Aburridos

El mundial de fútbol demora la aceleración del proceso electoral que ya está en marcha en todo el país. Sin embargo, todo se desenvuelve con los mismos parámetros de siempre. No aparecen cosas nuevas en la imaginación política.

El fallecimiento de Hebe de Bonafini reinstaló el odio en algunos espíritus y puso al rojo vivo lo peor de las redes sociales. Duró poco, como todo lo que pasa hoy. Ni las buenas ni las malas noticias tienen tiempo de ser procesadas. Pero sirvió para mostrar el estado de crispación que muestra la sociedad. Bonafini fue importante para que se supieran cosas que pasaban en el país y que la dictadura no quería que se supiesen. Tuvo el valor de caminar y desafiar al poder cuando nadie lo hacía y esa actitud valiente fue un granito de arena para que hoy se respiren libertades. La mujer que tiempo después politizó su institución y agravió a quien no pensara ni dijera lo que ella quería pareciera que nada tiene que ver con aquella. Pero esta que se fue despotricando y cargando tantos odios tuvo algunos méritos.

La incapacidad para entender y aceptarla se asemeja a la valoración de un ídolo deportivo como fue Diego Maradona. Aquel jovencito que emocionó a medio mundo con su alegría y su pasión pareciera no tener nada que ver con el agresivo, violento y deteriorado Maradona capaz de balear periodistas, agredir a sus parejas y no aceptar ninguna verdad que no fuera la suya.

Hace no muchos días el gobierno provincial junto al Centro Ana Frank de Argentina se preocuparon de dedicar dos días de reflexión sobre los discursos de odio que nos atraviesan. En algunas intervenciones se intentó desmenuzar esta enfermedad y en otras hubo una preocupación especial por echar culpas. En aquellos debates se transmitió como verdad que el odio no alcanza con una persona, necesita de un otro para tener identidad. Sin el otro no se podría odiar.

La vida política de los argentinos se juega en ese estadio. La necesidad de negar al otro dificulta la construcción de un país. Y, la sociedad ha empezado a darse cuenta de eso. No obstante, los discursos en contra y no a favor son los que siguen reinando. Quienes más debieran saber de estas cosas son la presidenta del Senado Cristina Fernández y el diputado Javier Millei. Son dos figuras a las que importantes sectores de la sociedad apoyan. Ambos construyen su política agrediendo o criticando al otro. Cristina con tal de conservar su lugar no ha tenido ningún problema de destruir la fortaleza que ella misma había construido en su sociedad con Alberto Fernández. En la oposición, Millei suma puntos cada vez que ataca a un político –como si él no lo fuera- y al sistema que los propios políticos supieron diseñar.

Muy distinta es la construcción colaborativa que han hecho dos uruguayos antagónicos como Pepe Mujica y Julio Sanguinetti que, aún retirados de los cargos, no abandonan la política uruguaya y pueden hasta escribir un libro juntos.

En la Argentina, las figuras fuertes que tuvieron alguna definición en su ocaso o determinada conversión a un dogma hacen que la oposición borre toda virtud y mérito. Lo mismo ocurre entre los oficialistas que no pueden ver, en por ejemplo, Magdalena Ruiz Guiñazú a una periodista independiente abierta al disenso y termina viendo una opositora a la que no se la debió dejar hablar. Pareciera que no importa la historia.

Oxígeno para Alfaro

En esta semana que nunca más volverá asomó otra vez el protagonismo del intendente de la Capital. Venía silenciado por un golpe duro como fue el lanzamiento de la precandidatura a gobernador de Roberto Sánchez, quien está dispuesto a correr las internas con el fundador de Creo, Sebastián Murga.

Debía reaparecer. Todos esperaban la salida política de Germán Alfaro, pero el mago frotó la lámpara sin que saliera afuera ningún genio. Se acerca el 15 de diciembre y todavía la coalición opositora no consigue armar nada. Menos aún Alfaro que no encuentra su compañero de fórmula para competir con el auto de Sánchez-Murga. El entorno del lord mayor dice que va a sacar un carta inesperada que tiene bajo la manga. Pero no aparece. Unos sostienen que va a ser un independiente que no tiene ninguna experiencia política. Otros dicen que la carta será alguien que saldrá de la prensa y no falta el que arriesga: un peronista que tiene historia.

La indefinición por carencia o por falta de reflejos lo venía dejando atrás a Alfaro. Entonces, recurrió a lo que mejor le ha salido en el último tiempo que es contraatacar contra el oficialismo. Responsabilizó a Juan Manzur y a Osvaldo Jaldo de frenar su administración. Los hizo culpables de que se demoren las obras del Mercado del Norte o que no se haya puesto en funcionamiento el nuevo sistema de estacionamiento en la Capital. Al mismo tiempo avanzó contra el planteo judicial con el que Manzur quiere llegar a la postulación de vicegobernador.

