Marina Subirats: "No sabemos si la señora Kirchner hubiera llegado al poder si no era la señora Kirchner"

La doctora en Filosofía y feminista especializada en sociología de la educación considera totalmente improcedente el uso del género gramatical neutro. “Cuando se llegue a una igualdad, tal vez podamos ignorar los sexos de las personas, pero, si los borramos hoy, entonces no lograremos distinguir cuáles son los problemas que afectan a cada uno de ellos”, dice la catedrática catalana.

Por Irene Benito 12 Febrero 2023

(Desde Barcelona, España).- Si alguien vio y vivió de cerca la lucha por la igualdad en España esa es Marina Subirats. Esta doctora en Filosofía y especialista en sociología de la educación de 80 años se enfocó en el entendimiento de la escolarización que mantiene las brechas entre hombres y mujeres. Subirats enseña a comprender los sistemas porque los casos concretos e individuales pueden ser fruto de coincidencias y circunstancias azarosas que no explican el contexto general. “No sabemos si la señora (Cristina Fernández de) Kirchner hubiera llegado al poder si no era la señora Kirchner”, analiza durante esta entrevista en su ciudad natal.

Para Subirats la síntesis es esta: en muchos sitios de Occidente y del mundo ha habido avances fenomenales en materia de igualdad, pero también retrocesos tremendos, como lo demuestra el caso de Irán. En cuanto a la educación, es innegable que la mujer ha conseguido ponerse al lado de los hombres y hasta superarlos. En materia de cambio cultural, todavía falta.

Ella fue un caso excepcionalísimo de coeducación en un momento en el que en España los chicos recibían instrucción académica y las mujeres, rezos y poca cosa más. “En aquella época se había vuelto a un modelo casi medieval”, refiere. Las escuelas para las niñas tenían un nivel muy bajo. Subirats acudió a un establecimiento que quedaba del tiempo en el que Cataluña y Ginebra (Suiza) eran dos polos de formación europeos. Se llama Escola del Mar y fue fundada en 1922, originalmente en la Barceloneta. Subirats aún se pregunta por qué esta institución subsistió como mixta durante el franquismo, y encuentra como única respuesta que era una fachada del régimen porque allí acudían hijos de nobles y de extranjeros. “No encuentro un ejemplo igual en España”, afirma.

El caso es que ella accedió a la educación que en ese momento era un privilegio masculino y, después, estudió Filosofía. Pero tenía ganas de saber más para poder devolver algo a su sociedad y se fue a París, donde se formó con uno de los sociólogos más destacados del siglo XX, Pierre Bourdieu. La impresión que este intelectual le causó fue tal que, luego, Subirats resolvió traducirlo para que los hispanohablantes pudieran acceder a sus obras. Ese sería el punto de partida de una peripecia mucho más grande para esta catalana de voz firme y suave.

- ¿Cómo se decidió usted a estudiar el problema de la disparidad de género en un momento donde pocos miraban hacia ese fenómeno?

- Cuando empezamos con el feminismo, en 1976, nos dimos cuenta muchas mujeres de que no sabíamos nada sobre por qué estábamos en una situación peor que la de los hombres. Yo pensé que podía aplicar los instrumentos que había adquirido para el análisis de las desigualdades sociales al estudio de las desigualdades de género por medio de la educación. ¿Entiendes?

- Usted se había formado para entender la desigualdad entre clases sociales. y eso le permitió girar hacia la brecha entre mujeres y hombres.

- Claro. Era algo que yo ya tenía y que en ese momento no resultaba muy común. Bourdieu no era conocido. Creo que fui su primera divulgadora en España. Yo me hice cargo de traducir “La reproducción” para la primera edición en castellano e hice el prólogo. Cuando más tarde leí lo que había escrito, vi que me había quedado muy corta. ¡Podría haber dicho mucho más! Pero, en fin, así fue cómo empecé y empezamos a hablar de sociología de la educación. Frente al tema de la desigualdad entre hombres y mujeres, yo sostenía que debíamos entender el porqué. Pero, claro, era muy difícil abarcar todo, y por eso me dediqué a investigar la parcela que conocía en mayor medida y para la cual estaba preparada, y por eso abordé la educación de niños y de niñas, y la coeducación. Pronto hará 50 años de eso. Para mí ha sido una cuestión apasionante.

- ¿Por qué?

- Porque a medida que trabajaba en esto iba recibiendo las demandas de las maestras que se preguntaban qué estaban haciendo mal y qué es lo que generaba el resultado discriminatorio. Eran interrogantes que me estimulaban a investigar y que me permitían contrastar los resultados. Pude de alguna manera unir la investigación con la acción política.

- ¿Qué práctica le parece representativa de la dinámica de la desigualdad?

- Muchas cosas. Las ideas de la coeducación que hemos propiciado fueron recogidas en una ley de 2004 contra la violencia de género y en otra de igualdad de 2007. Pero no ha habido una acción decidida en parte porque una buena porción de este último período ha estado dominado por el PP (Partido Popular), que no es favorable a las medidas coeducativas, sino al revés. El avance ha ocurrido sólo cuando las maestras han sido agentes de cambio, no por el Gobierno. También hubo planes estatales en algunas regiones autónomas, como Andalucía y el País Vasco. Pero la política estatal fue insuficiente. Si miro en general los avances de las mujeres, digo “extraordinario”. Ahora, si miro la situación de la educación, digo “extraordinario” desde el punto de vista de los títulos, pero encuentro un cambio cultural lento y retrasado.

