Adiós a Pablo Milanés, el trovador que unió en su canto el amor y la política

El cantautor cubano falleció ayer en Madrid, pero dejó compositores que lo trascenderán. Entre el compromiso político y lo romántico.

UN GRAN COMPOSITOR. Pablo Milanés deja como legado cientos de canciones de fuerte carga poética. UN GRAN COMPOSITOR. Pablo Milanés deja como legado cientos de canciones de fuerte carga poética.

La canción latinoamericana (esa que fue forjada para su tiempo de gloria de los años 70 a 90) despidió ayer a uno de sus últimos referentes. El cubano Pablo Milanés falleció en Madrid a los 79 años, por complicaciones del cáncer que lo aquejaba desde hace años, y dejó para la historia cuatro decenas de discos y cientos de temas con letras hermosas y melodías conmovedoras.

De la Nueva Trova que construyó en su país junto a Noel Nicola, Leo Brouwer y Silvio Rodríguez, Milanés fue el primero en aportar el puente entre la canción de protesta propia de una Cuba sacudida por la revolución que acabó con la dictadura de Fulgencio Batista (Pablo tenía 15 años cuando Fidel Castro entró a La Habana) y los temas decididamente románticos. El cuarteto, que siempre traccionó como individualidades unidas estética y temporalmente, llegaba de experiencias anteriores, pero se consolidó en el Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.

De allí se proyectaron al mundo a comienzos de los 70, emparentados con el folclore que rompía con lo tradicional de otros países latinoamericanos (como el Movimiento del Nuevo Cancionero argentino) para construir la Nueva Canción Latinoamericana. Codearse con Mercedes Sosa, Chico Buarque, Víctor Jara, Alí Primera, los hermanos Mejía Godoy, Amparo Ochoa, Daniel Viglietti y muchos otros en la Casa de las Américas oficiaba de motor para la consolidación de identidad, tanto política como social y estética. No por casualidad, en ese edificio de La Habana compartió escenario en 1968 con Silvio Rodríguez, cuyos nombres estuvieron entrelazados por siempre.

Milanés partió de una poesía llana, cercana al público y sin profundas pretensiones metafóricas, para expresarse. Jugó a decir las cosas con claridad, como cuando le escribió a su esposa de entonces, Yolanda Benet, el tema que lleva su nombre y que dice “Esto no puede ser no más que una canción,/ quisiera fuera una declaración de amor/ romántica sin reparar en formas tales/ que ponga freno a lo que siento ahora a raudales./ Te amo./ Te amo./ Eternamente te amo”; o cuando luego aclaró que “Yo no te pido que me bajes/ una estrella azul,/ sólo te pido que mi espacio/ llenes con tu luz./ Yo no te pido que me firmes/ diez papeles grises para amar,/ sólo te pido que tu quieras/ las palomas que suelo mirar” (en “Yo no te pido”); o cuando admitió “Amar es un laberinto que nunca había conocido/ desde que yo di contigo quiero romper ese mito./ Quiero salir de tu mano venciendo todos los ritos,/ quiero gritar que te amo y que todos oigan mi grito” (“Ámame como soy”).

También le habló como pocos a la pérdida de esa misma pasión que lo sacudía: “El tiempo pasa, /nos vamos poniendo viejos/ y el amor/ no lo reflejo como ayer./ En cada conversación,/ cada beso, cada abrazo/ se impone siempre un pedazo/ de razón”.

Del mismo modo, sus composiciones de corte político tenían precisión y fuerza. Cumplió con su promesa de no actuar en Chile hasta tanto Augusto Pinochet dejase todo espacio de poder en el Ejército, lo que se concretó en 1998, casi una década después de la vuelta de la democracia. Y entonces sonó como nunca “Yo pisaré las calles nuevamente/ de lo que fue Santiago ensangrentada/ y en una hermosa plaza liberada/ me detendré a llorar por los ausentes”. Ya antes había cantado que “La vida no vale nada/ si escucho un grito mortal/ y no es capaz de tocar/ mi corazón que se apaga./ La vida no vale nada/ si ignoro que el asesino/ cogió por otro camino/ y prepara otra celada”. Y por siempre quedará sonando su “Canción por la unidad latinoamericana”: “Qué pagará este pesar del tiempo que se perdió,/ de las vidas que costó, de las que puede costar./ Lo pagará la unidad de los pueblos en cuestión/ y al que niegue esta razón la historia condenará”.

