Las circulares ruinas argentinas

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“El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro”. Jorge Luis Borges.

El fuego lo sabe. El protagonista también. En el cuento que inaugura el libro “Ficciones”, el más trascendente de los escritores argentinos del siglo XX narra el esfuerzo de un hombre que decide soñar a otro hombre, su propio hijo, hasta el sobrenatural esfuerzo de crearlo. Lo intenta mucho, pero no lo consigue. No era el primer varón en fracasar en ese ingente esfuerzo por inventar una persona. “En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado”, anota Borges en el cuento de la década de 1940 que años después supo enamorar a María Kodama.

Entonces imploró socorro y se le apareció un dios de diversas representaciones (unas veces flor; otras, tempestad). Esa deidad (“su nombre terrenal era Fuego”) reveló que él se encargaría de animar al fantasma soñado. Todas las criaturas lo pensarían un hombre de carne y hueso. Todas salvo el Fuego y -por supuesto- el soñador…

Ese cuento descomunal se publicó originalmente en una colección de nombre sublime: “El jardín de los senderos que se bifurcan”, que luego acabó por integrarse al mencionado volumen de “Ficciones”. Por momentos, parece una alegoría de los torcidos caminos que ha seguido la política y la economía del actual Gobierno de la Argentina. Porque Borges, en otro libro, escribió sobre “El libro de arena”, en el cual el contenido de sus páginas cambiaba de manera constante (como si fuera un antecedente de la Constitución de Tucumán). Pero son los gobernantes los que han conseguido que la coyuntura del país se convierta en un árido. Y que su inconsistencia la reduzca a un ruinoso e incesante círculo vicioso. O sea, a ruinas circulares.

La delación

La inflación lo sabe. Y lo revela. El Gobierno jamás concibió un plan de gobierno. Ni siquiera un plan económico. Mucho menos un proyecto de país. Dicho de otro modo, el “modelo K” sólo es para los discursos en los actos sin movilización espontánea. Como antes lo era para la cadena nacional. Sirve para ser explicado en una épica oxidada de júbilo hervido con trapo y lentejuela. Pero ese modelo es impracticable. Por eso no tiene un proyecto que lo ejecute: no es posible para ningún proyecto que el Estado lo provea de absolutamente todo. Fracasó antes en otros continentes. Fracasa desde 2008 en la Argentina de una crisis inacabable. Dentro de un lustro habremos alumbrado a la generación “C”: la generación de la crisis infinita.

Pero el cuarto gobierno K se empecina en soñar, de manera alucinante, con que el Estado debe proveerle todo. Debe dar trabajo y también de un plan social para el que no lo tiene y de un bono para el que no lo consigue. Y debe convertir a todos en propietarios y, si no lo consigue, pone en jaque la propiedad privada para que nadie lo sea. Nada de eso puede ser real. Entonces no hay inversión privada. Extranjera ni nacional. Lo sabe la inflación. Y lo dice.

El Gobierno sueña que la moneda de los argentinos no se ha devaluado. Pero la inflación sabe la verdad. Entonces, el cuarto kirchnerismo multiplica los tipos de cambio diferenciados hasta la pesadilla. La multiplicación de “tipos de dólar” es inversamente proporcional a la posibilidad de conseguir un solo dólar oficial. Ahora hay “dólar Qatar” para que los que paguen sus gastos con tarjetas en el exterior lo abonen con un tipo de cambio más caro. El Gobierno asume que al desalentar el uso del “plástico” no saldrán dólares de las reservas cuando se paguen los resúmenes. Cómo no se consigue dólar oficial, los que irán al Mundial compraron “dólar blue” y dispararon su precio. También la brecha. No son magos. Ni siquiera prestidigitadores.

La inflación los delata y los precios se disparan. Entonces el cuarto kirchnerismo sueña que la culpa es de un golem: “los formadores de precios”. Cuando en realidad, los sospechosos de siempre no están afuera, sino adentro. Y vuelven con las tan remanidas como fracasadas recetas de los controles de precios y de los congelamientos de precios, que fracasaron desde el último gobierno de Juan Domingo Perón, en la década de 1970, hasta ayer a la tarde.

“Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje”, escribió Borges.

En la argentina no industrializada, la importación de productos es indispensable para las más diversas actividades productivas. El dólar oficial (que no existe en el universo físico, pero sí en el financiero) pasó este año de $ 100 en enero a $ 158 por estos días. Sólo un mago como el de “Las ruinas circulares” soñaría con que los precios puedan congelarse en ese contexto.