- Además, con idas y vueltas. ¿Es significativo para usted que España nunca haya tenido una presidenta?

- Hasta cierto punto es algo anecdótico y un elemento más. No sabemos si la señora Kirchner hubiera llegado (al poder) si no era la señora Kirchner. Es indudable que ella tiene la fuerza, la inteligencia y el carácter para ser presidenta (de la Argentina), y lo ha demostrado, pero, también es cierto, que alcanzó esa condición por circunstancias que iban más allá de su candidatura. Luego ya sí, pero no al principio. Cuando la cuestión de la desigualdad se enfoca en una sola persona pueden intervenir muchos elementos. Sí me parece relevante que, en cambio, en los países nórdicos hay cada vez más ejemplos de primeras ministras y de mujeres notables en los altos niveles políticos. En España está costando más.

- ¿Cómo imagina el derrotero del feminismo hacia adelante? El crecimiento laboral y profesional acarrea aún para las mujeres un efecto difícil de neutralizar en la faz personal y familiar vinculada con la maternidad.

- La solución a esta tensión es muy clara y hace años que la conocemos. En los 80 y 90 hubo equipos de feministas en Italia que, entre otras cosas, hicieron un proyecto llamado “Ley del Tiempo”. Esto no se aprobó e Italia está como está. Pero la idea sigue vigente: todo el mundo debe trabajar menos horas, hombres y mujeres. La salida pasa por acortar la jornada laboral, no la semana, como se quiere hacer ahora. Si esto se consolida, será otro desastre para las mujeres.

-¿Por qué?

-Porque si tú tienes cuatro jornadas laborales y tres de fiesta, te agobiarás aún más para aprovechar las 72 horas libres. ¿Qué es lo que necesitamos? Menos tiempo cotidiano y diario dedicado al trabajo. Si, por ejemplo, hombres y mujeres trabajáramos solo cinco horas al día, las cosas serían más fáciles para todos y, entonces, podríamos compartir la crianza de los niños. ¡Cuidado! Las mujeres no nos damos cuenta de que la rebaja de los días laborales empeorará nuestra situación. Insisto: lo que hay que hacer es cada día dedicar una parte al trabajo pagado y otra al trabajo doméstico porque los dos son necesarios. Y que esto valga tanto para los hombres como para las mujeres. Esto me recuerda al planteo de la conciliación de los años 90, que decía que, así como las mujeres habían accedido al trabajo rentado, para equilibrar los tantos los hombres debían hacerse cargo del doméstico. Al cabo de poco tiempo lo que se logró fue lo contrario: se acortó el trabajo pagado de las mujeres, con lo cual evidentemente la carrera o el desarrollo profesional no será tan interesante. Entonces, siempre se estuvo pensando en cómo ayudar a las mujeres a sobrellevar el doble trabajo, pero, ¿y los hombres? Se hizo más bien poco, como aumentar la licencia por paternidad. Al final, la idea de conciliar con los hombres se convirtió en conciliar con las mujeres.

- En la Argentina, en España y en buena parte del mundo hay una gran polémica respecto del uso del lenguaje no sexista o de género sensitivo. Las críticas no excluyen a feministas que se quejan de que este asunto banaliza la lucha por la igualdad o lo coloca en el terreno de lo políticamente correcto. Advertí que usted no usa ese lenguaje, ¿qué posición tiene al respecto?

- Mi posición es que hay que nombrar a las mujeres porque lo que no se nombra no existe ni lo pensamos. Ahora, no siempre es necesario repetir “niños y niñas”, ni siquiera “hombres y mujeres” porque esto resulta cansador tanto en la escritura como en la oralidad. Existen soluciones: se puede hablar del “estudiantado”, del “alumnado” o de otros colectivos, en lugar de desdoblar el femenino y el masculino cada vez. Ahora bien, la sustitución de los géneros gramaticales por un género neutro, como “les”, en este momento a mí me parece totalmente improcedente. Cuando se llegue a una igualdad, si es que llegamos, tal vez podamos ignorar los sexos de las personas, pero, mientras no estemos ahí, si borramos los sexos, entonces no podremos distinguir cuáles son los problemas que afectan a cada uno de ellos. Por ejemplo, en España, los chicos fracasan en la escuela más que las chicas. Si llamamos “les” a todos, no lograremos profundizar en las causas que hacen que el rendimiento escolar de ellos sea menor. Lo mismo respecto de la muerte. Uno de los temas que he seguido con mayor interés es por qué la esperanza de vida masculina es hoy inferior a la femenina cuando la experiencia indica que siempre los grupos dominantes viven más que los dominados por la sencilla razón de que viven mejor. En cambio, hoy en el mundo y con escasas excepciones, las mujeres vivimos más tiempo que los hombres. Cuando empecé a analizar esto me di cuenta de que hay elementos en la masculinidad actual que son mortíferos: entonces esto, si borro los sexos, no se puede estudiar.

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