Un recurso ante la Corte para dividir al PJ

Insista Santiago, insista…, cuántas veces en la vida se habrá escuchado o dicho esta frase para dar o darse ánimos, para no cejar en un propósito, sea cual sea. O el más político insista compañero, no se rinda; o el tribunero y más tucumano: metele nomás. Siempre hay un motivo, una razón, una excusa. ¿Cuál será la de Germán Alfaro para tratar de impedir por la vía judicial que Juan Manzur pueda ser candidato a vicegobernador por el oficialismo en 2023? Los argumentos que expone son jurídicos, pero las motivaciones son eminentemente políticas y más vinculadas al daño que puede causarle al PJ si es que tiene éxito su cruzada; como ya analizaremos. No es una obstinación caprichosa.

Sin embargo, también lo debe hacer atendiendo a su propia disputa interna en Juntos por el Cambio; el efecto colateral. Porque la acción de ir contra las aspiraciones del jefe de Gabinete no se agota en una mera presentación ante el electorado tucumano para ganarse el rol del único opositor que se atreve a enfrentar al Gobierno y que busca esa identificación para polarizar finalmente con el justicialismo. Tiende a tratar de dividir el voto de los pejotistas fomentando acciones que hagan aflorar las diferencias internas subyacentes entre manzuristas y jaldistas. Así, cuando se ahonda en las posibles consecuencias de una eventual sentencia adversa al gobernador de licencia se puede especular sobre las intenciones del intendente capitalino.

En el medio de este trámite político cabe preguntar qué pensará Osvaldo Jaldo sobre la insistencia de Alfaro por obstaculizar la postulación de Manzur. ¿Qué le convendría al tranqueño? Tal vez no le disguste la idea de que se impida la posibilidad de invertir la fórmula de 2015 y de 2019. O tal vez no, capaz que realmente quiera que el médico sanitarista lo secunde; lo que sería por las mismas razones por las que Alfaro quiere evitar que se concrete ese binomio: una fórmula Jaldo-Manzur uniría -y más que nada obligaría- a manzuristas y a jaldistas a trabajar juntos, a regañadientes, por esa boleta.

Para decirlo de manera sencilla: el oficialismo tratará de que las heridas pasen a un segundo plano y que permanezcan ocultas detrás de la dupla, mientras que Alfaro procurará evitar que se concrete ese binomio para que esas heridas afloren con toda su fuerza y fracturen al oficialismo. Se puede entender, entonces, el porqué de la obstinación del líder del PJS por cuestionar a través de la vía judicial las pretensiones de Manzur. Con argumentos jurídicos y con razones políticas; por lo menos es lo que permiten elucubrar las acciones del intendente capitalino.

¿Eso es realmente lo que persigue? Si se piensa en las posibles consecuencias políticas de un fallo ceñido a sus pretensiones, cabe sostener que Alfaro está tratando de minar la unidad del oficialismo y de sacar provecho de una eventual fractura del voto peronista pensando en su candidatura a gobernador por la oposición. Si llega a evitar la postulación de Manzur hasta recibiría los aplausos de los propios opositores, fortaleciendo su figura como un contrincante de fuste. ¿Y los de los jaldistas también? Los gestos dicen que Alfaro está resuelto a dar esa pelea, una disputa que de alguna manera también muestra que ha decidido seguir solo ese derrotero, sin la compañía de los socios de Juntos por el Cambio.

En este caso, así como en el oficialismo deben estar atentos a las movidas de Alfaro -porque les puede alterar el tablero-, también los dirigentes opositores deberían analizar qué ventajas les puede sacar el intendente en una eventual elección interna por candidaturas, cerrada o abierta. De hecho, ningún partido integrante de la coalición opositora ha repetido la acción judicial del jefe municipal, ni lo han acompañado; lo han dejado solo en esa cruzada contra Manzur.

Es un dato revelador; porque indica que mientras uno está tratando de debilitar al futuro adversario con el que se quiere competir, otros están pensando en su propia interna. En suma, detrás de la jugada de Alfaro hay mucha más tela para cortar, más consideraciones a realizar respecto de las posibles repercusiones en el oficialismo -sea que se pueda o que no se pueda proponer finalmente la fórmula Jaldo-Manzur-, como de lo que puede suceder en Juntos por el Cambio. Porque todo se puede quebrar.

Atención, se puede quebrar el oficialismo y también la oposición, y puede que haya varias fórmulas en el oficialismo y en la oposición en competencia. En ese posible escenario sacarían ventajas los que hayan movido mejor sus piezas. De hecho, en las filas opositoras tratan de influenciar en los compañeros, tratando de sembrar un mínimo de duda: quién dice que Jaldo es el candidato de Manzur. Todo vale en lo político, tanto como en lo jurídico.