Entonces soñaron primero con los “precios cuidados”, y cuando no pudieron ponerse en pie imaginaron los “Precios justos”: 90 días de precios invariables en las góndolas.

Sin embargo, las paritarias de los sindicatos del peronismo acaban con el ensueño del gobierno peronista. Las negociaciones salariales se salen de escala y alcanzan las tres cifras. Es decir, mayor circulación de efectivo, que no será atesorado por la pérdida progresiva de valor del Peso. Es decir, se volcará masivamente al consumo y acicateará la suba de precios “por afuera”. Porque los precios ya tienen un acelerador “por adentro”: el aumento de los costos laborales se traslada al precio de los productos. Las ruinas no pueden ser más circulares.

El pelotón

No sólo la ígnea inflación sabe de la ficción K. También lo sabe el soñador. Por eso, el incendiario rumbo de la economía no figura en sus prioridades. Todo pasa por arrasar con el Poder Judicial que enjuicia a la Vicepresidenta por supuesta corrupción. Y por ende, con el sistema republicano. Y, consecuentemente, con el orden democrático.

Entonces, cuando hay que discutir el Presupuesto Nacional 2023, todo el esfuerzo kirchnerista está en puesto en obligar a los jueces nacionales a pagar Impuesto a las Ganancias.

Enarbolan el asunto como si fuera la última bandera de las conquistas sociales: el universo al que alcanzaría la medida es de sólo 700 magistrados. Y ni siquiera eso: todos los que fueron designados a partir de 2017 ya pagan el tributo nacional.

Claro está: si la mayoría de los trabajadores pagan el Impuesto a las Ganancias y hasta hay jubilados que lo tributan, que los jueces no lo hagan constituye un privilegio. Pero si es el único privilegio que está dispuesto a discutir el kirchnerismo en el Congreso, cuando la Presidenta del Senado cobra no una sino dos pensiones presidenciales (la suya como ex mandataria, y también la de su difunto esposo), por un monto equivalente a 100 jubilaciones mínimas, a lo que se asiste es a una persecución contra los Tribunales. Una que ya comenzó con el Senado y la media sanción del proyecto para elevar de cinco a 15 los miembros de la Corte.

Como la oposición no acompaña que el oficialismo encienda un hoguera de jueces en nombre de la igualdad ante la ley, cuando Amado Boudou (condenado y encarcelado por el escándalo de la ex imprenta de billetes Ciccone) volvió a cobrar pensión de siete cifras como ex vicepresidente (Cristina Kirchner lo eligió personalmente para que la acompañe en el segundo mandato), ahí si toman un jardín de senderos que se bifurcan y hablan de economía.

Antes de organizar un pelotón presupuestario contra los miembros del Poder Judicial, la negociación planteada en el Congreso consistía en que la oposición acompañaría la sanción del Presupuesto Nacional 2023 si el oficialismo descartaba su intención de eliminar las PASO. Como el kirchnerismo tornó imposible avalar el Presupuesto, vuelve a la carga para eliminar las primarias. ¿Con qué argumento el Gobierno de los discursos sobre los derechos humanos quiere arrancarle una votación a la democracia y el derecho a elegir a los ciudadanos? Con uno de índole económico: son costosas las PASO, nacidas en el segundo Gobierno de Cristina.

¿De cuántas elecciones nos privaron las dictaduras militares del siglo XX? ¿Eso desendeudó a la Argentina, y la puso en la senda del desarrollo industrial, económico y social? Da la impresión de que el kirchnerismo, cuyo relato pareciese pretender que la historia argentina sólo se remonta a la década de 1970, debería saberlo mejor que nadie.

Eso sí, mientras el oficialismo nacional se rasga los bolsillos por los costos electorales (¿está mal que un gobierno de la democracia invierta en más democracia?), los justicialismos provinciales continúan con su temporada de desdoblamientos de comicios. Esta semana fue Salta. Antes Río Negro. Primero, Tucumán. Si por un instante fuera lícito que en democracia un gobierno decidiera “ahorrar en elecciones”, ¿por qué no se unifican los comicios provinciales con los nacionales y en un solo acto, y una sola campaña, se eligen todas las autoridades?

Como el rojo Adán de los demiurgos, las creaciones del cuarto kirchnerismo se manifiestan inconsistentes. No puede ser de otra manera. La inflación lo sabe. Los magos sin programa lo saben. En la mitad de “Las ruinas circulares”, Borges escribe: “En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó”. El final será desolador.

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