El “muñeco con alma”, curiosa publicidad en 1932

PROPAGANDA I. El comercio buscaba aumentar sus ventas, si se logró no se sabe, pero la publicidad atrajó a muchas personas. PROPAGANDA I. El comercio buscaba aumentar sus ventas, si se logró no se sabe, pero la publicidad atrajó a muchas personas.

Casa Voss presentó la figura y realizó un concurso sobre si era un autómata o un hombre. Propaganda

Vender. Vender mucho, siempre fue el interés del comercio y la publicidad, del tipo que fuera, es una de las herramientas claves para alcanzar ese objetivo. La propaganda, las ofertas y cualquier otro elemento se usan y se usaron a lo largo de la historia para atraer al público a los comercios. En nuestra provincia se ofrecieron cuadros de un artista internacional, el descuento en la segunda unidad de la compra o las ofertas especiales para las fiestas patrias. En esta oportunidad la desaparecida Casa Voss presentó en sus vidrieras un “autómata” al que identificó como el “muñeco con alma” pero pese a esa información se generaba la duda al preguntarse si “¿hombre o muñeco?”. Esta última fue la clave de la campaña que significó un éxito ya que el negocio ubicado en “Las Heras (hoy San Martín) y Muñecas” lo colocó en su vidriera desde el 2 de octubre de 1932 hasta mediados del mismo mes. Y para que la campaña tuviera más éxito la colaboración de nuestras páginas contando: “La historia del Muñeco con Alma” fue clave. Según nuestra crónica: “cuenta quien sabe estas cosas que, hace algunos años, había en una fábrica de autómatas, en Alemania, un obrero espiritualista, un hombre tan convencido de que el alma, esencia pura, no es exclusivo patrimonio del hombre, que aseguraba haberla encontrado, en diversas ocasiones, en la luz fugaz de los ojos de algunos de los muñecos creados en la fábrica”. Quizás la lectura de estas palabras llevó a muchos tucumanos de entonces a acercarse a la sede del negocio para ver por sí mismo a aquella figura. Durante varias jornadas el “autómata” desde las 18.30 hasta las 20 estaba en la vidriera mientras los curiosos debatían fervorosamente si era un muñeco o un hombre.

En Buenos Aires

La crónica propagandística tras anunciar que de aquella fábrica germana salió el mencionado robot indicaba que “hace poco llegó a Buenos Aires un extraño, cuyos movimientos acentuadamente automáticos, llamaron la atención; llegaba con alguien que, por su apariencia, tenía por el especial afección. Más tarde díjose que ese ser era un autómata dueño de un alma como la nuestra y, que por su convencimiento de la ausencia de idealidad, que hoy domina al mundo, se había dedicado a actividades comerciales” y agregaba que la gente de “la metrópoli” lo asedió mientras trabajaba en propagandas sin poder descubrir si era verdaderamente un robot o un ser humano. Igual situación ocurrió en otras ciudades argentinas “hasta que llegó a Tucumán”. El “muñeco con alma” se instaló en las vidrieras de Casa Voss además de moverse por el salón de ventas y destacaba que “como no sabe hablar, su alma le brinda una gran fuerza expresiva en la acción y su propaganda, original y única, es por consiguiente eficaz”.

Concurso

Para dilucidar si era hombre o máquina el negocio dispuso la realización de un concurso que tuvo tres premios, el primero por 100 pesos de mercaderías, el segundo por 50 y el tercero por 25. El sorteo se realizó bajo la atenta mirada de centenares de personas que se dieron cita para observar el proceso. La novedosa y sorprendente campaña publicitaria tuvo a los tucumanos en vilo dos semanas y tras ello se develó la incógnita el “muñeco con alma” era “un hombre, un hombre capaz de llevar al más avisado la convicción de hallarse en presencia de un muñeco automático, a tal punto que las opiniones de nuestro gran concurso han estado equiparadas, no atreviéndose nadie a una afirmación rotunda sobre su verdadero existencia”. Como se ve la campaña mantuvo en alerta al público que cotidianamente se daba cita en el comercio para observar al personaje y aún con ello muchos tuvieron dudas para determinar que era un hombre.

