Las malas costumbres de los tucumanos

Las malas costumbres de los tucumanos

¿Tucumán es tierra de nadie? No. El problema de esta provincia es que muchos de sus habitantes están acostumbrados a no cumplir y violar permanentemente las normas creadas para que, justamente, los ciudadanos puedan llevar una vida normal y tranquila. Muchos dirán que los únicos responsables son las autoridades porque no las hacen cumplir. Pero la gran pregunta: ¿es necesario que el Estado esté detrás de los tucumanos diciéndoles cómo deben comportarse y qué es lo que deben hacer?

Se sabe que en esta provincia muchos motociclistas se convirtieron en violadores seriales de las normas de tránsito. Pero en los últimos tiempos aparecieron otros que los superan con creces: los cadetes. Con el crecimiento de las empresas que reparten comidas, surgieron verdaderos temerarios. Es entendible la necesidad que tienen de cumplir con su misión, pero otra cosa es poner en riesgo su vida y la de terceros. Cruzar semáforos en rojo, transitar a contramano, circular por las veredas y detenerse en lugares que no están permitidos, son algunas de las faltas que cometen.

Juan Federico Jiménez es taxista desde hace más de 30 años. Hace seis meses protagonizó un accidente con un repartidor. “Él cruzó en rojo y lo terminé chocando. Por suerte sólo sufrió golpes, pero me quedé tres días sin trabajar por todos los trámites que tuve que hacer para recuperar el auto que, como sucede siempre, me lo habían secuestrado”, recordó. “Ahí me enteré de que para la Justicia el vehículo de mayor porte siempre corre con la responsabilidad. Es decir, que si vos vas en auto y chocás a una moto, tenés que demostrar que no tuviste la culpa del percance”, añadió.

Conciertos

Tucumán fue cuna de numerosos músicos que cosecharon éxitos a nivel internacional. Muchos comprovincianos pareciera que quisieran imitarlos. No tocan ningún instrumento, pero son grandes artistas de la bocina. Desde hace más de 100 años que se inventó este sistema para advertir alguna situación de peligro. Pero en nuestra provincia varios conductores creen que tienen poderes mágicos. Hacerla sonar insistentemente, querido lector, no hará levitar al auto que está detenido adelante por alguna razón. Tampoco logrará moverlo. El desarrollo tecnológico, sin lugar a dudas, permitió una increíble mejora en las comunicaciones. Pero no: en estas tierras siguen existiendo el vecino, el familiar, el novio que a bocinazos piden que les abran el portón o que salgan porque ellos están afuera.

“A los automovilistas no les importa nada. Pareciera que no se dan cuenta de la molestia que genera ese espantoso sonido. Y lo más grave es que cada vez es peor porque la gente está cada vez más intolerante”, resumió la jubilada María Laura Pereyra, mientras tomaba un café en una mesa de un bar ubicado en pleno centro.
Su amiga, Gladis Martínez, ironizó: “desde hace cinco años que en mi casa la bocina del auto del vecino se transformó en un reloj. Vuelve de trabajar entre las 13.30 y 14 y siempre la hace sonar para que le abran la puerta. A mí me sirve, porque sé que es la hora de ir a dormir la siesta”.

Zona liberada

En el año 321, el emperador Constantino I impuso el reposo obligatorio en el “día del Sol”. El nombre “domingo” proviene del latín dies Dominicus (día del Señor), porque era cuando los cristianos celebraban la resurrección de Jesús. Pero en Tucumán, los domingos también son jornadas en las que se violan las normas. Pasar semáforos en rojo, estacionar en lugares prohibidos o en doble fila y circular a contramano, por solo mencionar algunas. Muchos especialistas sostienen que estas conductas se cometen porque ese es el día de la semana que menos controles hay.

Este columnista decidió hacer un recorrido por distintos puntos de la ciudad para indagar a ciudadanos para preguntarles por qué violaban las normas. Por ejemplo, en Salta y Santiago del Estero se le consultó a un chofer de la línea 118 por qué había cruzado el semáforo en rojo. “Porque se me canta el … ¿y vos quien m... sos para andar controlando?”, fue la franca respuesta.
En Rivadavia y Santiago, una mujer estacionó en doble fila. ¿Por qué dejó el auto así?, se le consultó. “¿Qué no ves que el único lugar está como a 50 metros? ¿Por qué tendría que caminar si casi no hay tráfico? Y además, ¿quién sos vos?”, preguntó. Cuando se le explicó que se trataba de un trabajo periodístico para LA GACETA, la infractora estalló. “¡Soy abogada y sé perfectamente de leyes y normas! ¿Por qué no vas a entrevistar a la jueza que circuló por la vereda por la 25 de Mayo? ¡Y si me llegás a sacar en el diario te mando una carta documento!”, advirtió.

En avenida Aconquija al 1.300, un hombre estacionó su camioneta en la puerta de un domicilio vecino a una panadería. “Señor, el dueño de casa no podrá salir”, le advirtió este periodista. “Uy, pero... ¿Está por sacar el auto?”, preguntó. Cuando se le contestó que no y que no debía dejar el vehículo ahí, la respuesta fue contundente: “¡Pero andá a hacerte…! ¡Hago lo que se me canta… porque me la banco!”, gritó y se marchó a comprar el pan. El domingo, a las 11, en la zona de juegos de la plaza Urquiza, el pulmón de Barrio Norte, un grupo de jóvenes consumía alcohol y escuchaba música. ¿No creen que pueden molestar?, se les preguntó. “Y no, porque nosotros llegamos primero. La gente tendrá que irse a otro lado”, indicó uno de los chicos. Minutos después llegaron dos agentes y les pidieron que se retiraran del lugar.

Popurrí

Habría que editar un suplemento -como el del Mundial- para detallar cuáles son los malos hábitos de los tucumanos. Pero no se pueden dejar pasar otros:

- Las líneas blancas que están pintadas en las esquinas no son adornos, sirven para que el peatón pueda cruzar. Trate de no detenerse sobre ellas.

- Los autos traen luces que no sirven de adorno, sino para ser usadas para doblar o detenerse.

- Si concurre a un río o a un lago para refrescarse, no deje basura y, mucho menos destruya bancos o caminería para prender fuego.

- No se queje de las rotondas; entienda que la prioridad la tiene el que está girando.

La lista de las malas costumbres tucumanas sería interminable. Pero es importante que parte de la sociedad las analice para tratar de lograr un cambio cultural. Tucumán estará agradecido.

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