El viernes, vaya por caso, Alfaro realizó un planteo ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que intervenga en la causa Manzur. Lo hizo inmediatamente después de que se conociera el dictamen no vinculante del Ministerio Público Fiscal que opina que Manzur está habilitado para ser candidato a vicegobernador en los comicios del año que viene, por el solo hecho de que lo que no está prohibido en la Constitución, está permitido.

Alfaro no tiene dudas de que la Corte Suprema de Tucumán fallará en la línea con lo emitido por Edmundo Jiménez, más que nada porque supone que las razones políticas se antepondrán a las jurídicas. Paradójicamente, recurriendo al máximo tribunal de la Nación, el jefe municipal pretende un fallo que produzca un mazazo político en el corazón del oficialismo tucumano pero sostenido en argumentos jurídicos. Así se entiende, por ejemplo, que el recurso que expuso lleve las firmas de José Roberto Toledo y de Alberto Garay, un abogado de prestigio a nivel nacional.

En términos políticos, en el alfarismo acusan de que el tribunal provincial tiene corazón justicialista y que por eso le darán a razón al amparo de Manzur. Por el contrario, en el oficialismo deslizan que porque la Corte nacional es macrista fallará en contra de las aspiraciones del jefe de Gabinete del kirchnerismo. Algunos peronistas se atreven a deslizar en voz baja que se opondrán porque si bien es una Corte macrista, además, porque Manzur no tiene razón. Lo cierto es que desde ambas trincheras observan la situación según su propia perspectiva interesada.

Alfaro podrá exponer que hay casos en los que intervino la Corte de la Nación porque hubo dirigentes que pretendían ser reelectos cuando las constituciones no lo permitían taxativamente y mencionar los antecedentes de Santiago del Estero, de La Rioja, de Santa Fe y de Río Negro; pero debe ser escuchado primero. Vaya un dato de color sobre Garay: en una entrevista publicada en la Nación señaló que el poder político siempre quiere nombrar los jueces de la Corte y, en la misma nota, admite que en el actual máximo tribunal de la Nación “todos los jueces fueron nombrados por Mauricio Macri”. ¿Por eso van a la Nación? Nada es inocente.

Vale señalar que en esa publicación, el letrado que patrocina a Alfaro apunta: es necesario un sistema para cuidar el Poder Judicial, que es el último control de nuestro sistema, la última palabra. Si yo tengo jueces que son amigos del poder, perdí toda la esperanza que podía aguardar en el sistema. El último control me falló. A esperar a ver cómo termina esta novela, si predominan los intereses políticos o las argumentaciones jurídicas; puede resultar interesante observar los fallos de ambas cortes si es que se producen y si es que son de sentido contrario. En ese país todo es posible, estás de un lado o del otro de la grieta. Y hay bibliotecas para ambos lados.

Suponiendo que Alfaro obtenga su premio y Manzur no pueda ser candidato a vicegobernador, ¿qué puede ocurrir en el oficialismo? El intendente aspira a que se debilite, aunque la inmediata pregunta que surge es quién reemplazará al jefe de Gabinete en la fórmula con Jaldo. Más aún, si Manzur no puede ir en la boleta, ¿será Jaldo su candidato a gobernador? Porque con el tranqueño encabezando el voto y con otro dirigente que no sea Manzur secundándolo, lo seguro, es que una vez que Jaldo ingrese a la Casa de Gobierno con los atributos del mando -si gana los comicios, claro- ese mismo día se acabe el manzurismo en la provincia. Ya le sucedió al mirandismo, al alperovichismo, ¿por qué no debería suceder con el manzurismo?

En todo caso hay que ver qué hace Manzur para no perder el protagonismo que quiere seguir teniendo a partir de ser nuevamente vicegobernador, justamente lo que trata de obstaculizar Alfaro. El intendente es una cuña en el oficialismo, una piedra en el zapato con su insistencia. Esto es lo que obliga a dirigir la atención hacia Manzur tanto como hacia Jaldo, a los silencios del jefe de Gabinete y a los movimientos del vicegobernador en ejercicio del Poder Ejecutivo. Porque, no vaya a ser que se quiebre el oficialismo y que haya una interna entre manzuristas y jaldistas por las candidaturas provinciales.

Si eso ocurre, entonces, habrá que prestarle atención al proceso interno de normalización de autoridades del PJ, que llamó a votar por todos los cuadros orgánicos el 18 de febrero. Allí, hay unidad o hay quiebre. Por increíble que parezca, en ese proceso puede influir el recurso judicial de Alfaro.

Más aún, hasta puede acelerar el quiebre de Juntos por el Cambio y derivar en la presentación de dos fórmulas para la gobernación. Si ocurrieran todas estas situaciones se estarían reeditando las primarias abiertas de 2021, donde compitieron manzuristas contra jaldistas en el oficialismo y alfaristas contra sanchistas en la oposición. Cuatro fórmulas. La pregunta cae de madura: ¿a quien beneficia o perjudica el recurso judicial de Alfaro? Detrás de esa insistencia hay mucho por analizar y especular.

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