“Camino al éxito”, un viaje que va más allá de la ilusión deportiva

El tucumano Sergio Prina protagoniza junto al niño Benjamín Otero el debut como director de Sebastián Rodríguez, con una road movie.

EN TRÁNSITO. Hugo y su sobrino Enzo (Sergio Prina y Benjamín Otero), en la camioneta que los lleva al futuro. EN TRÁNSITO. Hugo y su sobrino Enzo (Sergio Prina y Benjamín Otero), en la camioneta que los lleva al futuro.

En un pueblo perdido, de calles polvorientas, Enzo se luce en los partidos de fútbol. A los 12 años, todos lo quieren en su equipo. Su tío Hugo está acostumbrado a verlo, hasta que sus ojos se llenan de ilusión cuando un cazatalentos le ofrece una prueba en un club grande de la Capital Federal. Llegar será una aventura tan grande como su esperanza de que el niño triunfe y deje esa existencia anodina, atada a la pobreza y a la chatura.

“Camino al éxito” es el debut de Sebastián Rodríguez como director y es protagonizada por el tucumano Sergio Prina como el ambicioso Hugo, que organizará el viaje de su sobrino (Benjamín Otero), será el encargado de conseguir el permiso de su hermana (la madre del futbolista, interpretada por Marcela Guerty) y el dinero del traslado a bordo de una vieja y deteriorada camioneta. Todo tras la ilusión de cambiar de vida, pero en el viaje conoce a una mujer que lo impulsa a repensar su existencia.

La película se estrena localmente hoy en el Espacio Incaa de la sala Hynes O’Connor (San Martín 251), con funciones hasta el sábado, siempre a las 20.

“Hay un imaginario social donde las familias ven a los chicos como una posible salvación a todos sus problemas si le va bien con el fútbol, pero es más complejo. Conocí muchos chicos con gran talento que quedaron en el camino porque no soportaron la presión de sus padres. Más allá de eso, las propuestas económicas para seducir a una familia es algo que sucede en el mundo del fútbol infantil y era el detonante que necesitaba para empezar a darle vida a la trama”, describe el director para LA GACETA.

- ¿Cómo surgió la idea?

- En primer lugar, siempre tuve cierta debilidad por las películas de carretera (road movie). Me parece interesante este tipo de formato. Te da mucha libertad creativa y un gran abanico de posibilidades a desarrollar. Por otro lado, debo reconocer que soy un jugador frustrado pero sigo con fanatismo todo lo que tiene que ver con el fútbol. Recuerdo que cuando jugaba en inferiores, conocí muchos historias como la de Enzo. Dejar atrás la familia y hacer miles de kilómetros en búsqueda de un sueño era un poco la idea madre del proyecto desde lo argumental. Con estos disparadores como punto de partida, trabajé en la trama en esa dirección.

- ¿Cuán difícil es filmar una road movie en la Argentina?

- No sé qué tan complejo es comparado con otro tipo de propuestas, pero las road movie tienen su propia dificultad por toda la logística que demanda este tipo de relatos. Muchas locaciones, company moves, exteriores, diversos personajes, etcétera. En este caso particular, tuvimos que falsear el viaje real que se da en la película por un tema presupuestario. Se nos hacía imposible filmar en cada uno de los pueblos que están en el guión. Por eso tuvimos que trabajar en un sistema de producción alternativo para llegar al mismo objetivo. Junto a Nastassja Bischitz, la productora ejecutiva, encontramos la forma de poder recrear el viaje dentro de las posibilidades reales que teníamos. Todo el proyecto fue un “viaje” complejo pero muy divertido. Se creó un gran equipo de trabajo entre elenco y equipo técnico, que permitió lograr el resultado que queríamos.

- Más allá de la anécdota argumental, ¿qué estás contando y queriendo contar en la película?

- El fútbol y la oferta del viaje era simplemente una excusa. Por otro lado, quería trabajar en una temática que logre identificar al espectador de manera más generalizada. Estaba convencido de que quería desarrollar una historia donde el arco narrativo plantee problemáticas universales menos visibles, pero no menos importantes. Me interesaba mostrar una mirada alternativa sobre cómo convivir con diferentes frustraciones o esos golpes emocionales que uno enfrenta en la vida, que generalmente son inevitables. Cómo uno afronta y supera las diferentes adversidades que se le van presentando. Con esta observación como eje central, trabajé en un argumento que pueda explotar este tema.

- ¿Lo conocías a Prina de otras experiencias previas?

- A Sergio lo conocí cuando vi “El motoarrebatador”, de Agustín Toscano. Me encantó su trabajo y enseguida lo empecé a imaginar en el papel. Estaba convencido de que era el ideal para ese personaje y no me equivoqué. Mi trabajo con él se dio con una naturalidad increíble, parecía que nos conocíamos desde hace años. Tuvimos varios encuentros previo al rodaje donde hablamos mucho sobre su personaje y todo fluyó de la mejor manera. En el rodaje tuvimos muy buena química y simplificó mi trabajo como director. Es un gran actor con mucho futuro, no tengo dudas. Espero poder volver a trabajar con él en otro proyecto.

- Una apuesta siempre arriesgada es trabajar con niños, ¿cómo fue el abordaje del personaje que hace Benjamín?

- Sí, totalmente. El trabajo con chicos fue, sin dudas, uno de los grandes desafíos que tuve. Pero la verdad es que Benjamín tiene un talento que asombra para la edad que tiene. Lo había visto en “Hoy se arregla el mundo”, la última película de Ariel Winograd. Más allá de esto, decidimos hacer un casting para ver otras alternativas; apareció él también como una de las opciones y no dudé en seleccionarlo. Su experiencia en el set y su gran capacidad actoral fue determinante para la selección final, sobretodo porque tiene mucha facilidad para la comedia y eso no era un dato menor. El trabajo con Benja en el rodaje fue muy simple también. Nos llevamos muy bien y es un chico muy inteligente que comprendió rápidamente lo que le pedía. Trabajé mucho con experiencias previas que haya tenido en su vida para las diferentes situaciones que se daban en la película. Estoy muy contento con el trabajo que hizo.

- ¿El humor es parte natural de todo lo que nos pasa?

- El humor no puede faltar en mis películas. No me imagino haciendo una que no tenga humor. Es una de las piezas indispensables para la construcción del estilo que busco como director a lo largo de mi carrera. Sinceramente, lo que más disfruto como realizador es hacer reír al público. El humor es una de esas cosas que nos identifica como sociedad y nos acompaña durante nuestras vidas. Está presente en la película porque es inevitable. Ese vínculo entre el tío y su sobrino y las diferentes situaciones que se van dando a lo largo de la ruta generan grandes momentos de comedia. Este fue otro de los desafíos que afronté, porque considero que hacer comedia parece sencillo pero es complejo.

- ¿Hay ética en los personajes adultos o se mueven por sus propios deseos como prioridad?

- La ética no entra en juego en la película. Los personajes son totalmente emocionales y sus acciones se dan de manera impulsiva. Creo que la película y sobretodo el personaje de Hugo dejan al descubierto una sincera disputa durante todo el viaje entre lo material, es decir, el fin económico del viaje, y lo simbólico, sus emociones y sus valores. ¿Cuál es el verdadero éxito de Hugo? Ahí está la verdadera razón de ser de esta historia. Hugo lucha contra su pasado, contra sí mismo.

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