Su internacionalidad lo hizo visitar reiteradas veces la Argentina (iba a visitar Tucumán en abril de 2019 para ocupar el teatro Mercedes Sosa, pero ya entonces su salud le jugó una mala pasada), y compartir escenarios y proyectos con los grandes aristas del mundo.

Ya en este siglo, fue tomando distancia del gobierno castrista sin cuestionar los principios revolucionarios ni rechazar su cubanidad (“Amo esta isla, soy del Caribe./ Jamás podría pisar tierra firme/ porque me inhibe”, escribió). La ruptura fue total cuando se masificaron represiones y detenciones de opositores hace pocos años. Sus palabras hablaron entonces de que él no había cambiado, sino que lo habían hecho los gobernantes. Esa posición resignifica su “Los días de gloria/ se fueron volando/ y yo no me di cuenta./ Sólo la memoria/ me iba sosteniendo/ lo que un día fue./ Vivo con fantasmas/ que alimentan sueños/ y falsas promesas/ que no me devuelven/ los días de gloria/ que tuve una vez”.

Así como tomó de la música cubana el son y el feeling para su desarrollo y de la inspiración de Nicolás Guillén la letra de “De qué callada manera”, otro de sus éxitos, le legó a la cultura de la isla una página gigante escrita en mayúsculas. Se fue Pablo, parte de una generación dorada de la que cada vez quedan menos.

Una luz de guía
Indio Cansinos - cantautor tucumano

El cancionero popular latinoamericano se apuntaló, fortificó y ganó un vigor universal a partir de esa visión, de ese postulado, de esa proclama que fue la Nueva Trova Cubana con Pablo Milanés a la cabeza junto a otros visionarios que sabían que eso no podía ser no más que unas canciones.
Mucho de lo que pasa en nuestro arte, en nuestra cultura es consecuencia de aquella prodigiosa tarea de ir anunciando que llegó la primavera, de compartir el empeño de muchos.
Hemos escuchado sus canciones 1.000 y una veces y las hemos repetido, versionado, cantado y hemos incorporado -a conciencia e inconciencia- su modo, su cadencia, su espíritu, su luz de guía para orientar esa vocación latinoamericana que tiene nuestro Tucumán, a pesar que el tiempo pasa y aunque el amor no se refleje como ayer.
Entonces es cuando se me eriza la piel y cada frase va ganando intensidad y sube de tono por grado conjunto hasta que aparece un pequeño reposo, como quien toma aire, para dar un salto de sexta ascendente y repetir “yo pisaré las calles nuevamente”. Por último, veo tu cara y digo en la ventana:
La crónica de hoy tendrá dificultades para explicar por qué nuestro seleccionado cayó a pesar de ser firme candidato y cómo ha hecho para morir Pablo Milanés, que es inmortal desde hace rato.

Muchas palabras para él
Lucho Hoyos - compositor e intérprete tucumano

Qué hubiera sido de nuestras vidas y de nuestras emociones sin vos...
Dijiste todo, como debía ser dicho.
Soltaste a volar las palabras con música.
Nos reformateaste el corazón (y la cabeza... ni te cuento).
¿En qué palabra podría simbolizarse tanto?
Es que... ¡son tantas!
Pablo enorme
Pablo único
Pablo indiscutible
Pablo necesario
Pablo gracias
Pablo amado
Pablo inmortal
Por suerte nos estará sobrevolando siempre y lo celebro.

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