación es un importante llamado de atención a nuestra sociedad, ya que luego del cierre de las escuelas debido a la pandemia del Covid-19, los resultados de la Evaluación Aprender evidencian que el nivel de conocimientos de los alumnos de sexto grado

primario en Lengua y Matemática alcanzado en el año 2021 ha sido inferior al del año 2016, perdiendo las mejoras que se habían logrado en 2018. Esta preocupante caída a nivel nacional se refleja tanto en la disminución de la cantidad de alumnos con nivel «Avanzado» como en el

incremento de la cantidad de alumnos con nivel «Por debajo del básico» en ambas áreas evaluadas.

Las disminuciones más significativas de la cantidad de alumnos con nivel «Avanzado» en Lengua y Matemática se dieron en el sector de gestión estatal con un decrecimiento del 35,6 y del 20,4 por ciento respectivamente entre los años 2016 y 2021, mientras que en el sector

privado dichas caídas fueron del 24,3 y 19,7 por ciento respectivamente.

Al mismo tiempo, los incrementos más notorios en la cantidad de alumnos con nivel «Por debajo del básico», corresponden al área de Lengua, en la cual en el sector de gestión estatal se produjo un crecimiento del 55,2 por ciento, mientras que en el sector privado fue del 40,6 por ciento.

Estos incrementos fueron menores en Matemática, siendo el correspondiente al sector de gestión privada mayor que el del sector de gestión estatal, con cifras del 39,8 y 25,9 por ciento respectivamente.

*PhD en Economía de la Universidad de Berkeley, ex secretario de Energía de la Nación, miembro de las academias de Educación y Ciencias del Ambiente.

Argentina en la encrucijada

Por Patricio Colombo Murúa*

Recientemente se ha replanteado un severo conflicto internacional entre las democracias y las autocracias, entre la libertad y la servidumbre. Nuevamente son los Estados Unidos quienes lideran a los países que han asumido responsablemente la defensa de la libertad y el progreso de la humanidad. La Argentina debe elegir claramente. No puede volver a alinearse con las naciones que aceptaron el camino del totalitarismo que degrada al hombre. Debemos rechazar a los regímenes que nos condenan a la pobreza, el atraso y la pérdida de los derechos esenciales de la persona humana. A partir de 1943 nuestro país sufrió un desastroso proceso de inflexión histórica, causado por el golpe de Estado que modificó nuestro hasta entonces venturoso destino. Es movimiento militar se concretó con el objeto que nuestro país permaneciera

ambiguamente al lado de las autocracias del Eje,2 que fueron derrotadas finalmente en 1945.

El crecimiento impetuoso del país se detuvo, el comercio exterior literalmente se derrumbó mientras el gobierno entronizaba un autoritarismo vernáculo que ilusionó al pueblo creando un hedonismo a la criolla, que dilapidó las cuantiosas reservas de oro del Banco Central, que respaldaban nuestra moneda.

En ese tiempo levantamos el estandarte de la «Tercera Posición», que en los hechos significó el rechazo de las alianzas con los países que lideran el desarrollo económico y científico-tecnológico del planeta, para acercarnos a regímenes autocráticos e incluso a una teocracia

fundamentalista. Esa ambigüedad nos ha sido costosa e inútil, porque al mimetizarnos con el mundo de los países subdesarrollados al que no pertenecíamos, actuamos como actores de un drama ajeno, aislándonos de aquellas naciones que fueron la base real de nuestro bienestar.

*Ex rector de la Universidad Católica de Salta. Miembro de la Academia Nacional de Educación.

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