Cuerpos en acción para construir mundos posibles

Daniel Corres habla del proceso creativo de “Ciudades invisibles, universos propios”, una producción del Teatro Nacional Cervantes a cargo de artistas tucumanos, que debuta hoy.

BÚSQUEDA CREATIVA. Los bailarines de “Ciudades invisibles, universos propios” construyeron su obra sobre la base de la improvisación en el espacio. BÚSQUEDA CREATIVA. Los bailarines de “Ciudades invisibles, universos propios” construyeron su obra sobre la base de la improvisación en el espacio.

Diversas políticas de apertura hacia el interior del país se vienen desarrollando desde hace años desde el Teatro Nacional Cervantes para romper con el limitante de que su sede física esté en el corazón de la Capital Federal (avenida Córdoba y Libertad), y cumplir con una tarea genuinamente federal. Durante la pandemia se convocaron a concursos de dramaturgia y luego a proyectos de producción escénica, distribuidos por regiones.

Esa iniciativa tuvo continuidad pese al cambio de gestión ocurrido hace 10 meses, cuando la santafesina Gladis Contreras reemplazó a Rubén D’Audia en la conducción. El resultado fue la presentación de 109 propuestas (sólo no hubo iniciativas de teatristas de Santiago del Estero, Formosa y Chubut) y la concreción de cinco coproducciones del programa “TNC produce en el país”: “Gregorio el zanahoria”, infantil de Ludmila Bauk estrenado en Rosario en vacaciones de invierno; “Y que todo arda”, que debutará en una semana en San Juan con dirección de Juan Francisco Bubica; “Los garabatos del volver”, de y por el catamarqueño Alberto Moreno, con fecha para el 17 de este mes; y “Golondrina soledad” dirigida por Nicolás Caminiti de General Roca, Río Negro, ya en octubre.

La quinta obra elegida es tucumana y hoy se estrenará en el teatro municipal Rosita Ávila (Las Piedras 1.550), con entrada libre y gratuita a las 22. “Ciudades invisibles, universos propios” está creada y codirigida por Pamela Navarro, Luján Arroyo y Daniel Corres, trío a cargo de la interpretación con el agregado de Aráoz, en una obra de danza contemporánea con características identitarias propias. El equipo se completa con Aída Navajas en diseño de iluminación; Aráoz en diseño de sonido, el vestuario de Claudinna Rukone y la escenografía de Sofía Seidán. La asistencia de dirección es de Luciana Villafañe. La productora local del Cervantes es Fernanda Obeid.

“Universos que conviven y se encuentran, donde lo individual se funde con el espacio y la transformación es constante. Lo lúdico y lo estético, al igual que lo cotidiano, están siempre presentes. El paso del tiempo transforma y confunde”, se plantea como anuncio de la propuesta con fuerte carga poética.

La idea de realizar este proyecto surgió el año pasado, en diálogos entre Corres, Arroyo y Navarro. “Somos amigos desde hace tiempo y ellas trabajaron mucho juntas -describe Daniel en diálogo con LA GACETA-. Nos juntamos con la premisa de divertirnos, jugar y ver si armábamos un espectáculo. Probamos algunas cosas en un espacio con muchas mesas y sillas y se fue construyendo un proyecto que se presentó en la convocatoria del Cervantes, que era la primera vez que se abría a la danza, conseguido a partir de la acción del colectivo Frente de Emergencia de la Danza nacido en pandemia. Siempre coprodujeron teatro, y ésta es la primera vez que lo hacen con nuestro género”.

- Por lo tanto es una responsabilidad especial, ¿cómo la asumen?

- Estamos frente a un hecho histórico, que la primera obra que producen de danza sea en Tucumán no es poca cosa, con la historia que tiene en la provincia. Cuando ganamos la convocatoria decidimos terminar de completar el equipo con expertos reconocidos que ya vienen trabajando en el medio.

- ¿Cómo desarrollaron el proceso creativo?

