“Creatividad sin fin” en Tucumán, tras un accidente en un barco perlero del Índico

En la pandemia, Komuk se adaptó y diseñó soluciones anti-covid-19 para compañías de la provincia.

OFERTA. Trabajos a particulares con una impronta personal. OFERTA. Trabajos a particulares con una impronta personal.

Komuk (se pronuncia con acento en la segunda vocal) lleva un nombre representativo de la aventura por el lado más lejano de Australia que precedió a su fundación. La diseñadora Milagro Aguilar trabajaba en el cultivo de perlas en el Océano Índico cuando la polea de asistencia a los buzos que manejaba casi le corta un pulgar. Fue un accidente dramático: la embarcación estaba a 10 horas de la costa. La suerte quiso que, al mismo tiempo, Aguilar salvara el dedo y cobrara una indemnización. Ella leyó un mensaje de vida en esa coincidencia: compró una máquina y volvió a Tucumán para empezar su emprendimiento de “merchandising” empresarial al que llamó Komuk, versión de un topónimo del Sudeste Asiático que significa “Isla de las Perlas”.

El proyecto que fabrica productos para cuidar y promocionar la imagen corporativa sigue un lema singular, “creatividad sin fin”. Con esa vocación por expandir sus horizontes en función de las necesidades de marketing de las empresas, Komuk comenzó a funcionar a finales de 2018 en un cuarto de la casa de Yerba Buena de los padres de Aguilar. Allí se fueron enganchando los hermanos de la diseñadora. Se ve que vuelta a vuelta aquella necesitaba “una mano” y se la daba el integrante de la familia que pillaba en la vivienda. La cosa se puso seria, y, con el tiempo, dos hermanos, Diego y Gonzalo, se convirtieron en socios de la fundadora y otros dos empezaron a trabajar. El emprendimiento de los tres (o cinco) Aguilar hoy ocupa dos galpones de 450 metros cuadrados, y paga 10 salarios -la mitad se quedan en la misma casa-.

“Cerré la decisión (de regresar a la provincia y emprender allá) mientras estaba recuperándome del accidente. Gracias a Dios tengo el dedo conmigo, aunque sin movilidad”, relata la diseñadora gráfica de 30 años en una entrevista virtual que comparte con su hermano y licenciado en Administración, Diego Aguilar, quien por aparte también tuvo su experiencia en Oceanía. En esas circunstancias tan complejas, la socia encontró el tiempo que necesitaba para proyectar cómo iba a gastar los recursos que había recibido de la aseguradora. “Estuvo casi dos semanas hospitalizada”, precisa Diego Aguilar (33 años), que se ocupa de la coordinación del equipo y de las ventas.

Clave: la versatilidad

Los viajes se inscriben en las ansias de los hermanos por explorar nuevos mundos y concepciones. “En Tailandia conocí máquinas novedosas de diseño y me interioricé sobre su aprovechamiento: me di cuenta de que era una tecnología poco explotada en la Argentina. Encontré una base para soñar desde el punto de vista creativo. Y con Diego y Gonzalo (27 años) logramos complementarnos, e imprimir a Komuk la proyección que hoy tiene”, refiere Milagro Aguilar.

Al primer equipamiento que adquirió la fundadora se sumaron otros cinco. Komuk vende sus creaciones a compañías de la provincia, de la región y del país. El catálogo incluye desde juegos de mate hasta libretas; sets de utensilios para asado; gorras; remeras; mochilas; termos; lápices; lapiceras; tablas, y todo lo que se pueda estampar con un logotipo o leitmotiv. En la web se precisa que los productos ofrecidos son sólo una muestra de lo que se puede llegar a hacer para instalar y distinguir una marca. Aunque sus principales clientes son pequeñas y medianas empresas, Komuk también hace trabajos por menor para particulares que deseen dar una impronta personal a sus objetos.

La versatilidad es la aliada estratégica de Komuk para animarse a lo que sea en la promoción comercial y lo que, en cuentas resumidas, les permitió sobrevivir a la covid-19. “Cuando se decretó el aislamiento, pensamos que íbamos a fundirnos. Era natural prever que las empresas sacrificarían primero que nada su presupuesto para regalos y acontecimientos especiales”, observa la diseñadora. El emprendimiento acababa de dejar el cuartito de la casa familiar donde había pasado su primer año y medio con todas las ganas de intensificar el que hasta ese momento había sido un crecimiento veloz. Diego Aguilar comenta que, mientras analizaban cómo pasar el confinamiento en la nueva sede del Camino de Sirga, advirtieron que sus máquinas podían fabricar máscaras faciales y mamparas para prevenir la transmisión del virus. Así fue cómo, en medio de la emergencia, pasaron a proveer los materiales de protección de la salud de uso obligatorio para la seguridad laboral que permitieron -también- a sus clientes salir adelante durante la cuarentena.

Ir a contramano

Más allá del barco perlero y del infortunio en las profundidades del Índico, la historia de Komuk resulta particular porque contradice la creencia de que para montar un negocio innovador y prosperar hay que por lo menos irse de Tucumán. Los Aguilar hicieron la operación contraria: regresaron de Australia a su lugar de origen para apostar por la creatividad. Ellos consideran que la clave es no esperar que la Argentina sea distinta, sino entender que se comporta como una montaña rusa, donde no caben las expectativas de una estabilidad duradera. Con esta regla de juego, el triunfo o el fracaso no puede, según su criterio, atribuirse al ambiente porque ya se sabe qué depara.

“Desde que nacemos estamos al tanto de que la Argentina es así. El tema es qué responsabilidades asumimos al respecto”, explica Diego Aguilar. Según su parecer, ser el propio jefe demanda una convicción inmensa básicamente porque no hay nadie más a quién culpar. “El desafío es cotidiano y hay que buscar la innovación de manera constante”, expresa Diego Aguilar. Y rescata la pasión emprendedora: “cuando trabajaba en relación de dependencia, los domingos sentía la angustia de que al día siguiente iba a tener que ir a la empresa. A mí hoy eso ya no pasa. El lunes es un día positivo”.

Que el proyecto dependa de una misma: esto es lo que subraya la diseñadora y fundadora de la experiencia de emprender. “La gente quizá busca huir (de la Argentina y de Tucumán), pero a mí el haber viajado me permitió descubrir nuestro potencial. Siempre tuve en claro que quería asentarme aquí y contribuir a desarrollar los valores que tenemos”, dice Milagro Aguilar. Su hermano y socio acota: “podemos ser ese cambio que queremos y hacerlo desde el ámbito privado”.

La receta de Komuk

- Innovar en forma cotidiana

- Creer en “la creatividad sin fin”.

- Ofrecer soluciones integrales a los clientes.

- Trabajar en familia y desarrollar el potencial local.

- Asumir una responsabilidad personal en un contexto adverso.

El emprendimiento en la web: komuk.com.ar

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