Si de desafíos se trata, nuestro nombre es Sacrificio y nuestro apellido, Argentino

PURA FELICIDAD. Pablo y Ricardo, hinchas de Defensa y Justicia, ahorraron para poder llegar al Mundial. PURA FELICIDAD. Pablo y Ricardo, hinchas de Defensa y Justicia, ahorraron para poder llegar al Mundial.

De nombre Sacrificio y apellido Argentino, quienes nacimos en el ex “Granero del Mundo” nos vimos obligados a reformular nuestras vidas a tal punto de convertirnos en sobrevivientes, algo así como una versión de Rambo bien sudamericana, sin armas ni balas y casi nada de material como para triunfar en una guerra solitaria como sí nos acostumbró a malcriar el amigo Silvester Stallone en sus películas de Hollywood contra los comunistas rusos de la guerra fría, por ejemplo.

El kilómetro cero de la comparación es comprender nuestro sobrevivir, en cómo nos fuimos adaptando a las bravas y constantes crisis económicas que azotan una tierra que podría ser potencia global pero que siempre cae en la mediocridad de los gobernantes de turno y en sus entramados personales.

Están aquellos que dijeron basta y optaron por jugar una última ficha antes de caer bajo la línea de pobreza del añorado “Granero del Mundo”. Su decisión fue armar las valijas y emigrar. Y están los que deciden jugar sus últimas fichas sin moverse de casa, de los afectos, de la familia. ¿Ustedes qué decisión tomarían?

Para los argentinos, el Mundial no solo se trata de alentar, el Mundial viene a convertirse en una especie de congreso pasional de los que venimos todavía de donde nacimos y los que vienen desperdigados por el planeta. Argentina en un Mundial es la mejor ocasión de volver a sentirnos todos juntos gracias a la Selección.

Simón y Lucas son amigos desde nenes, tienen 23 años y durante el último verano con título activo de pandemia tomaron la decisión de irse a Australia. Están contentos, pero sacrificaron La Plata por los canguros. “Allá encontrás trabajo todo el tiempo. Es imposible que no lo hagas. Además ganás bien y vivís bien con lo que hacés”, intento creer que lo que dice Nico no viene con un mensaje subliminal, de “en Argentina tiro una pala en el medio de un grupo y la mayoría sale corriendo”. Los chicos fueron mano de obra rupestre; avanzaron hacia la ciudad y se metieron en acciones de servicios, en hoteles. Y mientras se fueron adaptando y acomodando a una realidad que no implica “tres laburos para llegar a fin de mes”, congeniaron que el sueño podía continuar en Qatar y volver a sentir a la Argentina de cerca.

“Es una locura estar acá, increíble por todo lo que significa este país. No se puede creer el orden, lo que ves. Es tremendo”, explica Simón. En el arcón de sus deseos está el que depende de Leo Messi y compañía. “Ojalá podamos llegar lo más lejos posible”, la derrota ante Arabia Saudita es un bache en medio del camino al éxito, entienden los chicos, fanáticos de Estudiantes.

Curtidos por los vaivenes emocionales de ser hinchas de Defensa y Justicia, Pablo y Ricardo son en carne propia el reflejo del argentino que mira el pasaporte solo para cuando el Mundial asoma, y que antes, durante y después del Mundial hacen malabares para cancelar deudas y volver a endeudarse antes de comenzada la siguiente Copa del Mundo.

“Así, como vos mismo lo enumeraste”, le responde Ricardo al enviado especial de la GACETA en Qatar. “Deudas antes y después. Te faltó el ítem ‘vender cosas’”, apa. Es verdad.

“En mi caso, soy coleccionista de camisetas del fútbol argentino. Vendí 15, pero en el viaje hasta acá encontré unas de la Selección que no tenía y bueno, gané y perdí, ja. Lo que sí, a las que vendí, no creo volver a conseguirlas, y si lo hago tendré que pagar una fortuna que, por cómo voy a quedar, será imposible”, contó.

Pablo, que se dedica al comercio de las telecomunicaciones, está en Doha porque sus hermanos y seres queridos lo bancaron, desde lo laboral hasta económico. “Está todo muy duro allá. El dólar, las importaciones. No se puede trabajar, y cuando lo hacés, le debés la mayoría de tus ganancias al fisco y a otros impuestos”, y sí, en Argentina la mayoría trabajadora lo hace para pagar las obligaciones mensuales, no para vivir la vida, como debería ser, ¿no?

Ricardo es empleado administrativo. Además de quemar parte de sus tesoros (y de hallar otros), encaró a su jefe y se ganó el permiso para venir. Para Ricardo, que el gerente de la empresa le haya dado el “sí” fue como ganar su primer Mundial. “Le dije la verdad, que mi sueño desde chico era estar en un Mundial, y que de él dependía si podía cumplirlo”, lo arrinconó contra la espada y la pared. Y triunfó...

Lo de Nicolás es un tanto más complicado y sentimental. En Buenos Aires dejó a su esposa Soledad con Juana, su hija de apenas un mes. “Tuvimos una charla, por suerte salió todo bien. Ya estaba ‘planeado’ el viaje, así que lo entendió. Lo que sí, todavía no hablé por teléfono con ella, no vaya a ser que no me atienda y me espere con las valijas en la calle. Sí le mandé Whatsapp y me repondió”, uf.

Sacrificios y más Sacrificios. Nunca un apellido tan perfecto como Argentino para nosotros.

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