EXALTACIÓN DE LA CRUZ. “Los terremotos afectaron a todos y el Milagro fue pura devoción”, afirma una investigadora de este fenómeno. gentileza catedaral de salta
“Sábado 13 de septiembre de 1692 a las diez del día lunes hubo un temblor en Salta, tan horrible, que duró más de un cuarto de hora, que hincados de rodillas en la plaza no se podían tener los hombres, fue admiración el verse cimbrar las torres, Iglesias y demás edificios juzgando todos se asolaba la ciudad”, dice un documento de las Provincias del Virreinato del Río de la Plata en relación a los temblores del año 1692. Fue rescatado por la investigadora del Conicet Telma Chaile, que abordó los orígenes de la devoción del Milagro en Salta desde el terremoto de 1692 en su libro “Devociones religiosas, procesos de identidad y relaciones de poder en Salta”.
En su trabajo, la historiadora buscó indagar acerca de los origines del culto: “hay mucho relato que todos conocemos desde niños porque circula social y oralmente pero me surgió el interrogante de pensar si había sucedido algo más allá de los temblores para que se configurara esta tradición del Milagro en Salta”. Abordó lo sucedido en los siglos XVII y XVIII investigando la documentación existente. “En sus comienzos ya fue una fiesta de patronato en donde participaba la población local. Ya en sus inicios venían algunos peregrinos que vivían en campaña, en el espacio rural, y desde Jujuy”, dijo y agregó: “lo identitario se construyó en ese momento, a partir de la importancia de la práctica religiosa del milagro. En el Cabildo se instauró rápidamente como una fiesta de asistencia obligatoria y en donde debían colaborar con fondos los funcionarios”.
PEREGRINOS. Recorren grandes distancias a pie, en bici o a caballo.
Los temblores de 1692 fueron intensos y tuvieron su epicentro en las cercanías de Esteco aunque se sintió en todas las ciudades de la gobernación del Tucumán. “Fueron varias réplicas que se prolongaron de forma intermitente durante tres jornadas y la ciudad de Esteco resulto la más perjudicadas por los deteriores en las construcciones y la cantidad de víctimas”, escribió Chaile. “No se tiene por cristiano quien no se confiesa y comulga durante esta festividades del Milagro, decían algunos marcando una importancia muy significativa de esta fiesta porque en la vida religiosa de las personas durante la colonia estos sacramentos eran obligatorios. Las personas por aquel entonces se preocupaban por cumplir esto y tenían que dar cuenta de que se confesaban y comulgaban”, destacó.
La festividad del Milagro se fue conformando en un período de tiempo y en proceso histórico: “era una fiesta importante porque había indulgencia también para quienes participaban y se fue construyendo progresivamente la devoción que nace en 1692. El culto se reconoce institucionalmente, tanto por el poder este religioso como por las autoridades de la administración local reunidas en el Cabildo y vinculadas al poder. Ellos sostuvieron e hicieron crecer el culto al Milagro”, explicó advirtiendo que había una marcada diferencia social entre quienes participaban y cómo participaban del Milagro. “La diferenciación social también se traducía en las formas de participación y de los lugares que se ocupaban en la procesión dentro de la Catedral y en la procesión”, puntualizó.
La Festividad del Milagro en Salta es una de las más antiguas procesiones de Sudamérica. Hubo variaciones con el tiempo por ejemplo antiguamente se acostumbraba a realizarlas de noche y acompañarla de otros eventos como un baile.
FE INQUEBRANTABLE. Fieles transportan una imagen del Señor.
“Los terremotos golpeaban a toda la sociedad por lo que, desde el comienzo, el Milagro fue pura devoción sin diferencia de clases. En las prácticas religiosas, más adelante, sí hubo diferencias”, explicó Lucía Solis Tolosa, magister en Ética y co-autora del libro “El milagro de los salteños”, junto al historiador Gregorio Caro Figueroa. “Durante 1900 y antes la festividad era un motivo de encuentro. Para muchos, era la única vez que se reunían las familias porque venían los peregrinos a la ciudad. Había ferias de comidas y de productos que se hacían, alejados de la Plaza 9 de Julio. Cuando terminaba la procesión o la misa, se hacían fiestas, encuentros y reuniones en donde se hacían los compromisos, se presentaban los novios, a la futura familia política, era un momento social fuerte. Las niñas usaban sus trajes más bonitos y nuevos porque el día de la procesión se estrenaba ropa”, describió.
El terremoto de 1692 y sus réplicas con epicentro en la ciudad de Salta, dieron origen a una devoción basada en rituales de penitencia y de perdón. “La generación de estas manifestaciones responden a un contexto histórico muy amplio, por lo menos desde 1692, cuando se produce el terremoto en Esteco con réplicas en Salta se cae la Virgen de pie y eso se interpreta como un milagro. Ahí se acuerdan del Cristo que estaba guardado desde hacía más de 100 años y eso lo ven como la causa de los temblores”, repasó el antropólogo Pablo Cosso en diálogo con LA GACETA. “En la actualidad las motivaciones son diferentes. Hoy el Milagro atañe a la identidad, es la síntesis de muchos otros milagros, un símbolo, no se les pide solo por el cese de terremotos, sino por cosas particulares, cada uno va con su idea de pacto –que es otro término más asentado si se quiere, en términos católicos-. Hay un don y contra don: dar, orar para recibir, un pacto de fe de mutuo cumplimiento en términos del catolicismo. Según mi propia visión, en ese momento se marca la catolicidad salteña”.
Cosso, becario doctoral del Conicet dedicó gran parte de su carrera a investigar la temática de la diversidad religiosa en la provincia de Salta: “El Milagro representa algo que el sociólogo Émile Durkheim denominaba ´una conciencia colectiva´. Es algo que va más allá de la suma de las partes de cada una de las personas que están motivadas para hacer la procesión y la peregrinación. Es una conformación de una conciencia colectiva, de querer participar en algo que los una a todos, es formar parte de una colectividad que tiene que ver con el modelo de la iglesia, la feligresía reunida al servicio de la divinidad”.
“La religiosidad tiene puntos de crisis pero satisface en tiempos de estabilidad y de crisis. En la estabilidad sigue funcionando. El Señor y la Virgen del Milagro tienen ese efecto de don y contra don en donde se agradece cuando las cosas van bien y se pide cuando no van tan bien. Las cuestiones que no son controladas por los humanos son adscriptas a la religiosidad popular. Cuando ya no tenemos soluciones como humanos e hicimos todo lo posible, queda lo divino, pensar en la cosmovisión de otros seres –santos, muertos milagrosos, espíritus, ancestros- que puedan ayudarnos. Esa es la religiosidad popular”, concluyó Cosso.
El Milagro y el Estado
Según el antropólogo el Estado (y la política) están presentes en el Milagro desde el momento en que seleccionan esta festividad del inmenso universo de festividades provinciales. “El Estado no acompaña de la misma manera a fiestas como la de San Cayetano, Virgen de Urkupiña, San Lorenzo o San Roque. Por lo general van autoridades menores ahí. Pero, al Milagro va el gobernador y sus ministros, la cúpula de la Iglesia y de la Universidad Católica, entre otras autoridades. En la foto que se observa desde arriba de la procesión, se marcan las jerarquías”, dijo y concluyó: “el Estado debería regular la diversidad religiosa, acompañar todas las manifestaciones pero hay un acompañamiento político oficial que genera un desbalance ante el catolicismo”.








