La necesaria reflexión tras el caso Báez Sosa

11 Febrero 2023

Pasados los ecos de las condenas por el crimen de Fernando Báez Sosa, ocurrido hace tres años a la salida de un boliche en Villa Gesell, la sociedad debate entre los efectos de la acción judicial y la sensación de que no hay elementos para la prevención de la violencia. Reflexionar sobre lo que ha pasado es un requerimiento urgente, no sólo por el riesgo de la repetición de incidentes -mientras se llevaba a cabo el juicio se dio cuenta de un episodio de agresiones en un boliche de Pinamar y ocurrió un ataque mortal a un joven asistente al festival de Doma y Folklore de Jesús María- sino porque que es preciso advertir que la desesperación punitivista lleva solamente a la resolución de casos singulares y no a la prevención de estos episodios.

En efecto, hay una situación de violencia que se mantiene desde hace mucho tiempo. Oscar Castelluccio, padre un joven muerto a golpes por un guardia de seguridad en un boliche en Lanús en 2006 (a raíz de lo cual se hizo una ley de regulación de la actividad de los patovicas) dijo que “hay una recurrencia de esta cuestión. Vivimos en una sociedad cada vez más violenta. Las herramientas para combatir esto son ineficientes, sobre todo si se quiere combatir sólo desde la perspectiva de las fuerzas de seguridad, que a veces son más parte del problema que de la solución”.

El juez penal de Niños, Niñas y Adolescentes de nuestro medio, Federico Moeykens, puntualizó que “la violencia no es ni del rugby como deporte, ni juvenil por la situación etaria de los involucrados, sino más bien es social. Hay que trabajar sobre esa violencia social porque los chicos la consumen cotidianamente desde la primera infancia en la televisión, en los videojuegos y en los canales de streaming”.

El magistrado planteó que es preciso trabajar sobre estadísticas, que el Estado comience a recolectarlas a través de las distintas áreas donde se desenvuelven los adolescentes y los jóvenes. Explicó que, por ejemplo, hace falta saber cuántas peleas hay cada año a la salida de los boliches, ya a la salida de los colegios, en las fiestas privadas y cuál es la realidad en los clubes, en todos los deportes. Por su parte, Castelluccio ha presentado en el Congreso nacional un proyecto para crear una Agencia Nacional de Nocturnidad, Además se ha planteado la búsqueda de estrategias para la discusión en los niveles educativos que permita visibilizar cuánto nos afecta y qué responsabilidades culturales hay en el problema. “El trabajo con los jóvenes debe empezar en la familia y afianzarse paulatinamente en la escuela primaria a través de charlas, conversaciones, y fundamentalmente con casos concretos”, dijo el juez. Finalmente, se ha destacado que nuestra comunidad no escucha a los chicos. “Creemos saber lo que necesitan pero no les damos la participación suficiente para crearles una verdadera ‘conciencia antiviolencia’ “, añadió el magistrado. Urge, dijo, identificar de qué manera podemos empezar a mitigar la violencia naturalizada en la sociedad y que les transmitimos a los jóvenes.

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