
Los recuerdos de las epidemias de dengue de 2009 y 2020 volvieron ante la aparición de casos en Lules y la aseveración de las autoridades sanitarias de que hay una gran presión epidemiológica con miles de casos en Bolivia, Paraguay, Brasil y el Norte de la Argentina. En nuestro medio hay una treintena de casos, hasta ahora circunscriptos a Lules y algunas zonas de la Capital, pero se considera muy probable que haya un brote importante, porque esa presión epidemiológica se da a causa de la gran circulación de personas.
Hasta ahora las autoridades afirman que las tareas de concientización y los operativos realizados en zonas vulnerables han mantenido a raya al mosquito portador. De la epidemia de 2020 se pasó a un 2021 con 36 casos y a un 2022 sin contagios. El actual brote se inició en Lules, en poblaciones con una gran migración de ida y vuelta a Bolivia. Los vecinos han revelado que están muy asustados y reclaman intensa fumigación y campañas de concientización para que la gente “descacharre” (sacar el agua de todos los recipientes que pueden alojar larvas del mosquito Aedes Aegypti). Además, resulta inquietante la aseveración de la autoridades de que está circulando el serotipo llamado DEN 2, y que el hecho de que en 2020 hayan circulado los tipos DEN 1 y DEN 4 genera riesgos adicionales para quienes ya han padecido dengue. Eso, afirma un funcionario, “requiere acciones de prevención individuales más importantes”. En ese sentido, se ha advertido que los laboratorios pueden tener al día los análisis y determinar el serotipo sin necesidad de derivar al instituto Malbrán de Buenos Aires.
Se recomienda estar atentos a los posibles síntomas y concurrir a consulta médica; no automedicarse porque hay medicamentos que están contraindicados en caso de que se esté cursando un cuadro de dengue.
Pero la cuestión implica acciones de la comunidad, ya que las fumigaciones matan a los mosquitos adultos pero las larvas anidan en el agua de los cacharros en los domicilios. “El mejor mecanismo para afrontar un brote es actuar sobre los criaderos del Aedes”, dijo una experta. Y explicó que se trata de “cualquier tarrito, tachos de agua, neumáticos en desuso, floreros, los platos que se ponen bajo las macetas, el secaplatos y hasta el recipiente donde se pone el agua para el perro”. Recomendó cambiar el agua a diario o bien poner los recipientes bajo techo y taparlos. Hasta sugirió no tener plantas acuáticas, en cuyas raíces anidan las larvas del mosquito.
También se explicó que no sirve el trabajo de un solo vecino. “Todos deben actuar”. Por ello se requiere intensificar las campañas de concientización con la provincia, los municipios, las comunas y los vecinos en conjunto para evitar los criaderos y las malezas para poder contener el brote.
Un vecino de Lules expresó su miedo: “Pasaron fumigando dos veces, pero es insuficiente: la gente tiene que limpiar sus casas y el municipio desmalezar varios lugares. Hay muchos mosquitos”.