Liquidaciones

Las liquidaciones de fin de año y para las fiestas patrias eran famosas. Reconocidos negocios ya desaparecidos como Casa Voss, Gath & Chaves, Dell’Acqua -que para la década de 1930 pasó a llamarse Tiendas Argetinas-, y La Ciudad de Chicago eran algunas de las firmas que poblaban las calles céntricas. Los anuncios presentaban sus ofertas con ilustraciones de abrigos, camisas, zapatos, pantalones, vajilla y menaje con sus precios de saldo. Pero en septiembre de 1936 la desaparecida casa La Sorpresa anunciaba a media página La maravilla de la época: “El afamado pintor húngaro Geza Vincze, ejecutor relámpago que asombró con su arte en exposiciones y concursos realizados en las principales capitales del mundo. Se presentará hoy lunes (7 de septiembre) de 10.30 a 12 y de 18 a 20 y días sucesivos en una de las vidrieras de La Sorpresa, donde hará exhibición de su maravilloso arte, demostrando la increíble rapidez con que ejecuta sus obras”.

Fue una campaña publicitaria inédita para la época: habilitar el estudio del artista en el propio negocio. “Obsequiamos a cada comprador de cinco pesos en adelante uno de los cuadros, de tamaño relativo al monto de cada compra, pintado al óleo y firmado por el artista Geza Vincze”, expresaba el anuncio.

Persuación

La publicidad es una técnica que busca persuadir, con mensajes simples, al consumidor en una dirección. Las campañas publicitarias y los medios de comunicación van de la mano, ya que los primeros, montados en la masividad de los segundos, extienden su mensaje a la sociedad. En este sentido algunos hechos que a lo largo de la historia generaron curiosidad fueron utilizados como herramienta publicitaria. En la historia de la publicidad se señala un papiro egipcio como el primer aviso conocido. En él, un tejedor de nombre Hapu ofrece una recompensa por un esclavo hitita que se fugó y cierra el texto con la frase “donde se tejen las más bellas telas al gusto de cada uno”. Unos 3.000 años más tarde en algunas tapas de septiembre de 1923, el desaparecido comercio “A la ciudad de Chicago” publicitaba su colección bajo el título “Tutankhamon”, tumba que había sido descubierta y abierta hacia fines de 1922. Allí se destacaba que “Lord Carnarvon, descubriendo la tumba de este faraón, trajo como resultado una completa revolución de moda, a tal punto que Tutankhamon impera, preside y reina en los gustos y dibujos de los géneros, vestidos y adornos que se usan en la actualidad”. Agregaba que “esta moda es una de las que presenta más gusto y delicadeza, siendo sus formas pintadas y estampadas infinitamente variadas”. Con ello invitaba a sus clientes a visitar el negocio. El 4 de noviembre de 1922, Howard Carter descubre la tumba del joven faraón de la dinastía XVIII del Nuevo Reino. Carter llama a su mecenas George Herbert, más conocido como Lord Carnarvon y ambos ingresaron a la tumba el 26 de noviembre. Luego vinieron años de trabajo, la muerte de Carnarvon en 1923 y en 1925 se reveló la momia tras retirar los tres sarcófagos que la contenían.

Otra forma de publicidad fue la del “Splendid fe”, con una gran foto del salón, que dice “único en Tucumán” y anunciaba su inauguración en calle “Las Heras 740” (hoy San Martín). Y el epígrafe decía: “una vista del salón inaugurado ayer (por el 14 de septiembre) a horas 16. Atendido por señoritas”. Allí se ve a cuatro mujeres paradas vestidas de blanco entre las mesas y otras tantas en una ventana al fondo quizás por donde se pasaban los correspondientes pedidos a las mozas.

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