El 30 más el 20

Al jefe de Gabinete lo tiene sin cuidado su planteo ante la Corte Suprema de la provincia. Da por descontado que los vocales terminarán diciéndole que el artículo 90 de la Constitución provincial no le impide ser candidato a vicegobernador. Lo curioso es lo que Manzur comenta en Buenos Aires. Allá, en las altas esferas del poder nacional, un miembro del gabinete lo escuchó decir que se siente obligado a integrar la fórmula con Jaldo. De lo contrario, pondría en riesgo el resultado del 14 de mayo. Es indiscutible que hoy Manzur representa por lo menos el 30 por ciento del electorado tucumano y Jaldo, el otro 20. Eso es lo que dejaron en claro los anteriores comicios después de su violenta interna. Por lo tanto, el que saca los pies del plato queda afuera. Jaldo también lo sabe y por eso no tiene dudas de que entre ellos no puede haber más peleas.

Quien no parece tener eso del todo claro es el diputado nacional Carlos Cisneros. Es el único que se atrevió a sacarlo de la fórmula a Manzur, cuando hace más de 15 días se mostró proclive a promover la candidatura de la diputada Rossana Chahla como vicegobernadora. Al mismo tiempo habló de una hipotética fórmula nacional Massa-Manzur. Hasta aquí nadie ha sabido interpretar esas declaraciones. ¿Hay ruidos molestos en la relación entre Manzur y Cisneros y lanzó un mensaje amistoso? ¿Es una forma de disimular cualquier conjetura sobre el fallo de la Corte? ¿Es algo acordado entre el jefe de Gabinete y el diputado? Al ser consultados, la mayoría mira para otro lado. Nadie quiere polemizar con Cisneros.

Hora referí

En todo el país el tiempo lo maneja Leonel Scaloni. Si el equipo juega mal y pierde, los funcionarios frucen el ceño porque saben que el mal humor derivará en más protestas y mayores reclamos. “Esperemos que la Argentina gane”, dijo alguien de alto rango en el Poder Ejecutivo provincial. El deseo no era especialmente por la pasión deportiva sino porque si la Selección perdía, el lunes iba a estar más cargado que de costumbre. Lo mismo ocurre a nivel nacional donde todo ya está en modo electoral. A Alberto Fernández ni su dolor de panza le respetan. Cristina no necesita esconderse detrás de la “Scaloneta” para disimular que intentará ser candidata. Nadie hace un acto con la movilización y despliegue que ella hizo para simplemente desarrollar sus ideas. Fue un lanzamiento aunque no lo reconozca.

Y, en Tucumán, los intendentes que son la gran fortaleza del peronismo ya caminan sus secciones como candidatos a legisladores. Fortalecen los acoples a como dé lugar. “Hasta ahora ganamos cómodos”, repiten ellos advirtiendo que la oposición está muy lejos de mostrarse fuerte en el territorio.

En la coalición opositora todos esperan que llegue el 15 de diciembre. Desde que acordaron que esa sería una fecha decisoria se quedaron todos congelados. No hubo grandes movimientos ni expresiones de poder. La preocupación de los dirigentes sigue siendo conservar lo poco que tienen (una intendencia o un banca de concejal o de legislador) antes que cumplir el sueño de derrocar al peronismo. Pareciera que los une la necesidad de continuar el presente y no de cambiar el futuro.

Algo nuevo

La política argentina ya no sorprende. Los principales dirigentes se preocupan por afianzar sus discursos de odios en contra de alguien al que le echan la culpa de todo. Paralelamente, avanzan hacia un proceso electoral con mucha convicción de que ellos pueden ser la salvación aunque no explican ni cómo ni por qué van a sacar del pozo al país.

La española Josefa Ros Velasco ha dado a luz hace poco su libro “La enfermedad del aburrimiento”. Ella explicó en un reportaje del diario El País que gracias a experimentar ese malestar te puedes sentir motivado a introducir cualquier novedad para dejar atrás el aburrimiento. La filósofa de Murcia arriesga que a lo mejor gracias al aburrimiento empecemos a tener conversaciones más complejas y , por lo tanto, a imaginar el futuro.

Nuestra sociedad ahora cargada de adrenalina por la zurda de Messi, es una sociedad que seguramente está aburrida porque desde hace varias décadas la pobreza, la inflación, la corrupción, las culpas y la inseguridad forman parte de su rutina. Tal vez el desafío sería que los candidatos de 2023 sean capaces de proponer algo nuevo –o tan sólo proponer y no mirarse al espejo- para salir del aburrimiento y, por lo tanto, de los discursos de odio.

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