- La premisa fue la búsqueda, el juego y los modos de construcción, que es lo que caracteriza el trabajo que realizamos. Somos bailarines y construimos desde ahí, pero sin usar una técnica en particular. La idea era encontrar un lenguaje del movimiento que sea propio de la obra que planteamos. La composición que utilizamos es lo característico de “Ciudades invisibles...”.

- Ítalo Calvino escribió una novela con ese título, ¿qué tomaron de ella?

- No tiene nada que ver con la novela de Calvino, no es una cita sino más bien una coincidencia entre el imaginario que fuimos construyendo. Aparecieron referencias de algunos artistas que quizás de inspiraron en su texto, pero el nombre nos pareció adecuado en lo que veníamos haciendo. Por eso el agregado de “universos propios”, nos basamos en la idea de poder crear universos que conviven o no, que se van transformando en la escena, y la obra habla de eso. Nos reímos porque decimos que, en realidad, la obra es la que nos habla. Queríamos ver qué es lo que sucedía con algunas pautas que nos pusimos, con pequeños conceptos para empezar a improvisar. La búsqueda se centró en lo que iba apareciendo.

- ¿Qué aporta cada artista al proyecto?

- Creo que mucho. La idea es trabajar lo más horizontal posible, si bien hay una dirección compartida y roles a cumplir, pero hemos dado una libertad bastante grande para proponer y crear dentro de cada área. El vestuario, la escenografía, la música, cada área puso lo suyo y contribuye a construir los pequeños mundos posibles que están en escena. Es una unión artística circunstancial para este proyecto, pero tenemos la decisión de continuar más allá del ciclo de funciones (viernes, sábado y domingos hasta fin de mes, siempre gratis en el Rosita Ávila), porque tenemos proyectos nuevos para fin de año, con cosas nuevas que no queremos adelantar.

- ¿En qué consiste la producción del Cervantes?

- Nos contrata por los ensayos y las funciones para todo el equipo, es una oportunidad prácticamente única de profesionalizar nuestro trabajo, bajo el convenio colectivo y con todo lo que ello significa. Lo sentimos como un lujo y un privilegio, es una oportunidad casi única para los trabajadores del arte en general. Una curiosidad es que nos pagan como actores y no como bailarines, ya que no hay una ley específica para la danza que abarque nuestro trabajo. Siempre nos amoldamos a otro convenio, sea de los sindicatos de Teatro o de Variedades. Por aparte de los cuerpos estables que funcionan en las provincias o en la Nación, los trabajadores independientes de la danza podemos ocupar muy pocos espacios. Sí hay subsidios o becas del Fondo Nacional de las Artes, pero no son de este tipo.

- ¿Cómo se articula este proyecto con tus propias propuestas, más centradas en el flamenco?

- En lo particular, esta obra es una parte mía, una necesidad que tenía de hacer algo como esto. Es cierto que en los últimos años me volqué mucho al flamenco y cuando llegué a Tucumán encontré mucho espacio para poder innovar en ese género, pero me estaba faltando este lado más libre en cuanto a nuevos lenguajes. Mi búsqueda como creador es encontrar espacios donde me sienta cómodo y me ayuden a poder expresarme y decir lo que me pasa y necesito. El flamenco fue la herramienta que los últimos años me brindó mucho placer y disfrute; pero siempre tuve la necesidad de usar otros lenguajes. Hacerlo de esta manera, con este equipo y estas condiciones de trabajo, es maravilloso, un honor total en estas circunstancias. Me atrevo a afirmar mis formas de trabajo, porque entiendo a la danza como eso. Quiero que se siga profesionalizando al sector y seguiré actuando para ello. Se viene gestionando mucho para que suceda y es lo que decido hacer.

- Y esta concreción artística te refuerza en esa línea...

- Este proceso habla mucho de eso, es una reafirmación sobre las formas de trabajo y las de vincularse entre las personas con las que se trabaja. Con el resto del equipo coincidimos en que crear un ambiente sano para la danza es lo fundamental para que la imaginación y la creación puedan volar y realmente llegar a buen puerto.

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